Siempre queremos lo que no tenemos

Desde que somos renacuajos, el balón del otro es mejor. Su ropa es más chula. Cuando estamos solteros mataríamos por tener pareja. Y cuando nos casamos suspiramos por divorciarnos.

El ser humano siempre quiere lo que no tiene. O quizás haya un gen nuestro modificado genéticamente (tanta anmio no es normal :-D) que hace que la frustración se implante para siempre en nuestros cerebelos a partir de los 6 años.

Cualidad bien conocida por los publicistas para vender toda suerte de cachivaches innecesarios para nuestro día a día. ¿Un desatascador Wifi que se conecta por sms? Hecho. ¿Un abridor de cartas (¿¿) mp3 con vídeo y posibilidad de ver el mail? Para Reyes en casa. La ambición sintética nunca tiene fin.

No sé, igual es cosa de hacerse viejo. Lo de renegar de esas cosas, digo.

Yo cada día añoro más el mandar y recibir cartas en el buzón, por más que me tenga por un adicto al internet. Cada día odio más la 2.0 porque no es más que otro invento supuestamente democrático que no hace sino aumentar las visitas de los sitios (grandes, los peques aún nos mantenemos vírgenes) en base a refrescos de página, votaciones y apertura de comentarios, facilitando el trabajo y limando el riesgo de las noticias que mañana saldrán en papel. Un nuevo campo de ingresos publicitarios, ahora que la pasta de papel se tira un 20% menos que el año pasado.

Quizás, en el fondo, lo mío también sea una moda.

Y todo esto venía, sabe Dios cómo, pensando sobre el post de los desayunos de antes. Cómo íbamos a dejar pasar un verano sin comentar las últimas jugadas de nuestros amigos los hosteleros.…

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