
Ayer el Dabadaba nos ofreció un concierto que mostró las dos caras más extremas del pop (¿indie?) actual. Friko y Horsegirl regalaron una noche memorable de características antagónicas. Sin maldades ni envidias, el uno fue la némesis del otro.
El amor de un garaje a la tarde
Donde uno era épica en el otro fue sencillez ingenua. Si aquí no había descanso en este otro evento llovía la ensoñación calmada y pizpireta. Donde uno iba a partirla en el otro se encumbraba el espíritu indómito y sencillo de ensayar en un garaje un domingo a la tarde. Y sin hacerle ascos al bagaje de cada asistente o a sus gustos en el pop, todos los presentes tuvieron lo que quisieron amplificado por mil.
Geese y Friko tiene el mismo número de letras
Lo de Friko huele a “The Next Big Thing” – y ya han pasado por el Daba-. Dos pestañeos (una buena agencia de marketing, tres virales en redes y un buen planificador) y se te plantan en todas partes como Geese. Con Nick Cave haciendo de Bono y opinando sobre ello. Con su 8 en Pitchfork , sus in-ears y varias variadas guitarras a su espalda.
Épica para Amador
Sus conciertos son una clase de spinning de la épica. No hay lugar para el descanso. A mi lado un joven afirmaba entre risas en la segunda canción que “ya estoy agotado de tanta intensidad”. El show fue proteína en forma de partitura. Como zamparse una caja de esas gordas de pastillas para culturistas que venden en las tiendas especializadas. Todo ello de forma IMPECABLE y ATRACTIVA. Sin maqueos a lo The Darkness ni baldosas ya desgastadas por el tránsito. A años luz del ketchup festivalero nacional, Friko tienen un gusto exquisito en el tema de la expresiva teatralidad. Desde Bowie hasta Muse o los Radiohead de teñido cantante, el Bright Eyes del pisotón en el pie, el Dan Bejar más expansivo, el indie rock USA, el Jobriath sin poso alguno y el emo en vena.
Su frontman Niko Kapetan es una buena bestia escénica que hace creíbles todos los fraseos. Tremenda voz, tremendo nervio en cada músculo y cada segundo sobre las tablas. Si ser esto una competición, su juventud remarcó la decisión a la hora de expresar sus sentimientos (repito) tendentes a la épica como tu menú abraza al colesterol.
Check, check, check
El muchacho se desmelenó con el Ceremony de New Order, poseído en sus bailes por el espíritu de Ian Curtis – menos mal que en el Daba no hay cocina- y cerró un concierto mayúsculo y emocionante para nuestro 2026. Un minutaje excelso quizás más disfrutable cuanto más metido estés en el funcionamiento musical/vital actual. Nosotros aplaudimos mucho, disfrutamos de su calidad y desparrame, nos fumamos algunos cigarros en la terraza, hicimos check y listo.
El puto concierto del año
Y este momentazo tan 2026 dio paso al concierto del año. Porque Horsegirl, quien sabe si queriendo o sin querer, son el espíritu más puro del indie pop que ha tomado la forma de estas Embrujadas de Chicago. Lejos de la épica de los Pistols en Manchester, el Dabadaba fue, volvió a ser, el garito de Olympia que vio los primeros desafines de Beat Happening. El local a medio caer de Edimburgo que se jugaba el tipo con aquellos primeros pasos de The Shop Assistants. El porche del colega donde The Aisler´s Set echaban los findes. Tres muchachas que no querían molestar ni meter ruido pero adoraban a Stereolab y Yo La Tengo. Gente de bien, gente que no quiere meter punteos, ni hacer bises, ni siente la presión continua de mejorar para expresar lo que quiere.
Qué fácil es enamorarse del indhie Berdahdero
El concierto fue pasando ante nuestros ojos y oídos con un cariño pocas veces visto. Una felicidad absoluta, o casi. Una sonrisa perenne en la cara, que solo se alteraba cuando mirábamos al colega para compartir la boca abierta. Pareció facil enamorarse de las muchachas, pero no somos tan misóginos. Caimos rendidos, claro, a su forma de ver el pop. Que, vaya por Dios, es la nuestra. Lejos del cinismo que nos da la edad, qué gustazo es ver que hay alguien, joven o mayor, chico,chica o chique, que defiende este pop idealista, ensoñador y, ahora sí, canónico.