Accidente cardiovascular

Nadie repara en la creatividad de las sirenas de emergencia. Máxime cuando suenan por él.

Estoy tumbado en el suelo de un bar. Veo el techo, del que parece colgar una lámpara de lágrima compuesta de varias cabezas. Algunas conocidas. Qué maravilla. ¿Cómo habrán hecho para que en vez de una vela eléctrica haya la cabeza de un colega?

“Rápido, una vía”. Imagino un Alvia queriendo llegar a Donosti, apelotonado en una cola eterna de AVEs de rapiña. Vaya, parece que el golpe contra el suelo ha sido fuerte.

Un collarín rodea mi nuez. Y una camilla acomoda mi espalda. El viaje a la ambulancia se hace rápido, por más que sean fiestas y las calles estén a rebosar.

Llegamos a urgencias. Me han debido reconocer, paso directo a un box. Pruebas, sangre, scanner, tac, saltos a la comba, air guitar, dibujos impresionistas. Paso todas las pruebas cum laude. “En 48 horas estará usted perfecto”. Sonrío pensando que me van a estirar un poco la piel y quitarme esos kilitos de más. A ver si se han equivocado y me han acabado llevando a la Betty Ford…

Que no se me olvide preguntar por lo que me han medicado. Mola bastante.

Duermo inquieto, a ratos, con cierta ansiedad por más que la habitación esté en silencio. A la mañana llegan los desayunos, las visitas de las enfermeras y , al final, la doctora. Con gesto serio pero tranquilizador me dice el diagnóstico. “He hablado con los camilleros y testigos, y tras ver los resultados de los análisis puedo afirmar que usted ha tenido un accidente cardiovascular. No hay mucho tratamiento para ese mal, que le afectará al sueño y al habla. Quizás coma menos. Y se verá nervioso. En ocasiones sufrirá inesperadas subidas de tensión. La única solución que le puedo recetar es volver a hablar con esa chica que se lo provocó. Y quedar con ella.

Re cuerdo

Unos guardan ositos que les recuerdan a la infancia. Un gran detalle, salvo si son haribos. Y estos se solapan a un bolsillo a la hora de hacer las lavadoras. Durante 13 años.

Los hay que se hacen tatuajes. De anclas que son barcos que son nombres que son gatos que son espadas que son dragones que son mazmorras que son nombres. Lo que empieza siendo un detalle acaba siendo un mapamundi. Por fascículos.

Algunos recuerdan sus mejores momentos con las fotos. Imágenes que suben a internet y luego caen el un mar de momentos. Es casi más dificil encontrarlos en el móvil que en la cabeza. Les ponen etiquetas que luego olvidan. Les ponen filtros que pintan. Les ponen nombres que pasa el tiempo y abochornan como el sol de julio.

Otros se compran camisetas en las que no van a caber dentro de 3 modas.

Los hay que guardan recortes, no se sabe bien si para recordar o para cuando la crisis apriete crear mensajes con letras sueltas pidiendo un rescate (a un rico, o a Alemania directamente. A todo Alemania. Hacer cartas para todos los habitantes de Alemania. Ir al censo y pedir todos los nombres de los ciudadanos empadronados, y mandarles una postal de rescate. Con letras recortadas.)

A mí me gustó Avatar.

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El contenedor rojo

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Gente llana, y muy aguda, ergo esdrújula

El festival Kalegorrian (“en la puta/misma calle”) siguió ocupando pavimentos para darles un inmejorable uso musical. Una de las citas de este finde fue en zarauz, urbe que por unas horas fue más activa que Berlín. En su cine echaban el docu de Creation (sello, no grupo) y Petti tocaba en el gaztetxe. Nosotros nos plantamos en la tercera parada, la «callejera», la que unió a Lorena Álvarez y Mursego. Cita prevista bajo la relevancia de una carpa y la cercanía de un bar que tuvo que celebrarse en el pórtico ligeramente decorado de una ikastola. Lluvia obliga en el norte.

Poco importó que fuera la tercera aparición seguida de Maite Arroitajauregi (la semana anterior con unos Lisabos para homenajear a Mikel Laboa, y la anterior con H Cano para musicalizar Oportos). La “sala” se llenó hasta dejar gente fuera del tejado cubre-chaparrones. Las primeras filas fueron ocupadas por niños que flipaban con los usos del loop, infantes que buscaban el origen de esas voces que se iban solapando. Algo más atrás había un muchacho de 11 años que miraba a la gente como buscando la confirmación de que aquello que estaba pasando era normal, que no eran voces de su cabeza ni la antesala de una noticia de «sucesos» . Esa es Mursego, quien en Zarauz supo explicar a los nenes de qué iban sus canciones de una manera tan directa que a los mayores nos sonaban también a ironía (véase el caso de ese celebrado “eusnob”, tema maqueado para la ocasión).

La eibartarra/donostiarra presentó un borrador con muy buena pinta de una de sus etílicas colaboraciones con Cano , invitó a Lorena Álvarez a tocar con ella de manera improvisada – e interpretar juntas una SOBERBIA canción de Kaxiano-, recordó a Victor Jara e hizo a capella una de Los Chunguitos (cuyas letras solía escribir, agárrense, Leonardo Dantes). El dichoso cambio del que hablan ustedes estos días como si fuera un nuevo amanecer ya lo hizo hace años,y sigue haciéndolo, gure Mursego. Sin un loop más alto que el otro, con instrumentos de andar por casa y mucho solfeo juguetón en sus entrañas.

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