Saltar al contenido

Categoría: Críticas de conciertos

Alex Ubago, el eterno adolescente

Ni el propio artista hubiera soñado un día mejor si le hubiera dado por entregar los huevos de turno a las monjas clarisas. Donostiarra de pro, victoria de su equipo de futbol, actuación -y lleno- en el santuario más lustroso de la ciudad y un frío que pela bigotes en el exterior.

Un tiempo que invita a mirar por la ventana de manera lánguida y soñar sobre amores y destrozos emocionales. El mundo en el que Ubago se desenvuelve discográficamente desde hace ocho años.

Musicalmente lo suyo está más asentado que las creencias de los extremistas. Y con dicho término no nos referimos a las féminas de todas las edades, mayoría de las asistentes el pasado sábado, que caen rendidas al ensoñamiento constante e impoluto.

Señoras, chicas y niñas (en las primeras filas, todas bien provistas de camaras de fotos para agitación y paseo constante del personal del teatro) que gustan de recibir cariños auditivos románticos del autor con pinta de yerno ideal, el Michael J. Fox del pop español, el joven que no quiere crecer para no perder la ingenuidad y la pureza.

Todas ellas tararean por lo bajini las epopeyas sobre los momentos más extremos de las relaciones personales: El final trágico o el comienzo tontuelo. Y aunque Woody Allen decía que «es imposible mantener la intensidad de los primeros seis meses de relación. ¿Qué quieres, que me dé un infarto?», Ubago intenta crear canciones con dicha fuerza en todo momento. Lo que a unos hace desfallecer y pensar en la travesía sin agua por el desierto bajo un sol que siempre golpea igual, a otros mantiene en lo más alto de la ola de la nostalgia exacerbada.

Lain, Betagarri: Verbena 2.0

Interpretes: Lain, Betagarri. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Día: 18 diciembre 2009. Asistencia: unas 350 personas. Entradas: 8-10 euros.

Noche de cantares vascos la del siberiano viernes pasado en la donostiarra sala Gazteszena. La discográfica Elkar presentaba algunas de sus propuestas presentes y futuras, con división de calores en la oferta.

Si el grupo guipuzcoano Lain no conseguía quitarnos el frío adherido a nuestro cuerpo, los vitorianos Betagarri calentaron la sala hasta dejarla en temperaturas caribeñas.

Y quizás la culpa de esa sensación glacial de la que hablamos no sea otorgable en exclusiva al jovencísimo grupo de Villabona comandado por las dos tiernas cantantes. Es posible que su oferta nos pille demasiado maduros. Que su público potencial sea el de la generación del “Goazen” y “Hannah Aduna” (hipotética versión local de la exitosa franquicia Hanna Montana).

Claro que si la famosa hija de Billy Ray Cyrus utiliza unos clichés que se venden hasta en Corea del Norte, el ahora quinteto (faltaba un guitarra/teclado de la lista promocional) adapta su sonido a los tópicos del pop radiofónico vasco: Sobre una base de pop meloso y cándido se vaporizan toques casi heavys a lo Su Ta Gar en guitarreos y voces. Mas energías contundentes a lo Rock Radical Rebajado.

Recuerdo un titular periodístico escalofriante (para los ya canosos). Una joven cantante afirmaba que había madurado y que ahora hacía canciones para la gente de 18 años. Intuyo que de ser cierto conectaría de manera directa con dicha generación, pero al resto nos dieron temblores de congelación auditivo/cerebral con solo imaginarlo. Cosas del salto generacional, intuyo. Así que, en lo que nos atañe, si la primera imagen que recuerdas de la tele es la del muñequito Cobi, o si aún tienes las hormonas revolucionadas y utilizas el “osea”, “super fuerte”  o “es que pasada bat da” en tus frases, Lain pueden ser tu grupo.

La sensaciones barbilampiñas desaparecieron en el tercer acorde del concierto de Betagarri. Los alaveses conectaron los amplificadores que parecieron estar desenchufados con los teloneros e hicieron botar a los presentes con su ska imparable y festivo

Buena culpa de esa ‘conexión’ pueden tenerla unos instrumentistas experimentados (16 años de existencia como grupo, nueve discos y más 900 conciertos), una animosa sección de viento que borra cualquier angustia y un cantante que suda calorías en todas y cada una de las canciones.

La fórmula, como comentamos, se basa en el entrecortado ritmo de herencia jamaicana, protagonizando en mayor o menor medida la lista de temas. Hay momentos puntuales que pueden recordar a Itoiz, y temas cantados en castellano de elegante factura temática, pero siempre con el compás y el rasgado guitarrero a la contra como guías ejecutantes. Una cadencia que siempre incita a la agitación y el contoneo. Y en eso gastamos las energías el resto de la velada, mientras recordábamos el tiempo en el que la palabra “verbena” era un término más festivo que peyorativo

Lain, Betagarri: Verbena 2.0

Interpretes: Lain, Betagarri. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Día: 18 diciembre 2009. Asistencia: unas 350 personas. Entradas: 8-10 euros.

Noche de cantares vascos la del siberiano viernes pasado en la donostiarra sala Gazteszena. La discográfica Elkar presentaba algunas de sus propuestas presentes y futuras, con división de calores en la oferta.

Si el grupo guipuzcoano Lain no conseguía quitarnos el frío adherido a nuestro cuerpo, los vitorianos Betagarri calentaron la sala hasta dejarla en temperaturas caribeñas.

Y quizás la culpa de esa sensación glacial de la que hablamos no sea otorgable en exclusiva al jovencísimo grupo de Villabona comandado por las dos tiernas cantantes. Es posible que su oferta nos pille demasiado maduros. Que su público potencial sea el de la generación del “Goazen” y “Hannah Aduna” (hipotética versión local de la exitosa franquicia Hanna Montana).

Claro que si la famosa hija de Billy Ray Cyrus utiliza unos clichés que se venden hasta en Corea del Norte, el ahora quinteto (faltaba un guitarra/teclado de la lista promocional) adapta su sonido a los tópicos del pop radiofónico vasco: Sobre una base de pop meloso y cándido se vaporizan toques casi heavys a lo Su Ta Gar en guitarreos y voces. Mas energías contundentes a lo Rock Radical Rebajado.

Recuerdo un titular periodístico escalofriante (para los ya canosos). Una joven cantante afirmaba que había madurado y que ahora hacía canciones para la gente de 18 años. Intuyo que de ser cierto conectaría de manera directa con dicha generación, pero al resto nos dieron temblores de congelación auditivo/cerebral con solo imaginarlo. Cosas del salto generacional, intuyo.

Así que, en lo que nos atañe, si la primera imagen que recuerdas de la tele es la del muñequito Cobi, o si aún tienes las hormonas revolucionadas y utilizas el “osea”, “super fuerte” o “es que pasada bat da” en tus frases, Lain pueden ser tu grupo.

Evan Dando: Magnetismo pop

Intérpretes: Chris Brokaw, Evan Dando. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Día: 19 Noviembre 2009. Asistencia: unas 400 personas.

La Real Academia de La Lengua, en un intento de ponerle puertas al campo, define el magnetismo como “atractivo que alguien o algo ejerce sobre otra u otras personas o cosas.” Una definición abierta que nos vale para explicar tantos los amoríos con los feos/feas como las siempre esotéricas intenciones de voto en las elecciones.

Aplicando el axioma a lo que hoy nos atañe, podemos afirmar que pulula sobre nuestros campos magnéticos un imán cultural verdaderamente inexplicable (a ojos de los gestores públicos, cuyas afeitadoras presupuestarias dejan en merchadising de los Lunnis los dedos de Eduardo Manostijeras).

Un miércoles cualquiera, los zombies pasean sus colmillos por la noche informativa, esos cuartos oscuros alejados de estadios y aglomeraciones, para dirigir sus pasos hacia salas ligeramente retiradas del centro de la ciudad y ver conciertos que, en su modesta e individual opinión, merecen apartarse de la televisión y otras alienaciones modernas. Y se entregan a la actuación de un telonero de oro, Chris Brokaw, amablemente folk y en ocasiones árido cual bocata de cactus.

Aunque para zombies, el gigantón Evan Dando. Paseante por el barrio de Egía los minutos previos a su acto, andarín y algo apocado en sus contoneos, demostró que los artistas son de una pasta que ni se crea ni se destruye.

Buika: Dolorosa espuela

Intérpretes: Concha Buika (voz), Iván “Melón” Lewis (piano), Fernando Favier (percusión), Dany Noel (contrabajo) Lugar: Sala de Cámara del Kursaal (Donostia). Día: 12 Noviembre 2009. Asistencia: lleno, unas 600 personas. Precio: 18 euros

Tuvimos que esperar sentados en nuestros asientos 20 minutos sobre la hora inicialmente prevista, escuchando algunas toses de fondo y confiando en las defensas de nuestro sistema inmunitario frente a la “Gripe A”, para poder gozar de la visita de Concha Buika al Kursaal. Una deferencia ante la cola que había en la ventanilla para cambiar los tickets invalidados ante los cambios que había sufrido la cita.

La espera perdió importancia en cuanto la artista pisó descalza la alfombra colocada a sus pies y se lanzó a interpretar el clásico Volver (con la frente marchita). Vestida con una negra falda larga y una blusa amarilla que dejaba al descubierto el tatuaje de su brazo izquierdo (mejor no hablamos del cinturón), la cantante guineana afincada en Mallorca se mostró expresiva y risueña hasta niveles olímpicos. Y cuando tocaba cantar para presentar sus canciones propias o “El Ultimo Trago”, el reciente homenaje a Chavela Vargas, la sala enmudecía.

Tiene Buika una voz curiosa. Su tono denota cierta aspereza, como si algunas cuerdas vocales estuvieran raspadas. Pero a la hora de entonar frente al micrófono, lo que se supone va a ser una tara se convierte en una gozosa característica única.

Su canto viaja al son de los temas interpretados. Melodías repletas de energía, potencia, rabia, desazón, desamor y nostalgia. Las bases que siempre han marcado las grandes voces. Así, su quejío coplero acaba tomando aires flamencos cuando se eleva, mientras contrapuntea una música que fue más cubana que latina, más jazzera que estándar, con un trío traído directamente del malecón más famoso de Centroamérica.

“El último trago es la antesala del siguiente”, afirmó la isleña en un pasaje de la noche. Nosotros nos tomaremos el concierto de ayer como el penúltimo que ha dado por nuestra tierra. Escuchando los aplausos que recibió en Donostia, la espera se va a hacer larga.

Vetusta Morla: La caza del zorro

Intérpretes: Juan Pedro Martín «Pucho» (voz), Álvaro Benito (bajo), Guillermo Galván (guitarra), Jorge González Giralda (percusión, teclados), David García Garrote (batería), Juan Manuel Latorre (guitarra, teclados). Lugar: Teatro Victoria Eugenia (Donostia).Asistencia: Lleno, unas 900 personas. Entradas: Entre 25 y 15 euros.

Empecemos quemando los rastrojos: “Si la banda Radiohead no hubiera existido, Vetusta Morla no hubieran tenido el calado y la aceptación que tienen hoy en día”. Vale. Correcto. Y real.

Muchas de las estructuras que los madrileños emplean en sus canciones beben (hasta el coma etílico, que diría el veterano) de los sincopados temas de la última época de los británicos, cuando la sorpresa rupturista ya se había asimilado un poco.

Pero si analizáramos todas las bandas con ese rasero racional nos iban a quedar cuatro gatos: Elvis Presley, los Beatles, los Beach Boys y tres más. Además, al 80% de los asistentes que anoche reventaron el Victoria Eugenia Thom Yorke (cantante de Radiohead) les suena a producto de charcutería o condado británico donde se juega a cazar al zorro. Y lo más importante del todo: Vetusta Morla conectan con la gente.

Con solo esa última parte todo el doctorado explicado en líneas anteriores cae como un castillo de naipes. Es cierto que cuando metes una banda de estadio (el sexteto llenó la playa de la Zurriola el pasado Jazzaldia) en un recinto cerrado se magnifica la atención, la cercanía y la energía. Pero eso también hay que ganárselo. Y Vetusta Morla lo hacen con canciones. Las ruedas que deben mover el mundo musical.

Los castellanos, seguidores del lirismo elevado del pop actual, tienen más singles en su único disco que Mecano en media discografía. Créanme si les digo que 14 de las 18 canciones ejecutadas el jueves en Donostia saldrían en vinilos pequeños si aún viviéramos en los años 80.

Y no les duelen prendas a la hora de quemar sus melodías más conocidas (“Un día en el Mundo, Copenhague”) antes de llegar al cuarto de hora de velada. Se muestran sobrados, excelsos, rabiosos, sencillos pero directos. Convirtiendo el antiguo emplazamiento guipuzcoano en un teatro británico moderno en toda regla. Ya saben, esos espacios que eliminaron los asientos para incrementar la animosidad de los presentes. Salvando las distancias, el Victoria Eugenia fue un Apollo o un Bowery en toda regla. Y cambiar ese chip solo lo consigue la conexión de la banda con los que pagaron por verlos.

Porque tienen al público en el bolsillo. Nunca habrá tal euforia en nuestra ciudad como para reventar los asientos del V.E. a patadas. Pero ver a todos los espectadores continuando los coros del tema “Saharabbey Road” para que la banda hiciera un bis es algo extraordinario. Lastima que en esa continuación no se mostraran tan acertados como en el resto de la noche. Sino, estaríamos hablando de una muesca en la historia cultural de nuestra ciudad.

Jarabedepalo: De según como se mire -todo depende-

Intérpretes: Fito Mansilla, Jarabedepalo. Lugar: Sala Rock Star (Donostia). Día: 24 octubre 2009. Asistencia: unas 800 personas.

Volvía Pau Donés con sus chicos a la Rock Star donostiarra y, sorprendente para algunos, metía más gente en la sala que en su última visita.¿La gente agradece los cambios?¿La venta del nuevo CD en la edición dominical de un diario es la mejor forma de llegar a tu público potencial, gentes que han dejado atrás la treintena de años?Pues, utilizando el contaste habitual de las letras de este autor catalán, podemos decir que “sí y no”. Que es, casualmente, la sensación que nos dejó su actuación.

En la zona celestial queda el intento de Donés de escapar de la férrea estructura de sus canciones. Temas que cuentan con una progresión de acordes tan similar que, a menos que seas super fan, no sabes decir si corresponden a un corte del primer CD o forman parte de otro que aún está por llegar.

La nueva agrupación denominada Orquesta Reciclando hizo honor a su nombre y le pegó un meneo a todos los temas antiguos. La brocha reggae le dio frescura al ya quemado “Depende”. “Hay dos días en la vida” tuvo aires de bolero. “El lado oscuro” fue un homenaje a los Blues Brothers. “Déjame vivir” sonó muy recogida. La dedicada “Mamá” tuvo guitarrazos muy rabiosos. La segunda versión de “Bonito” – la primera fue un entreacto techno que acabó con una reivindicación sobre la compra legal de música- explotó como una pieza funky disco. Sin olvidar la ración de jazz latino (“Agua”, “Pura sangre”).

Según pasaban los minutos la alegría del cambio fue menguando, ganando presencia el viejo estilo musical (“La flaca”, “Grita”) y los teclados de la factoría Stefan. Mientras, el guitarra solista acababa las canciones como si fuera el sustituto de Santana. Nada que objetar a los ejecutantes, todos memorables en lo suyo. Tras un bis y un segundo regalo en forma de “versión original” de La Flaca, el grupo catalán dio por cerrada la gira española. Y nosotros sellamos nuestro bloc de notas con dos títulos que buscaban resumir la velada: “Todo me parece bonito” y “Depende”. De su conjugación salió el resultado de la actuación.

Donostikluba: Un paseo por las nubes

Intérpretes: Estereotypo, The Requesters, Delorean, Stereo Mc´s DJs. Día: 10 octubre 2009. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Asistencia: lleno, unas 600 personas.

Caminar por una velada en la que la música suena elevada de potencia y ritmo, sin apenas descanso, siempre en la cima de lo bailable, puede resultar fatigoso. E

s lo que nos pasó el sábado en el festival Donostikluba. Bordeamos el “mal de altura”, porque daba la sensación de que cada una de las bandas o pinchadiscos presentes eran ideales para cerrar el cartel.

Los cántabros Estereotypo no dieron pie al relajo durante su actuación. Como en el caso de la banda Placebo, es algo asombroso que seas un trío y repartas semejante estopa danzarina, mezclando los aciertos de Franz Ferdinand con guitarrazos más fieros.

El dúo barcelonés The Requesters no sólo hizo cima, sino que intentó subirse al banderín que suele ondear sobre el punto más alto con el único apoyo de dos ordenadores. Canciones ajenas y propias, algunas estrenadas en su cita donostiarra, que convirtieron la sala donostiarra en un moderno discotecón.

Y Delorean, los culpables de colgar el cartel de “no hay billetes”, los causantes de que en la puerta de entrada se vieran las más diversas triquiñuelas para poder acceder al recinto, buscaron sobreponerse al sonido apagado que les tocó en suerte para confirmar ante su público (ayer no debió quedar nadie en su Zarauz natal) las buenas palabras que les han dedicado los medios internacionales.

La parte más alucinante del concierto fueron sus primeras seis canciones, repertorio elaborado bajo el nuevo enfoque de la formación. Ese que fusiona su ritmo imparable con las vaporosidades de los norteamericanos Animal Collective. Siendo más sincero que chovinista, las nuevas composiciones suenan más atractivas que el ejemplo guiri. Tras la media docena inicial, el cuarteto guipuzcoano retomó de manera más clara su vieja fórmula y elevó a los asistentes al cielo con melodías cortadas y baterías muy marcadas.

El cantante de los británicos Stereo Mc´s (rebautizado en Donostia como “el novio cadáver”, por su facciones delgadas) fue el encargado de bajar la persiana del Donostikluba 2009 con una selección de canciones que debió olvidar el romanticismo en el hotel. La pegada fue constante, exaltada y casi carente de oxígeno. Como los paseos cerca de las nubes.