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Categoría: Críticas de conciertos

Donostikluba: El momento más feliz

Intérpretes: Anai Arrebak, Reina Republicana, La Casa Azul, Dj Coco, Dj Goo. Lugar: Sala Gasteszena (Donostia). Día: 06 octubre 2012. Asistencia: unas 550 personas.

¡Qué maravilla de concierto! Pura felicidad. Siempre es un goce ver a La Casa Azul en directo. Probablemente uno de los mejores actos de música pop que se puede ver en nuestro país. Mimado a nivel visual, y excelente a nivel musical, la canciones de Guille Milkyway, la cabeza pensante de este grupo, son un gozo para los sentidos. Y es en directo donde su barroquismo sonoro explota. Sobre el escenario las mil referencias elegantes y lustrosas despegan y surcan el aire para nuestro gozo.

La actuación que cerraba el Donostikluba fue un broche genial para una serie de conciertos del fin de semana. Pop de calidad suprema, ahora en formato trío y con la misma eficacia que antaño. Las casi dos horas de show de La Casa Azul tienen espacio para los teclados guitarreros, las baladas (con espontánea mexicana incluída), el j-pop o el soul más brioso y sintético. Ideal para saltar, corear y sobre todo, contagiarse de felicidad.

Antes, en el arranque, Anai Arrebak intentó provocar al personal con su rock electrónico. Y Reina Republicana trajo desde Iruña su ‘indie’ de manual con chica al frente y homenaje a La Buena Vida. No fueron malos entrantes, aunque el plato principal fue tan maravilloso que hizo que los recuerdos iniciales se disiparan. La noche se cerró con una sala algo vacía y unos DJs bastante canallas y rockeros en su selección danzarina. Y una sonrisa en nuestra cara. Por el jubilo que nos contagió Milkyway. Y por un festival que sigue trayendo a Donostia algunas de las formaciones más interesantes del panorama popero.

Donostiakluba: Noches distorsionadas

Intérpretes: Naica, McEnroe, Fanfarlo. Lugar: Sala Gasteszena (Donostia). Día: 4 de octubre 2012. Asistencia: unas 350 personas.

A veces es una fiesta para los sentidos ver los pedales que usan los guitarristas. Todos dispuestos para cambiar los sonidos que emanan de los amplificadores. Cuando empiezas es un recurso para tapar las carencias. Luego, con el tiempo, vas adaptándolos para mejorar tus composiciones. Como sucede con las letras de las canciones.

En ambos casos, pedales y líricas, McEnroe son unos ganadores natos. Con esas canciones de, precisamente, perdedores profesionales. Con las amarguras de un pasado imperfecto, purificado a base de patadas emocionales. Su concierto fue uno de los momentos musicales de nuestro 2012.

Para unos tocaron pocas canciones del último disco, el genial ‘Las Orillas’. Para otros hicieron una buena selección de temas de todas sus épocas. Y casi todos confirmaron que la inédita que sonó (presumiblemente titulada ‘Holocausto’) fue un buen ejemplo de esa calma chicha que de un plumazo acaba en galerna sónica.

Sorpresa muy agradable también la de los locales Naica. Un pop ruidoso, a veces cercano al post rock, tocado con muchísima elegancia. Tienen canciones geniales, con un punto “indie USA” bien traído. Algunas de esas composiciones podrían haber sido de Arcade Fire o Mojave 3 a nada que las voces hubieran sonado menos secas.

A Fanfarlo le tocó bailar con la más fea. Sustitutos a última hora de los “emocionantes-pero-otra-vez-tendrá-que-ser” Verónica Falls, su música es viva y en ocasiones acertada. Pero hacer pop con un saxo nunca ha mejorado las cosas. Mirad Kenny G o Wham, por ejemplo. O cuando parecen musicar – y era una de las nuevas tonadas- la peli caribeña de Robin Williams. ¿Cuál era el icono de pánico en el Whatsapp? Pues póngame dos.

Bromas aparte, Fanfarlo funcionan bien en sala, tiran de oficio británico para hacer composiciones pegadizas. Y ahora les va el rollo alegre, lo cual es de agradecer. Pero veo difícil que nadie se lance a montar un blog (¿todavía se hacen?) impulsado por las emociones que le suscitan estos londinenses.

Hasta la puesta de sol fue preciosa

La noche del viernes tuvo actuaciones muy relevantes, como la que ofrecieron los suecos The Raveonettes.

Lo leerán una y mil veces. Y todas ellas estará bien escrito. El Festival que se ha montado en el Parque de Atracciones de Igeldo (Donostia) este fin de semana es una gozada. Organización perfecta, ausencia de colas, música en abundancia. Y todo mejora si acompaña el buen tiempo, como ha sucedido estos días. La gente joven -el único dinosaurio presente en la zona bien pudo ser este periodista- aprovechó el enfoque diurno del evento y no abandonó el lugar hasta su finalización. Aunque lo mejor no estuvo en el cierre, sino un rato antes, con la banda sueca The Raveonettes.

La formación compuesta por Sune Rose Wagner y Sharin Foo se echó un compinche a la batería y ofreció una primera parte del concierto absolutamente espectacular. Intachable. Maravillosa. Con ecos a las canciones los años 50. Unos sonidos pasados por el tamiz ruidista que catapultaron a la fama a grupos como The Jesus And Mary Chain. Cuando la melodía y la suciedad se alían en canciones tan redondas, el resultado es una gozada. Su segunda mitad fue menos impactante y contundente, aunque tuvo momentos casi catárticos.

The Whip fueron una de las más gratas sorpresas de la noche. Con una sonoridad cercana a nuestros We Are Standard, nuestra cabeza viajaba con facilidad hacia los gloriosos años 90: Happy Mondays, Stone Roses,… Poco importaba que todo, absolutamente todo, pareciera pregrabado. Los pies no paraban de danzar con su mezcla de pop y baile.

Maxïmo Park fueron los encargados de clausurar el escenario principal. Y, apena decirlo, no lo hicieron con honores. Su rock perdió fiereza sobre el tablado. En ocasiones por desajustes de sonido (el teclista las pasó canutas). Otras porque el paso de los discos les ha hecho perder arrogancia e ímpetu. Traducido: las canciones son más flojillas que antaño. Y eso no hay pinta de “gentleman” que lo salve, señor cantante elegante.

Amaral: La noche de los coristas

Y a la segunda fue la vencida. Amaral pudo por fin actuar en Zarauz tras tener que suspender a última hora su visita programada para la semana pasada por un virus estomacal que afectó a su cantante. Al segundo “round” de la cita pareció repetir todo el mundo, aunque la villa costera tuviera más actos musicales previstos para la noche del viernes. Unas 3000 personas – con unas vejigas dignas de los cabezudos, dado que apenas encontramos 3 baños portátiles en un recinto por lo demás muy bien dispuesto – se acercaron a la explanada zarauztarra para disfrutar de las canciones del dúo maño y su bien engrasada banda.

Pero vayamos por partes, que el artista invitado también tuvo su miga. El getxotarra MobyDick, ganador de un certamen celebrado en Facebook para ocupar este espacio actuante, fue el encargado de calentar el ambiente durante los primeros sesenta minutos de la noche. El, su guitarra acústica y su habitual vozarrón, esa potencia digna de Eddie Vedder (Pearl Jam) o Mark Lanegan, sonaron excelentes. Como siempre, vamos. Empezó suave y pausado para, con el paso de los chupitos de pacharán que se iba tomando, ir elevando sus composiciones hasta maravillar a los presentes. Demostrando que en los escenarios grandes su oferta es igual de magnífica que cuando le vemos en la cercanía de los garitos taberneros.

Jazzaldia 2012: El jazz del pescador

La fórmula no falla. Llega el fin de semana y la gente se echa a la calle para ver los conciertos gratuitos que el festival donostiarra ha programado en los distintos emplazamientos. Pero el buen tiempo o la gratuidad de la entrada no se bastan por sí solos para llenar espacios tan amplios. Hace falta ofrecer buenos alimentos. Y en eso el Jazzaldia sigue sin fallar.

Primero de manera física, con los distintos y concurridos stands de comidas -y bebidas- del mundo situados en la zona trasera del Kursaal. Y, por supuesto, de forma sonora. Porque el sábado a la noche hubo muchas ocasiones para el disfrute de los sentidos.

Genís Bagés Trío entregó una excelente sesión del jazz más libre en el escenario Coca Cola. Sus rápidos golpeos hicieron las delicias del numeroso público asistente. En el Espacio Frigo, Ray Gelato y su orquesta ofrecieron en el primero de sus pases (repetían ayer a la tarde) una sesión llena de elegancia y swing. Debieron quedar satisfechos, porque luego varios de estos intérpretes se dieron un garbeo por los bares de la zona.

En la Terraza Heineken los franceses Sofian Mustang congregaron a un buen número de gente. Su pop con trompetas fronterizas y aires festivos caló entre el respetable. Más que las cuatro gotas que cayeron en el concierto de Jonathan Wilson, realizado en el escenario principal. Su tercera visita (ya pisó la arena de la Zurri con la entente Dawes /Jackson Browne y volvió a principios de este año para telonear a Wilco en nuestra capital) fue la más acertada. Su único disco es un perfecto compendio entre la tradición californiana de bellas armonías y el folk más pausado. Y su defensa sobre el tablado, acompañado de unos músicos de aúpa y con largas composiciones que a veces se escoraban hacia lo sicodélico, resultó tan bella como sugerente.

Jazzaldia 2012: ¡Que divertida función!

Uno creía haberlo visto todo, o casi, sobre un escenario musiquero. Y llega nuestro Jazzaldia y acerca a nuestra ciudad a una pandilla de canadienses chalados con sus locos cacharros para interpretar, en clave de “me he encontrado esto por casa y suena”, las canciones de Tom Waits.

El resultado es una actuación original y divertida. Qué se puede esperar de unos mozos (y mozas) que se hacen llamar “La orquesta de los hombres orquesta”. Personajes que algunos de nosotros siempre hemos adorado por esa mezcla de autosuficiencia, creatividad y comicidad.

Siendo estrictos, solo uno de ellos, el que lleva la voz principal (la más mimética, más para reafirmar al autor original que para vivir bajo su sombra), mantiene la estampa clásica de bombo a la espalda y platillos en su cima. El resto lleva con honor la etiqueta, presentando nuevos usos a elementos que nos rodean en el día a día.

La elección del autor no es casual. Las composiciones arrabaleras y rotas del norteamericano le van como un guante a esta representación. Hay espacio para mil percusiones: baterías vocales y trampas de ratas, cojines o sartenes como elementos tañidos. Pero no vamos a detallar todos los cacharros que sonaron ayer en el Teatro Victoria Eugenia. Mermaría la sorpresa que se den quienes asistan al segundo turno, el que se llevará a cabo esta tarde en idéntico emplazamiento

La cita está repleta de ingenio. Y es muy teatrera, idea reforzada por el parón de 15 minutos que divide los dos actos. El escenario adquiere una pinta que bien podría ser una mezcla de un mercadillo callejero, algún escenario olvidado de la película ‘Delicatessen’ o el trastero de la casa de los abuelos. Sobre él, sin perder nunca el lado cómico, se interpretan temas del gran Tom Waits. Así, tras el arranque con ‘Rains on me’, fueron sonando algunas melodías conocidas: ‘Shoot The Moon’, ‘Jesus Gonna Be There’, ‘Cold Water’, ‘Barber Shop’, ‘Dirt In The Ground’, ’16th Shell’, ‘Underground’…

En total fueron casi dos horas de actuación bien gozada. La gente les despidió de pie, con una sonora salva de aplausos que hizo que volvieran para interpretar un bis en apariencia no previsto. No se ustedes, pero yo me imagino a los asistentes llegando a casa, cogiendo un par de dedales y probando a tocar una de sus canciones preferidas. Señores de la orquesta, espero que no hayan creado un monstruo.

Jazzaldia 2012: Pura elegancia bajo el sol

Náutico: Dícese del zapato ligero utilizado en ocasiones informales. Con suela de goma, este calzado se creó a principios del siglo XX. Como nuestro Náutico, el emblemático edificio de Aizpurua /Labayen situado en la entrada del puerto donostiarra, construído en 1905.

En sus terrazas públicas ya se han asentado las carpas que el Jazzaldia ha montado los últimos años. Espacio en el que DJs y bandas en pequeño formato amenizan las tardes a los numerosos presentes. Si acompaña el sol, como sucedió ayer, las vistas de la bahía pueden emplearse para dejar descansar la vista en el horizonte de manera inmejorable. De ello puede dar fe Hyperpotamus, el madrileño que actúa esta noche en San Telmo y que, refresco en mano, paseaba por el lugar.

Los náuticos llevan suela antideslizante. Quien sabe si para que el respetable no trastabillara sus bailes ante las músicas del neoyorquino Nickodemus, quien vino acompañado de un saxofonista. O por las energías desprendidas de las canciones lanzadas por los posteriores Dj Arka y DJ Makala (un hombre feliz tras haberse desfogado la noche anterior con su Jazz Funk Band en el Be Bop capitalino). Tonos cálidos y sabrosos, caribeños, latinos, africanos, brasileños. Latitudes de clima templado en las que suele ser habitual, acertaron, el uso de los zapatos náuticos.

Esta idea bautizada como ‘Nauticool’ se estira hasta el domingo. Y si en su plan de hoy está pasar por la zona, apunten al menos un nombre: DJ Punko. En la maleta de este donostiarra viajan algunos de los mejores singles de raíz negra. Si prefieren música interpretada en vivo y con aires jazzeros, Jazz Triangle puede ser la respuesta que buscan. O AupaQuartet, cuarteto de cuerda cuyos miembros forman parte de esos Et Incarnatus que acompañan a Antony en su cita donostiarra.

St.Vincent, Mursego: Autoras divergentes

Las fiestas del “Día de la Música” en Donostia tenían como plato fuerte la doble actuación de Mursego y St. Vincent. Dos formaciones nada habituales que cuentan con una chica al frente.

En el caso de Mursego (Maite Arrotajauregi) la suma de componentes humanos acaba pronto, dado que actúa en solitario. Y su compañía en esta ocasión fue más ligera y comedida: El chelo, su siempre fiel compañero digital que elabora loops sobre instantes que la eibartarra interpreta en directo, un autoharpa, unos palos infantiles, un xilófono, y poco más.

No importó. Los elementos nunca definirán el increíble arte de esta autora que no se apoya en los estilos musicales. Y Dios quiera que siga así, surcando los cielos creativos sin pararse mucho rato en ninguno de ellos. Porque una de sus mayores virtudes es conseguir transmitir esa supuesta informalidad, esa diversión. Como si todo fuera un juego (que se apoya en una formación clásica, ojo) que empieza y acaba atrapándote.

En esta ocasión, el firmante se quedó con los amores mostrados a África y el toque hiphop. Hubo muchos temas nuevos en una lista que sonó más sobria que de costumbre. Quizás el teatro influya en las composiciones elegidas, quizás a las nuevas les falte un par de giros. Quizás, quizás, quizás.