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Categoría: Críticas de conciertos

Delafé y Las Flores Azules: Hippy-hop

Confetis. Globos. Manos en alto. Bailes sincopados sobre el escenario. Los catalanes Delafé y Las Flores Azules (perdieron al ‘Facto’ que iniciaba su denominación, el tercer miembro oficial, hace un tiempo) ponen todo de su parte para que sus actuaciones sean una fiesta contagiosa. El llenazo de la sala donostiarra en la que actuaron demuestra que su propuesta musical tiene un tirón que muchos de nosotros no le presuponíamos. Sí que imaginábamos una asistencia elegante, pero jamás semejante aforo. ¡Ni a fumar salía la gente, completamente concentrada en el espectáculo!

¿Y que ofrecen estos barceloneses que el año que viene cumplirán un lustro de vida actuante? Música agradable y evasiva. Simpática y, si me apuran hasta ponerse picajosos, trivial. No en la ejecución, entre bases pregrabadas -la explicación del sampler no era del todo necesaria- y muchos músicos de gran nivel ejecutante. Sino en el concepto, las letras, el aura, o como quieran llamarlo.

Los menos iniciados se atreverán a llamarlo hip-hop optimista con gotas de soul y pop, todo como muy soleado y alegre, al estilo del ‘Drinking in LA’ de Bran Van 3000, con el brillo de los anuncios de la televisión (fueron el fondo de un spot de El Corte Inglés, y podrían serlo de otras cincuenta publicidades) y los libros de autoayuda.

Aunque los chicos de extrarradio se removerán en sus micrófonos ante tamaña definición, sí que tienen ese punto rapeado a la hora de cantar, fraseando él -Oscar D’Aniello- y modulando algo más ella -Helena Miquel-. Son fieros como un oso de peluche. Y fusilan con respeto y sin miedo, bajándole el tempo, a los Flaming Lips, mientras recuperan el famoso lanzamiento de papelitos e hinchables que los norteamericanos acostumbran a presentar en sus shows.

The Pains Of Being Pure At Heart: Un resultado injusto

Intépretes: Dotore, The Pains Of Being Pure At Heart. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Día: 21 Noviembre 2010. Asistencia: Unas 150 personas.

Será por el fútbol. Porque era domingo, y ya estamos con el síndrome de la semana laboral. Quizás porque algunos de los intérpretes estuvieron gratis – al precio de la entrada me refiero- en el último Jazzaldia donostiarra. O porque el ticket ahora costaba 20 euros. Puede que fuera porque llovía sin parar y daba coraje ir al barrio de Egia. O porque la abuela fuma (hasta el 2 de enero, claro, que luego no saldrá fuera porque hace frío). Pero la asistencia al concierto del pasado domingo fue un poco impropia de una urbe supuestamente inquieta.

Bueno, “el fútbol es así” y “el público es el que paga y siempre tiene la razón”, pero en el fondo la gente se pierde conciertos impepinables de principio a fin. Con unos donostiarras, Dotore, haciendo música tan emocional como pasional. O esos The Pains Of Being Pure At Heart amantes de las bebidas locales – kalimotxo, para más señas- y el pop independiente de los 80-90 del siglo pasado.

Y no pudo haber telonero mejor que Dotore, que edita sus discos en la cariñosa disquera donostiarra Cosas Primo (punto com). En un delicioso formato trío de guitarra, chelo y batería, la banda capitaneada por el guipuzcoano Pablo Martínez se abriga en el folk eterno y hogareño. Ese que se toca con afinaciones paralelas y vive en la melena de Nick Drake. El mismo que sabe mantener la tensión baja entre susurros, arpegios y ritmos de batería moderados en el golpeo. Un pop tan íntimo, tierno y familiar que se torna invitado de cama o se le pone tenedor y cuchara a la hora de servir la mesa.

The Drums: Nadie lava más blanco

El Humilde fotero del pánico
Autor: El Humilde fotero del pánico

Mil grupos nuevos al mes, enterrando a los del semestre pasado y encumbrando a los del año que viene. Cada uno con su single y su book de fotos. Una agenda de eventos diseñada por un ubicuo de economía asentada. La máquinaria musico-promocional, esa que cambió ‘venta de discos’ por ‘venta de imágenes en vivo’, viaja pasada de revoluciones.

El último de sus exitosos ejemplos (agotó el taquillaje) aterrizó el pasado martes en la sala Gazteszena de Donostia. The Drums y sus colegas teloneros movieron sofás y agendas personales, haciendo que buena parte de los asistentes descubriera la deliciosa sala el día de su concierto.

Noveles y perros viejos conformaron una audiencia que espero no sea un fiel retrato de la actualidad. Un ejemplo. Cuando la banda principal acabó su tema más famoso, el silbado ‘Let´s Go Surfing’, la respuesta fue más bien gélida.

Quizás pensaban estar asistiendo a un estreno del Zinemaldia. No andaban desencaminados. Las actuaciones de los Drums parecen DVDs en directo. Si eso es bueno o malo lo dejo en manos del lector, yo solo busco hacer un retrato: Una imagen perfecta y un sonido tan contenido y filtrado que parece un playback. Increíble lo de la voz principal, sonando exactamente igual que en el disco.

También cuentan con unas canciones a las que, por todo lo anterior y un poquito de flojera compositiva, cuesta un horror engancharse. Es todo tan pulcro y tan limpio que parece casi falso. Bueno, puede que en el fondo formen parte de otro mercado más masivo y distraído. El mismo que agotará taquillaje en la visita de la siguiente banda del momento.

Antes del cuarteto norteamericano hubo tiempo para otras dos bandas: Two Wounded Birds parecían directamente sacados de una revista de moda, y practicaron un surf-pop-punk aún en fase embrionaria. Normal si tenemos en cuenta que solo tienen un single. Y mejor obviamos la presencia de Patrick Cleandenim, una especie de enterrador vestido con un sombrero de Tio Pepe que pasaría algunas rondas en el concurso de imitadores de Marc Almond.

Laetitia Sadier, Mice Parade: Bien, pero menos

El Humilde Fotero del PánicoComo en aquellas cenas románticas patosas, los perfectos preparativos acabaron a zurdas.

De los tres cubiertos que proponía el menú musical de Gazteszena, el entrante acabo siendo lo más disfrutado. El primer plato fue bastante flojeras y la fiesta final engañó a la vista pero no al gusto.

La noruega Silje Nes, sin ser nada del otro mundo, batió al resto de contendientes con mucha sencillez folkie y gran belleza corpórea y creativa. Su oferta global fue enamoradiza y cándida, digna y recogida. Más que de habitación, aquello era pop de zulo, estilo que trabajan a las mil maravillas por el Mar del Norte.

Más ganas había de Laetitia Sadier, la ex vocalista de Stereolab. Y por eso fue más dura la caída. Con una guitarra literalmente del revés (diestra pero tocada con la izquierda, sin cambiar la disposición de las cuerdas), nos acordamos en demasía de los aciertos de su antigua banda eléctrica. No fue una cita horrorosa, pero por más que besábamos la rana ésta no se convertía en príncipe. Sólo el arranque y el final de su corta actuación fueron dignos del aplauso sincero.

La noche se cerró con unos Mice Parade que tocaban tan bien, de manera tan pulcra, que parecíamos estar asistiendo a la grabación de algún DVD de enseñanza musical. Ya saben, ejecutaban de maravilla mil palos distintos: Cumbia, el Santana más onanista, pop, rock, new age, flamenco, post rock.

Exceptuando la soberbia actuación del batería Doug Scharin, el resto de profes mostraron sus votos para ser carne de escenario paralelo en el próximo Jazzaldia donostiarra, más por apertura de miras y capacidad de entretenimiento que por calidad -de eso iban sobrados-. En disco, eso sí, suenan mucho más certeros.

Donostikluba: Bellas almas en pena

Deliciosa noche la del viernes en la capital guipuzcoana. En lo climático, con ese torbellino de aire sureño que volvió a permitirnos las chancletas. Y en lo musical, con un plantel acústico inigualable en el que dominaron los sonidos acústicos e íntimos.

El donostiarra The Indio, en su tercera aparición en público, subió al tablado nervioso pero muy centrado en lo musical. Canciones folk (el estilo que predominaría durante toda la noche con internadas en el pop más personal) que a veces nos llevaban de la mano hacia el sufrimiento lírico de Bonnie Prince Billy.

Pudo fallar algún arpegio, algún golpeo, quién sabe si un acorde o entonación. Pero no dejaremos de aplaudir esta vertiente del festival Donostikluba, la que permite a los cachorros de nuestra Zubieta melódica debutar en el Anoeta escénico. Y más si son tan interesantes como este indio. Porque, en pocos años y con paciencia, puede que sea nuestro Damien Jurado, el siguiente en la lista de actuaciones del pasado viernes.

Llegaba el norteamericano Jurado sin más compañía que su guitarra acústica y dos micros, uno normal y el otro bien elevado de reverberación, con esas pintas de redneck del Tea Party y un último disco excelente en composiciones y arreglos. Detalles que solo echamos en falta en la soberbia ‘Cloudy Shoes’. El resto de la velada fue un alma en pena abierta a un auditorio que supo mantener el respeto y el silencio ante canciones que bebían de las directrices de Neil Young y toda la escuela que surgió a partir de Bob Dylan.

Cerraba la noche el españolizado Josh Rouse y sus colegas acústicos, uno al contrabajo y el otro socio gafapasta a la guitarra de apoyo. Una especie de jazz band callejera dedicada al pop de interiores. Mentiría si no dijera que en más de un pasaje nos recordó a Gordon Kano y sus Violent Femmes en estado de gracia absoluta, cercano y emocionante, dulce y paralelo a nuestros biorritmos.

Su castellano -vive en Valencia desde su último enamoramiento- superó las previsiones iniciales y dignificó las incursiones que otros compatriotas han realizado en nuestra lengua. Cerró con un bis de gran belleza sonora realizado a pie de escenario y sin apoyo eléctrico. Más de uno tuvo ganas de abrazarle para darle las gracias por sus canciones y su interpretación.

Donostikluba: Pop prêt a porter

¿Así que la modernidad era esto?», se preguntaba un asistente joven y canalla tras el concierto de Single en la sala Gazteszena, entre sonrisas más o menos abiertas del resto del corrillo. Entendía la razón de ser de la frase, aunque mentalmente puntualicé algunas de las aristas del enunciado.

El grupo de Teresa Iturrioz e Ibon Errazkin, donostiarras, miembros de aquellos Le Mans, nunca ha vendido humo de ‘arte y ensayo’. Sus composiciones en los 90 han sido algunas de las joyas que con más orgullo paseábamos entre los Erasmus.

Ahora, con el nombre de soltera, todas las músicas del mundo se han metido en una thermomix dando como resultado una fiesta que, si bien en disco sigue sonando única, en directo llega a tocar con las yemas de los dedos el concepto de ‘performance’. Y no es por la peluca beatle de Errazkin. Ni por los 4 trajes de pop pret-a-porter que Teresa saca durante el concierto. Eso sería demasiado fácil y gratuito. Y en Single nada lo es, aunque a veces pueda parecerlo.

Con un arranque y un final perfectos, es en la zona media de la velada cuando la cosa se pone más delicada. Defendiendo ‘Monólogo Interior’, su último disco. Con esos pregrabados ‘vintage’ que rehuyen de la fiesta de los detalles que son sus discos. O las versiones (mejor la progresiva ‘Vamos a casarnos’ de Hidrogenesse que la de Lucia Bosé o el ‘Gracias a la vida’ de Parra).

Sobre todas las tachuelas emerge Teresa. Inmensa, muy segura en todos sus pasos, cercana y simpática. Una voz que puede presumir de dicción y elegancia. Y entonces se te olvida el karaoke lo-fi de algunos pasajes y te entregas a temas como ‘Tu perrito librepensador’, ‘Todo cambia en un instante’ o la soberbia ‘Posponías’.

Quién sabe. Quizás mi amor por el pop que tanto han dignificado hace que pestañee en demasía en algunos pasajes abiertos. Pero nada especialmente denunciable, vamos.

Donostikluba: Lentejuelas rock

Intérpretes: Joan Colomo, The Last Three Lines, Standstill, Eric Fuentes, Le Gran Bukowski DJ. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Día: 2 de octubre del 2010. Asistencia: unas 400 personas.

IMG_8034Tras el reventón juvenil (dicen los rumores que había petisuis por el suelo a la hora de barrer) y reggae-hiphopero del viernes noche, el festival Donostikluba presentó en la sala Gazteszena de Egia una velada rockera con todos los ingredientes: grandes aciertos y propuestas más defendibles sobre el myspace que sobre un tablado.

Arrancó la velada el inconmensurable Joan Colomo. Cachondo y certero, sus actuaciones son un espectáculo total. Un divertimento basado en unas canciones preciosas e interludios dignos de publicar en un DVD. Su momento “Delorean” fue tremendo. Y no piensen en los humoristas que salen en la tele con instrumentos, en plan Académica Palanca. Colomo es músico ante todo. Y simpático a rabiar.

Tras él llegaron The Last Three Lines, que es, si lo aplicamos a la lectura de un libro, el tiempo que tardamos en ir a tomar el aire. Una formación de rock sicodélico y pegador, cantado por un ahijado  de Eddie Vedder (del grupo Pearl Jam) que mantuvo las formas a base de impactos y rasgados rápidos.

Los catalanes Standstill fueron el gancho de la noche, la formación más relevante de todas las que pisaron la noche del sábado (y quien sabe si en todo el 2010) el festival Donostikluba. Los chicos de Enric Mostefusco no defraudaron a nadie. Serios, emocionantes, elegantes. Con garra, fuerza y todas esas palabras que Jose Luis Moreno disparaba en sus presentaciones televisivas.

Claro que en este caso había una diferencia clara respecto a aquellos “números 1 en Japón” que el productor televisivo enunciaba entre paseos de bañadores: Standstill tienen canciones como soles y una selección de temas que atrapa al espectador desde el primer minuto. Los asistentes dieron fe de sus aciertos, coreando los temas y aplaudiendo sin parar.

Las actuaciones se cerraron con Eric Fuentes. El antiguo miembro de The Unfinished Sympathy gustó más en solitario que recordando temas del pasado con el resto de su banda. La fiesta finalizó con Le Gran Bukowski DJ, que convirtió la sala Gazteszena en un guateque atemporal que pasó de las tendencias o modas actuales.

Atom Rhumba, Chico Boom, Mantisa: Orgullo local

AUTOR: EL HUMILDE FOTERO DEL PÁNICOEl pasado viernes arrancaba la nueva temporada del circuito de conciertos Donostikluba en la sala Gazteszena de Donostia.

Una muestra que se inició con gente de la casa. Mantisa, Chico Boom y los bilbaínos Atom Rhumba conformaron el trío de picadores guitarreros de la primera corrida de la feria, que viene repleta de conciertos interesantes para los próximos meses.

Los casi californianos – o sea, zarauztarras- Mantisa empezaron nerviosos. A su fórmula de punk rock acelerado solo le faltan un par de escupitajos al aire y tres saltos entre estrofas para ser como aquellas formaciones hardcoretas de los años 90 del siglo pasado. Sus temas en euskera tendrán recorrido por las plazas de la zona, aunque en Donostia, como en el caso de la banda que les siguió en el cartel, fueran excesivamente formales.

En su primer concierto desde hace muchas lunas, los donostiarras Chico Boom sonaron perfectos y pulcros. Presentaban un disco a publicarse en breve. Un trabajo lleno de temas eternos, entre los Who y los Beatles (¡vaya versión final!). Con unos acabados dignos de una joya cara – que no tiene porque ser importada, en Guipúzcoa las hay y muy buenas-, las ejecuciones irán matizándose con el paso de los bolos, a los que volveremos encantados. Como iremos felices y contentos a las actuaciones de Atom Rhumba. Poco importa que ahora sean un quinteto en vez de la media docena de antaño. Musicalmente siguen mostrándose radiantes. Salvajes, sucios, alocados, acelerados, potentes.

La fórmula, que pronto tendrá nueva galleta bajo el nombre de ‘Gargantuan Melee’, parece haberse endurecido. Pero los ingredientes siguen bien cimentados. Una base rítmica que allana el camino de los locos soplidos del saxofonista y las virguerías del sublime guitarrista Joseba Irazoki. Una voz negroide como el Misisipi una noche de luna nueva. Y unos tonos que hacen bailar de alegría a los rockeros. El resultado, una velada excelente.