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Categoría: Críticas de conciertos

Enrique Bunbury: El hombre delgado no flaquea

En lucha contra crisis económicas y agendas repletas de actos interesantes, Enrique Bunbury estuvo a puntito de llenar el Velódromo en la presentación de su último trabajo Hellville de Luxe.

Con el escenario dispuesto a lo ancho y no a lo largo de la cuerda, en lo que vendría a ser un par de kursaales de asistencia, el maño encandiló a los presentes con un gran concierto en el que, como era de esperar, todos los focos le iluminaron a él.

Expresivo hasta el disloque casi raphaeliano, descarnado y torciendo su cuerpo hasta elaborar tumbadas dignas del motero Jorge Lorenzo, con pases toreros, puñetazos al aire, paseos sobre el escenario, saludos al sol y poses a lo Jagger, Bunbury sigue tan gesticulante y teatrero como siempre. Lo cual no tiene porque ser malo. La suya es una de las mejores estampas sobre un tablado nacional, con una voz juguetona, grave y personal en plena forma.

Aunque a la gira actual, al menos en la capital guipuzcoana, hay que ponerle un pero y un aplauso muy grande. La crítica se dirige al excesivo volumen ofertado y lo agudo de muchos punteos de guitarra, cercanos a alguna técnica de tortura defenestrada años ha. La felicitación, inmensa, al diseñador del escenario y las luces.

Pocas veces se verá un trabajo, empezando por la especie de cama redonda roja que lo centraba, en el que los numerosos complementos visuales se adapten de manera tan bella y concisa a lo cantado, sin cegadores fogonazos gratuitos.

Alice Russell: Fiesta soul

Interpretes: Groove Trotters, Alice Russell. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Día: 31 Octubre 2008. Asistencia: unas 300 personas

Hay que tener valor y ganas (y un perfecto impermeable) para salir de casa con la cortina de agua que estaba cayendo el pasado viernes. Menos mal que las ofertas musicales hacen mover de los sofás hogareños a los ciudadanos donostiarras, pamplonicas y vitorianos, que de esos también hubo muchos en la cita guipuzcoana de la británica Alice Russell.

Como acto previo y posterior se pudo disfrutar de la sesión a los tocadiscos de los pinchadiscos Groove Trotters, agrupación que recolectó lo mejor de la casa donostiarra (Javi Pez, David Navascues, Mikel Afromage) y navarrica (Budin). Los amantes del surco musical se encargaron de elevar el tono al comienzo, con una sesión en la que abundó el chocolate oscuro y el calor soul.

Un calor que en manos de la británica Russell alcanzó cotas más que animosas. Con una populosa banda de impoluto blanco en la tez y en los ropajes en la que destacaba el enorme compañero de voces, la chica de Suffolk abandonó las elegancias pomposas que este tipo de músicas suele traer consigo y se enfrentó de manera directa y efusiva a los temas, con una voz recia y enérgica que potenciaba su lado comunicador.

No es una diva, ni es una reinona. No se esconde en la benigna falta de rabia que maneja Duffy. Ni llega a extenuarte emocionalmente como lo haría Amy Winehouse. La antigua colaboradora de Will Holland y la Quantic Soul Orquestra es una currela que interpreta la música de manera muy festiva. Casi diríamos, quitándole todo poso negativo y cutre al término, que aquello parecía una verbena por las ganas de hacer bailar a la gente y de contagiar la alegría de su música.

Unos sonidos clásicos, de gran arraigo en las islas que exportaron al mundo el acid-jazz, con el pasado bien asentado en el northern soul. Etiquetas o estilos que, como afirmamos al comienzo del texto, tiene en las provincias limítrofes a la nuestra un generoso número de seguidores.

La banda supo picar y mezclar todos estos elementos y algunas cosas más blues, gospel, funkies y calmadas, ofertando una actuación que conectó con las ganas de jolgorio de los asistentes. Gentes que sonrieron sorprendidas cuando los intérpretes atacaron una versión libertina del “Seven Nation Army” de los White Stripes.

Quienes tuvieron ganas de seguir con la diversión se quedaron a la segunda sesión de los Groove Trooters, quienes ahondaron en las píldoras añejas y negroides ofrecidas al principio de la noche con la calidez y la pureza que les caracteriza en sus actos en solitario. El resto abandonó el lugar con los músculos bien estirados de tanto meneo y la sensación de que abandonar el calor del hogar para asistir a la fiesta melódica de Gazteszena había sido una gran idea.

Sole Giménez: Cómo (no) hemos cambiado.

Intérpretes: Sole Giménez (guitarra, voz), Borja Fernández (guitarra), Iván López (guitarra, coros), Ricardo Belda (piano, teclados), Nacho Tamarit (bajo), Edu Olmedo (batería). Día: 16 Octubre 2008. Lugar: Teatro Victoria Eugenia. Asistencia: unas 600 personas.

Hace casi dos años -tras veinte ofreciendo su pop cálido, latino y acolchado para unos sedoso y para otros opiáceo- que la banda Presuntos Implicados aterrizaba en Donostia para su gira de despedida. Aunque las perlas que unos y otros soltaron sobre el escenario guipuzcoano aquel día (y en entrevistas posteriores) les acercaban más a “Amistades Peligrosas” que a la supuesta implicación que su nombre transmitía. Cosas y roces de la convivencia de egos, ya se sabe.

Será por ello por lo que su voz principal, libre como un pajarillo creativo, se presentaba ayer en el Victoria Eugenia con un disco quizás no tan casualmente titulado “La Felicidad”. Un trabajo con semilla local (el tema “Siempre volverás” es del donostiarra Rafa Berrio) y corte continuista, con algún mínimo sobresalto respecto a historias pasadas.

De ello dio buena cuenta su nicho (con perdón) de espectadores, invariable estos años: damas pegadas a su sufrido “Joe, el fontanero”, de entre treinta y cuarenta años, nostálgicas y encantadas de ver el concierto sentado, que siguen enamoradas con las temáticas tiernas y las melodías tarareables y femeninas de la murciano-valenciana.

Festival Donostikluba 2008 : 24 Hour Party People

Intérpretes: Gentle Music Men, Sidonie, La Habitación Roja, Bez. Día: 11 octubre 2008. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Asistencia: unas 600 personas.

El pasado sábado echaba la persiana el Festival Donostikluba 2008 con buenos números y elegante oferta global: Una media de 500-600 asistentes por día (exceptuando la velada hip-hopera, que dejó los números en la mitad) basándose en bandas poperas y rockeras nacionales y algún puntal foráneo de renombre se puede considerar un rotundo éxito en los días que corren.

La víspera del Pilar nos sorprendió donde menos lo esperábamos y nos confirmó nuestros peores temores en las actuaciones más aplaudidas. Los catalanes Gentle Music Men se colocaron en la zona positiva de nuestra puntuación. Basándose en una música pop clásica y elaborada con un gusto exquisito, su oferta podría enclavarse en un hipotético punto donde los Decemberists se encuentran con los Housemartins y Mika. Lástima de voz, con ese tono tan particular ante el que era imposible quedarse indiferente. Y lastima de discursos interminables entre canciones. Que un concierto no es una convención demócrata, amigo.

La gente había ido a ver a Sidonie, y disfrutaron de lo lindo con las tonadas del grupo barcelonés. Con sus continuas jaleadas en busca de palmas y su pop en castellano a ratos sicodélico y otras melódico (los fans pueden cambiar de párrafo aquí), su propuesta se asentaba en la radiofórmula de estilismo maqueado pero tan monótona como el resto de convites musicales que nos abrasan la vida. Su camino es muy similar al que ha tomado Deluxe, concentrando sus virtudes en mostrar un concierto impecable sobre un modelo de canción sin apenas variaciones.

La Habitación Roja demostró que son los capitanes del indie rock nacional. Empezaron disfrutando ellos sobre el escenario, sin fisuras en la ejecución, y contagiaron a unos espectadores que se sabían de carrerilla muchos de sus éxitos. También se les podría achacar cierto mimetismo, pero en su caso la cosa no fue tan grave y tediosa.

Lo mejor vino al final, con la performance hooligan del Happy Monday Bez. El hombre que tocaba las maracas en la formación de Manchester sigue con su rol de animador.

Con un DJ de apoyo perfecto en la sucesión de hits (EMF, Cypress Hill, Primal Scream, Blur y los favoritos de John Peel, los Buzzcocks), el macarrilla inglés sigue con la vista perdida y azuzando el cotarro con el micro como si aquello fuera un karaoke brit de un hotel de Tenerife.

La audiencia se entregó a la parranda sin contemplaciones, subiendo en ocasiones al escenario y chillando ante cualquier acercamiento del baranda “a un vodka pegado” al borde del escenario. Si lo hubieran colocado en el cartel un par de horas antes, la sala Gazteszena se cae a pedazos.

Donostikluba 2008: Rock celestial

Al final todo se resume en una sola cosa: tener canciones. Puedes ser un recién llegado, como los donostiarras Thee Brandy Hips, o tener más sellos en tu pasaporte que El Chacal (caso de The Posies), pero si tienes buenas melodías tienes el futuro asegurado más allá de que tu disco se venda o se descargue de maneras legales o no.

Y la noche del viernes estuvo bastante acertada a ese nivel. Thee Brandy Hips se doctoraron ante su público con lo único que les hacía falta para triunfar: potencia. Curtidos en garitos donde todo aparato se conecta directamente al enchufe, la cita de Gazteszena les sirvió para desmelenarse. Consiguieron que el público que no les tanteaba apuntara en la libreta la dirección de su web, presente en varios carteles.

Los maños Big City apuntaron maneras de pop británico, bastante dulce pero sin pasarse con el azúcar. Los más optimistas conseguían emparentarlos con Syd Matters o las bandas suecas más briosas de la nueva hornada. Los demás llegaban a conclusiones similares desde la barra del bar.

Half Foot Outside venían a la capital guipuzcoana con un disco nuevo bajo el brazo, el soberbio Heavenly. Lástima que sobre el tablado no consiguieran sacar punta a sus celestiales composiciones de rock indie, elaborando un concierto muy elegante y potente pero algo monótono.

Algo similar le pasó al nombre fuerte del cartel, The Posies. Los norteamericanos se apuntaron a esa moda de tocar un disco viejo enterito. En su caso la obra elegida fue Frosting On The Beater, un CD que en su primera mitad es simplemente insuperable en los cascos y sobre un escenario.

Lástima que su segunda parte sea un poco tostón, demasiado relajada. Sobre todo si tu formación se caracteriza por mezclar rabia y melodía power pop. Su concierto decayó hasta la llegada de unos bises que nos volvieron a mostrar la fortaleza de la banda, con Please return it, Ontario y el enrabietado Everybody is a fucking liar como puñetazo final. Se demostró que había mejores propuestas en su propia discografía si lo que deseaban era tocar todo un álbum.

La fiesta se cerró con dos de los mejores pinchadiscos de la ciudad (El Nota y Turko), que consiguieron hipnotizar a los presentes con las imagenes de fondo y su música bailonga no machachona, evitando la habitual estampida animal hacia otros garitos.

Donostikluba 2008: Músicas enérgicas

Interpretes: El Columpio Asesino, 16th Solid Spread, We Are Standard, Andy Rourke. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Día: 4 Octubre 2008. Asistencia: Lleno, unas 600 personas.

El rock parece haberle ganado la partida a la música pinchada. La presencia de los músicos y la ejecución de las canciones supera la presencia de los grandes nombres tras los tocadiscos.

Se vio el viernes en Donostikluba, cuando los creadores locales ocuparon la última franja horaria y la gente, en pequeño goteo, iba abandonando el lugar.

Y la fórmula se confirmó el sábado con Andy Rourke, el que fuera bajista de los Smiths. Los cientos de personas que habían asistido a los conciertos previos se quedaron en unas cuantas decenas en la franja final de la noche, cuando las melodías venían guardadas en un ordenador.

Claro que había sido una noche con un gasto importante de energía desde la apertura de puertas. El Columpio Asesino se olvidó de los pasajes reflexivos y vaporosos de su último disco “La Gallina” y despachó un concierto repleto de potencia y ardor.

Los navarros recuperaron esa fuerza que se basaba en Los Pixies. Con una formación más que numerosa sobre el escenario, consiguieron electrizar el vello de los asistentes a base de guitarrazos, voces elevadas y mucha fuerza percutiva. Su actuación se cerró con una personalísima mirada al “All Tomorrow Parties” de la Velvet Underground.

El vigor disminuyó ligeramente con la actuación de los catalanes 16th Solid Spread, quienes ofrecieron un concierto correcto, digno de un programa televisivo de la MTV. Si tamaña pulcritud es buena o mala lo dejaremos al gusto del lector. Su repeinado rock sonó impoluto, con grandes influencias de bandas como Smashing Pumpkins o Foo Fighters y movimientos actuales como el post-punk. Claro que si comparas lo escuchado con los zarauztarras Delorean la propuesta se diluye como un tenista norteamericano sobre la tierra batida.

Aunque para raquetazos, los de los vizcaínos We Are Standard. Con el motor a tope de revoluciones durante toda la velada, los getxotarras demostraron que su segundo disco confirmará las virtudes del primero. También tuvieron tiempo de homenajear a la Velvet con la versión de “Waiting For My Man”, acabando su poderosa actuación con todo El Columpio Asesino sobre el escenario, en compañía de algunos espectadores que decidieron subirse a la tarima.

El mancuniano Andy Rourke tiró lo justo de nostalgia (tan sólo sonaron 3 canciones de los Smiths) y recuperó la imagen del pinchadiscos más clásico, el que ponía un temazo después de otro. Hubo espacio para el rock de los Who, la alegría melódica de The La´s y su “There she goes” y mucha música actual, esa que se rebusca en las cubetas de vinilos o se escucha en emisoras alternativas como la XFM británica, donde el músico inglés cuenta con un programa radiofónico.

Donostikluba 2008: Así me gusta a mí

Intérpretes: Russian Red, The Mary Onettes y 11 creadores locales de música electrónica. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Día: 3 octubre 2008. Asistencia: unas 500 personas

Los designios de la gente son siempre inexplicables. En un festival teóricamente chiquitín como el Donostikluba, con músicos foráneos a los que se les supone un tirón de asistencia, el día con mayor venta anticipada de entradas fue el pasado viernes.

Una jornada en el que 11 músicos locales de corte electrónico ofrecieron sus composiciones. Una noche en la que un grupo escandinavo desconocido más allá del Puente de Oresund, el que une Suecia y Dinamarca, presentó sus energías poperas. Una velada en la que una pequeñita y bella creadora roja mostró unas composiciones íntimas a punto de romperse. ¿Otros mundos son posibles, la gente está cambiando? Bueno, no corramos tanto, pero sí que destacaremos el hecho.

Y fue precisamente Russian Red, la madrileña Lourdes Hernandez, el principal reclamo la noche de autos. En compañía de dos multiinstrumentistas, la creadora enamoró a los presentes con ese folk tan sentido y sencillo, con esa voz tan dulcemente cercana. Su propuesta, que ya empieza a colarse en anuncios y reportajes televisivos varios, fue escuchada con mucha atención y muy aplaudida por los presentes.

Tras ella llegó la esquizofrenia creadora de The Mary Onettes. En una suerte de Joaquín Reyes en sus Muchachadas Nuis, la banda sueca tan pronto parecía Keane como jugaba a clonar a The Cure como se tornaba en banda de apoyo de Chris Martin o defendía las frescuras del C-86 (un movimiento musical británico, no una proteína corporal) y las alegrías bailarinas de New Order. El resultado tuvo más aspectos positivos que negativos, aunque más de un asistente acabara jugando al trivial musical ante tantas similitudes.

La oferta local ocupó el resto de la programación de la noche, con los músicos y DJs que se han agrupado alrededor del CD “Donostia Underground volumen 1” ofreciendo sus creaciones en las dos salas habilitadas para ello, a modo de inmensa discoteca.

El trío donostiarra Krell fue el encargado de abrir el fuego, con unas canciones que deben mucho a la Alemania más gótica y fiera, la de bandas como Sisters of Mercy o Front 242. Con un cantante sencillamente espectacular en su labor como frontman, arrancaron más de una sonrisa y un baile con su versión del “Así me gusta a mí” de Chimo Bayo.

Después los gatos se volvieron pardos, se bajó la luz y los discotequeros se entregaron al baile más charlatán hasta el cierre tardío de la sala. Si aquello que sonaba era Breakbeat, Deep House, Electro, Big Beat o clicks n´cuts poco importó a los presentes, encantados a rabiar conque esa oferta musical local, normalmente escondida en las agendas de fin de semana, contara con un espacio tan lustroso para su presentación.

Camaleones del baile

El escenario nocturno de La Plaza Easo es sin duda uno de los espacios de mayor aceptación en la programación de la Aste Nagusia. Y cuando decimos “mayor” también queremos referirnos al espectro más veterano de nuestra sociedad, pobladores principales de la sana pista de baile urbana situada en Amara Viejo. Nada de tragos ni de ligoteos (bueno, a saber). A la plaza se viene a echar unos bailables, como antaño.

La noche del pasado viernes predominaron las parejas derviche, duetos que casi engarzados con loctite y sin un palmo de distancia entre sus cuerpos giraban y giraban al ritmo de las músicas que la orquesta Itxaso y su comunicador principal, un autentico dandy como guía del Inserso, ofrecían desde el quiosco.

Poco importaba que la música fuera demasiado actual y dirigida a un público más juvenil (Juanes, Melendi, Operación Triunfo, Paulina Rubio, ¡Duffy!). Los camaleones del baile agarrado, algunos de ellos auténticos animales de salón, se adaptaban a cualquier pulsión sonora.

El momento más espectacular de la noche se produjo con el “Achy Breaky Heart” de Billy Ray Cirus. La antigua canción del verano cuenta con un baile característico que intuíamos poco aceptado entre nuestros mayores. Error. En apenas 30 segundos toda la plaza se ordenó en filas para ir ejecutando los distintos pasos. Emocionante ver a gente de más de 80 años demostrar que dicho hit suena en los bailes playeros de la gimnasia de mantenimiento de Benidorm.

Su continuación no fue menos espectacular. El tema más popular de nuestra península, el también coreografiado “Paquito el Chocolatero”, nos dejó boquiabiertos. Mientras comentábamos la posibilidad de montar un hospital de campaña para atender las futuras lesiones óseas de estos cuerpos ya baqueteados, los presentes se movían adelante, atrás, de lado, con una mano por debajo y medio saltando hacia las distintas esquinas de la plaza. Sencillamente impresionante. La vitalidad de nuestros mayores es digna de elogio. Y el éxito de esta propuesta, incuestionable.