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Categoría: Críticas de conciertos

Lorena Álvarez, Manos de Topo: Sonrisa continua

Precioso y extraño el programa doble que el pasado viernes se subió al escenario de la moderna casa de cultura de Intxaurrondo. Lorena Álvarez y Su Banda Municipal por un lado, y Manos de Topo por otro, dos formaciones alejadas de los estándares, sorprendieron a propios y extraños y se ganaron los aplausos con merecimiento.

Lorena llegaba con dos socios a la percusión (ella toca la guitarra y canta) que tocaban, entre otras bombos y tambores, una botella de anís. Bebida que la dicharachera asturiana puso a mano del respetable. En lo melódico, su estilo musical es el folk tradicional de mercados medievales. Dicho así no parece gran cosa, pero maneja la chica un salero que enamora. En las letras se muestra ingeniosa y con buenos requiebros (lástima que las que más nos gustaron no podamos reproducir aquí por decoro). Y entre canciones tiene respuesta para todo. Como la propia autora dijo, afirmando saber euskera, “Gora Lorena Álvarez eta Su Banda”. Un encanto de concierto.

El de Manos de Topo fue algo más serio, que ya cuentan con tres discos y una fórmula bien rodada. La cita donostiarra sorprendió por la belleza de unas canciones pop muy bonitas que ganan sobre un tablado. Un salto guitarrero que ya dieron acertadamente en el recomendable “Escapar con el anticiclón (y volver con la boca roja)”, su última publicación. Repasando ese y anteriores trabajos, el quinteto sonó muy conjuntado. Eso hizo que la histriónica voz de su cantante (su característica más relevante) quedara mejor, más empastada, que en los CDs. Así, con paseos medievales y líricas de enamorados perdedores, nos quedó una noche en la que no nos pudimos quitar la sonrisa de la cara en ningún momento.

Antònia Font: Atractivo endógeno

Exactamente 63 meses después de su última visita a Donostia (14 de noviembre del 2008), la banda mallorquina repitió presencia, enfoque musical y buen regusto final. Y es curioso este último punto, el referido a las papilas musicales.

El recital llegó hasta las dos horas y dejaron la sensación de que se había hecho corto. No hubo nada especialmente destacable. Por no tocar, no tocaron ni un punteo en ninguna canción. Y cantaban en catalán/mallorquín, que es como el castellano pero no. Media sala –de la extrañamente pobre entrada- dominaba dicha lengua, a tenor de los trozos coreados. Menos mal que no hubo partido del Barcelona, porque sino estábamos el camarero y 3 perdidos. Bueno, de esas también veremos en la ametralladora de conciertos que nos agujerea la agenda últimamente.

Descubriremos su secreto: Los temas pop de Antonia Font tienen un precioso atractivo endógeno. Ellos, que ya conseguían aplausos antes del boom “Manel” y, a la espera del segundo disco de los catalanes, seguirán recibiéndolos por muchos años, componen que es un primor.

Neil Halstead: Desarmados

Si el arranque de la temporada del Kutxa Kultur Zirkuitua va a ser como este pistoletazo inicial, vayan comprando el abono completo. El triple cartel fue una maravilla para quienes ven en las cosas pequeñas la mayor de las felicidades.

El corte de cinta le correspondió a la eibarrera Jojo Acha. La dama, aún plena de belleza amateur, desprendió unos amores por el folk de los años 60 a prueba de cualquier artilugio de las armerías de su localidad. Síganle la pista, será una fuente de alegrías futuras.

Tras ella llegó Matthew P. Un tipo divertido y con buena técnica a la guitarra que logró llevar con éxito el concepto de “concierto de pub” a una imaginaria playa. Mostró canciones arrebatadoras (“End of the world”) y otras de abrir la botella con los dientes.

Y llegó el exquisito Neil Halstead. Tras un accidentado día que incluyó robos de pasaportes, llegando sobre la bocina y sin hacer prueba de sonido, el británico y sus dos socios se sentaron en los taburetes y arrancaron su actuación. Lo que pasó a partir de ese momento fue mágico.

Tiene Halstead la habilidad de transmitir como pocos. Una voz (y un tono) tan simple como conmovedor. Con unas canciones preciosas y emocionantes, tan celestiales que la comparación con Nick Drake no suena excesiva. El cantante de Mojave 3 desprende una calidez que desarma, sin un estribillo más alto que el otro. Todo ello con una envidiable naturalidad, pidiendo a la gente que eligiera temas en cualquier momento de la velada.

Al final del concierto y su posterior bis una frase se escuchaba entre los asistentes: “¿Ya?”. Pareció un show corto, de pocas canciones. Pero no era cierto. Fueron 90 minutos de actuación. No se me ocurre ejemplo más claro para resumir la grandeza del momento tan especial que vivimos.

Lurrazpiko Festa: Vive el underground

Sin ánimo de sentar cátedra, que me faltan kilómetros e ínfulas. Y con todo el respeto a los eternos combatientes de garitos como el sonoro Mogambo, el de Trintxerpe. Pero lo que el sábado discurrió en la sala Gazteszena de Egia, el llamado Lurrazpiko Festa, ese vendaval de bandas que nos resguardaba del temporal climático que sucedía en el exterior, fue todo un ejemplo de lo que es o debería ser la independencia. Creativa, se entiende.

Porque indie es dejarte las manos aplaudiendo a una de las propuestas más cercanas. Violeta Vil, afincados en Logroño, ofrecieron un concierto sublime. En su tercera visita actuante a la ciudad (su estreno como banda se realizó un Jazzaldia ¡en una de las tiendas del Kursaal!), sus nuevas canciones suenan a gloria. Si como tal consideras la música oscura, las voces bien regadas de reverb y delay, la electrónica con gran peso de la percusión – y a la vez poco discotequera- o los guitarrazos a lo Jesus And Mary Chain. Han conseguido un sonido compacto y certero. Una pena que por problema ajenos su disco de debut aún no exista físicamente, porque hubieran aligerado la furgoneta de vuelta a La Rioja.

Disfrutamos mucho de la sesión rockera de Sonic Trash. Los bilbainos llevaron a su terreno el cancionero de otros ilustres del underground, Cancer Moon, dotándolo de una vida “noisy” melódica. A ratos parecíamos volver a los 90, cuando Sonic Youth y los suyos nos enseñaban cómo unir suciedad y tonos bonitos. Pero el viaje sónico no tuve ningún achaque nostálgico. Fue puro gozo guitarrero.

PLV Havoc, HATEM: Reconversión

Intérpretes: PLV Havoc, Hola A Todo El Mundo. Lugar: Casa de Cultura de Intxaurrondo (Donostia). Asistencia: unas 250 personas. Fecha: 26 de enero del 2013.

La nueva Casa de Cultura de Intxaurrondo juntó la noche del pasado sábado a dos formaciones que bien podrían caracterizarse por la mutación que han sufrido sus propuestas. PLV Havoc y Hola A Todo El Mundo ofrecieron nuevos matices a su cancionero, ya sea por el lado de la interpretación (caso del donostiarra) o de la composición.

Havoc, ya completamente entregado al cantar en castellano y tan tremebundo como siempre, salió acompañado de un teclista que también le echaba una mano en los coros reverberados. Juntos ofrecieron momentos cercanos a la oscuridad de los años 80, alguna base más potente y muchas ganas de ofrecer una velada diferente y seductora. La aventura será temporal -pronto grabará nuevo disco a banda completa-, pero el momento fue atractivo por el repertorio y, en líneas generales, por la ejecución.

Tras ellos, la banda madrileña HATEM pisaba de nuevo nuestra capital, aunque algún despistado bien podría haber afirmado que estos no eran sus melenudos. La mutación que han sufrido con “Ultraviolet Catastrophe”, su último CD, les ha llevado a terrenos más vaporosos, menos hippies.

Aunque sigan tirando de épica casi post-rockera en algunos pasajes, el ahora cuarteto, con un juego de luces simplemente espectacular, navega ahora por mares más electrónicos y comedidos, cercanos a Cut Copy pero sin llegar a desparramarse, ofreciendo sobre el escenario donostiarra el lado conciso de un disco que presenta mil capas. Y tras una hora y sus bises de rigor se fueron dejando un buen sabor de boca.

Ty Segall: El concierto del año

[El texto publicado fue algo más breve debido a cuestiones de espacio. Aquí va la crónica completa]

A veces ocurre. Uno se olvida de tomar notas para luego recrearlas aquí. Se queda ojiplático, sorprendido, ante la maravilla que aturde sus sentidos. Y se dejar llevar. No suele ocurrir muy a menudo, pero cuando pasa, es el gozo absoluto. La última vez – y la primera en mucho tiempo, el titular no es exagerado- ocurrió el pasado jueves, en el concierto que Ty Segall y sus secuaces ofrecieron en la donostiarra sala Gasteszena. Cita que estuvimos a punto de perdernos con motivo del fallecimiento ese mismo día del padre del cantante y guitarrista principal.

No exteriorizó sus sentimientos el autor. Así, asistimos a un evento a banda completa, un programa mayúsculo en nervio y originalidad. Término complicado cuando se notan, se mastican y se palpan las músicas que influyen en este norteamericano. Garaje, sicodelia, fiereza guitarrera evocando a The Stooges, sonidos dignos de Smashing Pumpkins y los Cramps, cabreo “grunge” a lo Mudhoney, progresiones que recuerdan a los Pixies, melodías tremendas y voces bien filtradas de efectos. Todo efectivo, y nada efectista (salvo el bis, una especie de cachondeo hacia ese heavy clásico que en el fondo tiene cierto peso en sus composiciones). Como sucede con la película “Holy Motors”, es algo que por mucho que intentemos explicar no llegaremos a abarcar en toda su deliciosa amplitud. Uno de esos momentos que más tarde se evocarán al escuchar el vinilo o el casete que compraste en el poblado puesto de merchandising.

Con la veintena de años aún fresca, Segall tiene más referencias que toda la discografía de Mocedades junta. Empieza a aparecer en las más primerizas listas de lo mejor del año en ciernes con su última muesca, “Twins”. Irrumpe con fuerza y justicia. Porque pocas veces gozamos de este rock tan asentado y a la vez original. Impactante, recio, directo y a la vez muy asequible para todo tipo de oídos. Si, parece algo contradictorio, pero no fui el único boquiabierto en la sala. No descarten –en ocasiones hay que dejarse llevar por la emoción- que acabe convirtiéndose en algo tan popular como White Stripes.

Y como Jack y Megan White, con la única compañía de una batería y una guitarra, se presentaron los corajudos teloneros. Mushroom Caffeine llegaban de Hondarribia para demostrar, una vez más, que en el Bidasoa se orquesta la mejor música de Euskadi. Formado por antiguos miembros de bandas de referencia (The Illusions), el dúo se basta y se sobra para ofrecer el enésimo soplo excitante de nuestra música. Si no ficharon aún por el sello Bidehuts debe de ser porque el bolígrafo se quedó sin tinta.

St Etienne: Pasarela Pop

Interpretes: The Cabriolets, St Etienne. Lugar: Museo Balenciaga (Getaria). Día: 17 noviembre 2012. Asistencia: unas 800 personas.

En una nueva cita musical en el Museo Balenciaga, una obra de arte en sí mismo, las bandas Saint Etienne y The Cabriolets llenaron el aforo con sus distintos puntos de vista del patronaje melódico.

Empecemos por los teloneros, The Cabriolets. Capitaneados por Bimba Bosé, sobrina de Miguel y artista poliédrica, defendió su pasión a los micros mostrando menos fortuna – o más desenfado, según se mire- a la hora de elegir ropajes. Su arriesgada combinación, una atrevida versión del vestido que Ana de Armas presentaba en el suplemento ‘Hoy Corazón’ y una invitación a que Balenciaga se removiera ligeramente en su tumba, hizo las delicias de los seguidores de las tendencias más atrevidas.

En lo musical la oferta sonó similar a la defendida por la actriz Juliette Lewis. Una colección de puntadas rockeras que se deja escuchar y anima el cotarro, pero por ahora no parece asegurarse un lugar en nuestro reproductor musical.

Un espacio sonoro hogareño en el que no suelen faltar las colecciones sonoras de Saint Etienne. Grupo elegante por varias razones. Sarah Cracknell, su cantante, es una de las más estilosas personas que pueden pisar un escenario en el Balenciaga (la otra sería la donostiarra Teresa Iturrioz, del grupo Single, formación que actuó en este museo el pasado verano). Sin olvidar a Bob Stanley, uno de los dos chicos encargados de los sonidos pregrabados de esta formación británica. Cada recomendación suya – y en internet abundan- es una oda al buen gusto.

Como la banda no da puntada sin hilo, en la cita guipuzcoana sonaron algunos (pocos) temas de su último disco ‘Words and Music’ y, sobre todo, canciones geniales que, lejos de la difusión industrial, han encontrado acomodo en nuestros armarios ‘indies’. Es el caso de ‘He´s On The Phone’ o ‘Nothing Can Stop Us’. Una pena que la brillante ‘You´re In A Bad Way’ se cayera de la lista.

A nivel sonoro despistaron los toques clásicos y distinguidos de sus temas para ofrecer una actuación enfocada a la pista de baile. Bombos ligeramente más altos y ese toque sintético que se suele desprender de los sonidos grabados fueron el fondo en el que se apoyaron la bella voz de Sarah Cracknell y la de la corista Debsey Wykes (cantante de Dolly Mixture y Birdie). Tras una hora de concierto, la formación paseó por el museo de Getaria sacándose fotos con todo aquel que deseara inmortalizar la visita.

Nada Surf: Como una ola

Intérpretes: Correos, Ezra Furman, Nada Surf. Lugar: Sala Gasteszena (Donostia). Día: 24 de octubre del 2012. Asistencia: Lleno, unas 550 personas.

Y al final fueron tres. Al doble cartel de Correos y Nada Surf se pegó la presencia del andrógino Ezra Furman. Un fan de David Bowie y Lou Reed digno de aparecer tocando en alguna peli grunge tipo “200 cigarrillos”. Antes, los donostiarras Correos, vestidos como si tocaran en un igloo, demostraron sus buenas maneras bailongo rockeras. Amantes de las progresiones largas, el cuarteto ofreció un concierto impecable.

Y Nada Surf -con un invitado especial, Doug Guillard, guitarrista de Guided By Voices- encandiló a sus fans con un concierto de dos horas de power pop (con más de lo segundo que de lo primero ). Vale, hubo algunas canciones dignas de Brian Adams o “Anatomía de Grey”. Pero nadie se movió hasta la barra en toda la noche, así que despedimos con honores al trío estadounidense. Al acabar posaron para fotos y repartieron besos. Y hubo quien les pidió una firma en los botellines de agua que los músicos se acababan de beber. Benditos fans.