Creo que lo más bello que se puede decir de una película documental que va sobre un artista musical es que trasciende y llega mucho más lejos. Hasta el pateado corazón de los generalistas y ”señoras del príncipe”. Damas que en la sesión de ayer desmenuzaban «Amy (la chica detrás del nombre)« como si fuera un thriller. O una telenovela.
Tampoco es que la historia cubriera las peripecias de un artista maldito, como ocurrió con Rodríguez. Amy Winehouse fue una chica muy conocida, sobre todo entre los seguidores de los tabloides ingleses y los programas de cotilles anglófilos. La suya fue una vida azarosa y muy bien cantada (impresiona la voz de Amy, desde el principio hasta el final) y tan contada que digamos lo que digamos no vamos a soltar ningún spoiler. Sería como añadir un detalle que destripara el final de La Biblia, o casi.