1.- Es en Madrid. La cuna de la libertad. Y de los airbnb, bueno, vale. Pero también hay restaurantes libaneses. Sin bombardear aún, aunque por si acaso no se lo digáis a la Presidenta. El popfest es el mejor museo «pop up» de la capital. Primero porque es puro pop. Sin aditivos. No ves un autotune ni en la tienda de segunda mano. Una forma popera (que no pepera) pura, sencilla, y siempre muy feliz. No ha pasado un grupo bajonero nunca jamás por las distintas ediciones de los distintos organizadores. Y eso, hoy en día, vale oro.
2.- Es Pop. Ya lo hemos mencionado ahora mismo, pero es que hay más. Pero te tienen que gustar las sorpresas. Es probable que no conozcas a todos los grupos. También es probable que no conozcas a casi ninguno. Pero como pasa con los templos (Dabadaba, por ejemplo), salir en ese cartel es un sinónimo de calidad que no lo da la ISO, bro. No ha habido edición en lo que no haya salido flipando, rollo “buah es mi grupo favorito de la vida” con al menos dos formaciones del cartel de ese año.
3.- Es fest. No de esa, de la otra. No hay luces raras, no hay bombos locos como los que escuchas en spinning. No hay gente borracha que pueda sobrepasarse (más allá del protocolo, es un sitio muy seguro, lleno de gente maravillosa. Y borrachilla, vale, pero fantástica). A la gente se le ve la cara. Y las canciones MANDAN. Hay indie pop al que nadie en la tierra puede quitarle la proscrita etiqueta. Y nada de mierdas de tardeo, aunque fijo que hay petardeo.
4.- Es autogestionado. Ellos y ellas ponen su dinero, su tiempo, su riesgo y su investigación para conseguir lo que más puede molar del mundo – y aún no haya pisado el festival-. Siempre grupos jóvenes, frescos, sinvergüenzas. Si mirar la paridad, aquí se ve la calidad y eso se cumple sin historias. También tienen conciertos mañaneros, de mediodía, con otras joyas más calmadas a las que atender de una manera u otra más despistada. Y te tratan como si fueras una estrella. Si tocas, y si asistes. Hay más alegría que en un campamento, indie, de Heidi. Suena irreal, pero pasa una vez al año en Madrid.
5.- La gente asiste callada a los conciertos. Bueno, no, no todo iba a ser perfecto. Te buscas tu hueco delante, que desde el fondo tardas 9 segundos en en llegar, te haces un hueco entre las calvas y allí te plantas a bailar y lanzar esa sonrisa tuya tan bonita al mundo. Además, no va a sonar ni Izal ni Love Of Lesbian en la p vida. ¿Qué más quieres?