Ni el propio artista hubiera soñado un día mejor si le hubiera dado por entregar los huevos de turno a las monjas clarisas. Donostiarra de pro, victoria de su equipo de futbol, actuación -y lleno- en el santuario más lustroso de la ciudad y un frío que pela bigotes en el exterior.
Un tiempo que invita a mirar por la ventana de manera lánguida y soñar sobre amores y destrozos emocionales. El mundo en el que Ubago se desenvuelve discográficamente desde hace ocho años.
Musicalmente lo suyo está más asentado que las creencias de los extremistas. Y con dicho término no nos referimos a las féminas de todas las edades, mayoría de las asistentes el pasado sábado, que caen rendidas al ensoñamiento constante e impoluto.
Señoras, chicas y niñas (en las primeras filas, todas bien provistas de camaras de fotos para agitación y paseo constante del personal del teatro) que gustan de recibir cariños auditivos románticos del autor con pinta de yerno ideal, el Michael J. Fox del pop español, el joven que no quiere crecer para no perder la ingenuidad y la pureza.
Todas ellas tararean por lo bajini las epopeyas sobre los momentos más extremos de las relaciones personales: El final trágico o el comienzo tontuelo. Y aunque Woody Allen decía que «es imposible mantener la intensidad de los primeros seis meses de relación. ¿Qué quieres, que me dé un infarto?», Ubago intenta crear canciones con dicha fuerza en todo momento. Lo que a unos hace desfallecer y pensar en la travesía sin agua por el desierto bajo un sol que siempre golpea igual, a otros mantiene en lo más alto de la ola de la nostalgia exacerbada.
Noche de cantares vascos la del siberiano viernes pasado en la donostiarra sala Gazteszena. La discográfica Elkar presentaba algunas de sus propuestas presentes y futuras, con división de calores en la oferta.
Noche de cantares vascos la del siberiano viernes pasado en la donostiarra sala Gazteszena. La discográfica Elkar presentaba algunas de sus propuestas presentes y futuras, con división de calores en la oferta.
La Real Academia de La Lengua, en un intento de ponerle puertas al campo, define el magnetismo como “atractivo que alguien o algo ejerce sobre otra u otras personas o cosas.” Una definición abierta que nos vale para explicar tantos los amoríos con los feos/feas como las siempre esotéricas intenciones de voto en las elecciones.
Tuvimos que esperar sentados en nuestros asientos 20 minutos sobre la hora inicialmente prevista, escuchando algunas toses de fondo y confiando en las defensas de nuestro sistema inmunitario frente a la “Gripe A”, para poder gozar de la visita de Concha Buika al Kursaal. Una deferencia ante la cola que había en la ventanilla para cambiar los tickets invalidados ante los cambios que había sufrido la cita.
Empecemos quemando los rastrojos: “Si la banda Radiohead no hubiera existido, Vetusta Morla no hubieran tenido el calado y la aceptación que tienen hoy en día”. Vale. Correcto. Y real.
Volvía Pau Donés con sus chicos a la Rock Star donostiarra y, sorprendente para algunos, metía más gente en la sala que en su última visita.¿La gente agradece los cambios?¿La venta del nuevo CD en la edición dominical de un diario es la mejor forma de llegar a tu público potencial, gentes que han dejado atrás la treintena de años?Pues, utilizando el contaste habitual de las letras de este autor catalán, podemos decir que “sí y no”. Que es, casualmente, la sensación que nos dejó su actuación.
Caminar por una velada en la que la música suena elevada de potencia y ritmo, sin apenas descanso, siempre en la cima de lo bailable, puede resultar fatigoso. E