La rubia desconocida

Ahora que tengo la cabeza en cien sitios es buen momento para hacer justicia personal y llevar la mente hasta la parada 101. Esta historia es real, y si no lo es acabará siéndolo. Porque todas las fantasías y ensueños acaban convirtiéndose en hechos veraces.

Paseando por mi barrio solía toparme con una chica joven, rubia, y en eterna sonrisa. Nunca supe aclarar si la sonrisa se la dedicaba a mi persona o era fruto de un vitalismo personal. Aunque intuía en sus ojillos un gesto de coqueteo.

La chavala, y sé que no lo dije aún, tenía en su cuerpo las consecuencias de alguna enfermedad muscular, lo que hacía que anduviera coja y con cierta descoordinación. Pero nunca fue relevante para esos paseos en los que nos cruzábamos.

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