Desdecimos a Proberto, que afirmaba segun el libro de las lamentaciones que tocaria descansar al septimo dia. Yo no llego a tanto. Van 48 horas en la capital, y ya tengo las piernas como El platanito tras cruzar el Estrecho 3 veces. O Peor.
Siempre llego a una ciudad pensando en que voy a leer y mirar por la ventana e inspirarme para hacer un disco triple, aun no se si de freno de coche o puramente sonoro. Ahora estoy en un ciber Buchenwald, de esos de 300 ordenadores seguidos rollo super intimo total.
Anoche, que aqui es a partir de las 4 de la tarde, me di varios paseos buscando garitos donde hubiera musica en vivo. Encontre uno tan rarito que ni los dependientes ultrafelices del Fridays (cadena de hamburguesas en cadena) conocian.
Se llamaba The Mills y era un sitio realmente alucinante. Una cava (si, manoukian, una cava!) esculpida en la piedra, aprovechando un viejo edificio. Lo montaba la cerveza Miller, que como todas las birras malas monta cosas interesantes. Creo que es una formula proporcional. Si la birra es buena, no hace falta patrocinar nada, no?