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Categoría: Críticas de conciertos

Txotx alternativo

La Sidrería Petritegi ha sido centro de celebraciones la primera semana de enero durante los últimos años, en una suerte de inauguración alternativa de la temporada de sidra (la oficial se realizará dentro de una semana). Fiestas que han presentado siempre idéntica oferta: música, bebida y comida.

La organización del evento fue excelente, con traslados en autobús para que nos olvidáramos de los coches. La comida, un menú de sidrería, llegó con banderita de Eusko Label y fue tan deliciosa como abundante. Todo bien regado con visitas a la zona de kupelas. ¿Quien quiere más?

Pues aunque algunos solo fueran a picotear alimento y sonido, hubo quienes se acercaron para escuchar a las bandas musicales invitadas. Los oiartzuarras John Berkhout abrieron la velada. Su mezcla de raices folk, calma celestial y deliciosos juegos de voces hizo las delicias del público el pasado sábado.

Aunque para disfrutar, lo del trío Cápsula. Menudo torbellino de energía. Un cantante/guitarrista al que no le sobra un gramo de grasa, una bajista que une la sensualidad de Sonic Youth con la expresividad latina – ambos músicos son argentinos- y un batería de Santutxu implacable como metrónomo pegador.

Recién llegados de una relevante gira por Norteamérica y tras haber pisado todos los locales de la península, Cápsula siguen siendo el mejor ejemplo del ADN rockero. Aquel que se bregaba en locales que ahora se han convertido en museo o que hoy no pisaríamos porque la vida se ha aburguesado en demasía.

Este trío residente en Bilbao está aquí para recordarnos todos aquellos valores primigenios con sencillez, calidad y humildad. Mezclándolos con toques sicodélicos o desérticos. Paseándose entre el público mientras actúan y homenajeando a autores como David Bowie. Por cierto, hablando del autor de pupilas asimétricas, mañana el festival Dock Of The Bay proyecta en Donostia la película que recoge la grabación del disco con el que Cápsula homenajeó al Duque Blanco.

25 aniversario @lebukowski: 25 años no son nada

Fin de semana de celebraciones en el donostiarra Teatro Principal. El bar Le Bukowski, la única sala privada que programa unas 200 actuaciones anuales sumando directos y sesiones de DJ, celebraba sus veinticinco años de apertura con una programación que jugaba a quitarle las telarañas al teatro más antiguo de nuestra capital.

El viernes consiguieron trasladar el espíritu festivo, rockero y enrabietado desde la sala de la calle Egia hasta la calle Mayor. Fue un día “Bukos”, con más gente en las barras que en los asientos, empezando con retraso y con una selección de bandas que bien podrían conformar el ADN de nuestra amada tasca sonora.

Makala y su banda amenizaron el cóctel de bienvenida con los sonidos danzarines que les caracterizan. Tras la entrada le llegó el turno a Javier Sun, quien repasó éxitos de todas sus épocas y realizó una curiosa versión del “Txoria Txori” de Mikel Laboa. El cantautor está viviendo una segunda juventud, y encontró un hueco para recordar a los antiguos y nuevos gestores del garito homenajeado.

Los integrantes de Señor No también agasajaron al bar invitando a Josu Urbieta -uno de los gerentes actuales del Bukowski- a tocar un tema. No fue el único convidado en un retorno a los escenarios que esperemos se prolongue en el tiempo y no quede en reivindicativa cita puntual. La vitalidad de Señor No siempre será bien recibida.

La noche se cerraba con el casi estreno de Los Separatistas, la superbanda del momento: Miembros de Lisabö, Atom Rhumba, Willis Drummond y Anari, junto con Joseba Irazoki y el cantante británico Dan Wilson. Ofrecieron uno de los mejores actos de todo el fin de semana.

El sábado, ya en entente cordiale con la programación cultural Donostikluba, la cosa se tornó más folk y anglófila. Abrió fuego Luke Amstrong. El virtuoso de los arpegios -impresionantes sus paseos por la cejilla de araña- se presentó con el bajista Josetxo Orueta. Poco más le hace falta a este irlandés para encandilar a los presentes con sus paseos de corte británico. Bellos momentos que en esta ocasión quedaron frenados por los continuos cambios de afinaciones.

La fiesta se cerró con la gran actuación del grupo Audience. Los vizcaínos presentaron las canciones de su último disco “Big Affair”, y encontraron hueco para recuperar temas muy antiguos y otros más cinematográficos, como los que realizaron para el film “Amerikanuak”. Soberbios en su acercamiento a los clásicos (Bowie, el sonido Americana, Tom Waits, el Lou Reed de “Walk On The Wild Side”) y huyendo en lo posible de las estructuras habituales, sus canciones unen toques de energía cruda y mucha elegancia. Como la demostrada en ”Ez da Txatxetan”, su mejor tema.

Zorionak por la celebración, Le Bukowski. Fue inmejorable. Nos vemos dentro de otro cuarto de siglo. Y cada semana, claro, en los conciertos que montáis.

Anari, Anna Calvi: Otras voces

Intérpretes: Anari, I Have A Tribe, Anna Calvi. Lugar: Casa de Cultura de Intxaurrondo (Donostia). Día: 13 de diciembre del 2013. Asistencia: unas 350 personas

“Bueno, ya nos podemos ir a casa”, dijo un asistente tras acabar el concierto de Anari el pasado viernes en la casa de cultura de Intxaurrondo. Y pensamos que la sala, abarrotada, se iba a vaciar, porque la autora guipuzcoana movió legión de seguidores -como siempre- a su cita capitalina. Pero la gente es heterogénea. O simplemente es que una vez de pagar la entrada uno se queda a ver el resto del cartel. Porque de allí no se movió nadie hasta el cierre.

La de Azkoitia ofreció un concierto acústico soberbio, con una voz muy entonada, atacando la parte más afamada de su cancionero y entonando en euskera una versión de Bob Dylan. Los tres cuartos de hora de su paseo se hicieron breves. Aunque nada comparado con la actuación del muchacho denominado I Have a Tribe y sus escasos veinte minutos. A la guitarra pareció Sting haciendo temas de fondo reggae, y al piano un crooner épico. Un autor inquieto y bastante libre.

Y libertad es el apellido oculto de Anna Calvi. La comparan con PJ Harvey, y algunos puntos manejan en común. Pero la bellísima Anna es más juguetona. Y toca y canta como los ángeles, bien acompañada por un batería fantástico y un par de músicos que completan los huecos que dejan sus guitarrazos. Menudo virtuosismo muestra la dama a la hora de atacar las cuerdas. Su formación clásica le permite estirar las falanges hasta trastes insospechados.

Lástima que a veces tanta inquietud se pierda en el anhelo de la modernidad. Es bonito que Brian Eno te halague con razón, pero en ocasiones no seguir los cánones de la estrofa y el estribillo puede hacer que se te olvide transmitir emociones. Será que somos unos clásicos, o ellos muy avanzados. Mas hubo pasajes que sonaron tan preciosos como huecos. No fue la sensación general. Los aplausos fueron abundantes durante su actuación de una hora. Y la mesa de merchadising estuvo muy solicitada al final, con la británica repartiendo sonrisas y posando con amabilidad mientras firmaba discos.

Destroyer: La hora más bella

Intérpretes: Lou Topet, Destroyer. Lugar: Sala Gazteszena (Donostia). Día: 10 de diciembre del 2013. Asistencia: unas 75 personas.

Gracias, Dan Bejar, alma mater del grupo Destroyer. Gracias por dejar de lado esas compañías que te hacen sonar new age y algo tostoncete. Sabemos, como vimos en aquella abarrotada playa del Jazzaldia donostiarra, que eso es lo que te dio fama hace unos años. Pero a nosotros nos gustas más cuando vienes solo. Como cuando te vimos por primera vez en 2005. Con tu guitarra y tus despeines. Sin mayores efectismos en unas canciones que suenan cercanas, sencillas, emocionantes.

Tras una impecable labor de teloneo a cargo de los zarauztarras Lou Topet -y el curioso “Zu eta nik”, adaptación del “You and I” de sus queridos Wilco-, el canadiense Béjar ejecutó la más bella hora de concierto que vamos a ver en mucho tiempo. Desde la inicial “My Favourite Year” hasta el “Virgin With Memory” que cerró al noche hubo tiempo para degustar temas nuevos aún sin titular, canciones antiquísimas (“Helena”, “Streets of fire”), melodías afamadas (“Chinatown”) y maravillosos paseos por las entonaciones (“Your Blood”, “Farrar, Straus And Giroux”). Sin olvidar las más que dignas versiones que ha hecho del cancionero del cantautor patrio Señor Chinarro. Por todo ello, y por esa intangible y maravillosa sensación de estar disfrutando de un momento especial, te damos el título de “el concierto más hermoso del 2013”.

The New Mendicants: Migas melódicas

Intérpretes: Tristan Crowley, The New Mendicants. Lugar :Sala Andia de Kutxa (Donostia). Día: 5 de diciembre del 2013. Asistencia: unas 100 personas.

Preciosa la velada del pasado sábado en la donostiarra Sala Andía de Kutxa, un autentico “Pubditorio”: Un espacio que une lo mejor de los conciertos de pub con la atención y el respeto del público en los auditorios.

Abrió fuego el cantautor Tristan Crowley. Asentado estos últimos años en nuestra capital, el irlandés ofreció su folk calmado e intenso con la sola compañía de una guitarra acústica. Gastó (y gustó) la hora de actuación, repleta de vivencias personales y letras elevadas.

The New Mendicants -nombre que significa “los nuevos mendigos”- es una unión de colegas con un don compositivo y cantor muy especial. Joe Pernice (del grupo Pernice Brothers) y Norman Blake (Teenage Fanclub) se conocieron en su ciudad actual, Toronto, y pronto hicieron buenas migas. Ahora, como buenos compadres, viajan con sus guitarras recuperando en formato sencillo composiciones propias y presentando las que formarán su futuro disco de debut.

De estas últimas hubo más bien pocas, pero poco importa cuando en la lista se puede disfrutar de temas como ese “Cronulla Breakdown” que Pernice le escribió a su mujer. Fue la pieza más bonita de toda la noche, en dura pugna con el “Did I Say” del señor Blake.
Hubo tiempo para versiones ajenas (Go-Betweens, Sandy Denny) y composiciones de proyectos paralelos como Jonny. Y, cómo no, espacio para las canciones más conocidas de sus respectivos grupos principales: “Amazing glow”, “There goes the sun”, “I dont want control of you”, “It´s all in my mind”… Con ese arte y gusto por las armonías, estos mendigos -Joe Pernice hasta lo parecía con ese look dejado- no creo que tuvieran muchos problemas para pasar el dichoso examen de aptitud del Ayuntamiento de Madrid.

Duncan Dhu: Números redondos

Intérpretes: Mikel Erentxun (guitarra,voz), Diego Vasallo (bajo, voz, armónica), Joseba Irazoki (guitarra, banjo), Fernando Macaya (guitarra), Mikel Azpiroz (teclados), Karlos Aranzegi (batería). Con la aparición de Juanra Viles (Batería). Lugar: Auditorio Kursaal (Donostia). Día:16 de noviembre del 2013. Asistencia: lleno, unas 1800 personas.

Ciento cincuenta minutos de duración. Tres bises. Treinta y un canciones. Con el taquillaje prácticamente agotado, unas mil ochocientas entradas. Los fans de las estadísticas pueden colocar el concierto de Duncan Dhu celebrado el pasado sábado en el Auditorio Kursaal como una de las cimas donostiarras de los últimos tiempos.

Y si le quieren sumar datos subjetivos la cosa puede alcanzar, según el fanatismo del personal, tintes épicos: Buena parte de los asistentes estuvo de pie más de media velada. Y cientos de cámaras de móvil dispararon sus flashes en los instantes más aplaudidos. Una moda imparable que hace vacuo el aviso inicial que suele lanzar la megafonía sobre la imposibilidad de retratar el evento.

Nadie le podrá reprochar a la banda donostiarra el ser unos rácanos en este regreso prologado por un tema de Jonnhy Cash y finiquitado con uno de Elvis Presley. Los dos pilares sonoros básicos de esta vuelta a los escenarios, sin olvidar el peso de los tremendos Wilco, también norteamericanos.

Porque Mikel Erentxun, en solitario o de la mano de Vasallo, ha encontrado en Joseba Irazoki su Nels Cline particular. El músico de Bera, un ídolo del underground, enrabieta y complementa las tonadas de los Duncan con tanto cariño como mala baba, usando para ello la guitarra acústica, la electrica, el slide o el banjo. Dejando la sensación de que si le dieran una cafetera seguro que le sacaba un par de punteos gloriosos. El resto de la banda, de marcado carácter guipuzcoano, no le va a la zaga. Con esos compinches hasta una tuna llenaría el Estadio de Anoeta.

Y las canciones, claro. Que viven instaladas en nuestro cerebro aunque nos hagamos los despistados. Porque es increíble darse cuenta de que, a lo tonto, has silbado de parranda o con los cascos por la calle más de la mitad del repertorio ejecutado. Y que, y esto es mejor noticia aún, las melodías más novedosas, las publicadas en el CD “El Duelo”, son de lo mejorcito que podía entregar una formación que en 2014 cumplirá treinta años de vida. Otro aplauso a las actualizaciones y experimentos varios, como los realizados en “Los días buenos” o “Entre salitre y sudor”. A “La barra de este hotel” le vino bien el toque Elvis, pero es que ya era un tema perfecto en su origen.

Sonaron todas las que debían sonar (solo faltaba…). En un orden que, como mandan los cánones, empezó bien y acabó por los cielos del aplauso y la locura. Duncan Dhu tuvo el detalle de dejar cantar al respetable buena parte del tema “Jardín de rosas”. También podrian haberles cedido el micro entero en “Esos ojos negros”, porque la canturrearon casi entera en uno de los descansos.

Erentxun sigue siendo el foco principal de la banda, el punto al que dirigir la mirada. Diego Vasallo continúa un paso atrás en el escenario. Espacio que abandona con suma elegancia y aire canalla cuando llega el turno de interpretar sus muy aplaudidas tonadas bajo esa voz voluntariamente castigada. Ambos enfoques, cada vez más divergentes en su concepción, casan bastante bien en este retorno. Una vuelta que tuvo el bonito detalle de invitar a Juanra Viles, el que fuera miembro de la banda en sus inicios. La interpretación de “Casablanca” en formato más acústico fue una catarata de emociones. Y El saludo del trío la foto de una noche que el público recordará como inolvidable.

Exitoso regreso de Duncan Dhu

La banda donostiarra llenó el Kursaal ofreciendo un concierto excelente en calidad y duración

“Nadie es profeta en su corazón”, cantaba Mikel Erentxun en uno de sus discos. Pero sí que puede serlo en su tierra, aunque eso le pegue un baile al refranero. Porque Duncan Dhu llenaron el Auditorio Kursaal anoche en esta gira que les ha llevado de vuelta a los escenarios. No es una novedad local: están agotando el taquillaje en todos los recintos en los que actúan. Y en Madrid lo han hecho por partida doble.

Los asistentes al evento donostiarra disfrutaron con la actuación de dos horas a cargo del mencionado cantante y su socio Diego Vasallo: Juntos, en compañía de una banda magnífica en la que destacó el polifacético guitarrista Joseba Irazoki, recuperaron con nuevos y atractivos bríos los éxitos que todos el mundo ha tarareado, silbado o meneado en menor o mayor medida: “Una calle de París”, «Jardín de Rosas»,“Esos ojos negros”, «En algún lugar», «La Casa Azul» o las bien actualizadas “La barra de este hotel“ o “Entre salitre y sudor”, . También hubo espacio para algunas de las canciones publicadas en “El Duelo”, el último de sus discos, publicado a finales del pasado verano.

Con un Erentxun como rey de la escena y Diego Vasallo en un discreto segundo plano que abandonaría en ocasiones para tomar el micro y ofrecer un elegante y rasgado contrapunto vocal, el grupo invitó a la fiesta a Juanra Viles, la que fuera tercera pata de la mesa Duncan y ahora dedicado a otras labores políticas. Cualquiera diría que quedan unos meses para que la formación cumpla los treinta años de vida. Su regreso, que esperamos no sea puntual, ha supuesto volver a recuperar aquellas grandes canciones sin tirar de melancolía (“la nostalgia solo sirve para contar estrellas“, dicen en “La última canción”, un tema de su reciente CD), permitiéndonos además poder disfrutar del nuevo toque sonoro, más guitarrero y norteamericano.

Donostikluba: Tres días en danza

La joven banda bilbaína Zenttric tuvo un mini éxito hace unos años titulado “Solo quiero bailar”, con un estribillo pegadizo que se basaba en la repetición de dicha frase. Y Donostia pareció darle la razón, si nos atenemos al fin de fiesta del Festival Donostikluba que se ha celebrado este fin de semana en la capital guipuzcoana. El sábado fue el día de mayor afluencia de público, con una sala Gasteszena cercana al tope. Bandas nacionales y extranjeras de corte electrónico y brioso encabezaban el cartel, demostrando que la ciudad de espíritu juvenil disfruta con estas actuaciones.

Mendetz y The Whip fueron los grandes triunfadores de la velada. Los primeros, catalanes, demostraron gran coordinación y gusto por los detalles en cada una de las composiciones. Sus maneras sintéticas fueron las más bailadas del Donostikluba. Y mira que tuvieron trabajo el sábado, empezando el día con una sesión DJ en la tienda de uno de los patrocinadores del certamen, y acabando la noche de igual manera en la sala del barrio de Egia.

The Whip, banda sorpresa del primer festival Kutxa Kultur de Igeldo, regresaba a la ciudad para confirmar aquel buen sabor de boca con pegada y canciones. Lo suyo está más cercano a la energía rock que impregnaba los temas de la movida “rave” inglesa. Con subidones a lo Orbital y mucho ritmo entrecortado, el trío se bastó y se sobró para agitar el local, acercándose a Depeche Mode en los mejores temas y cumpliendo con creces en el resto, de corte más “hooligan”.

Baile diario

“Pero eso de que sea el día para bailar es una verdad a medias. Yo también bailé el viernes, y el jueves”, nos espetaba un fiel del certamen, no sin razón, cuando le expusimos esta teoría la noche del sábado. Nadie puede negar que el rock y el pop también hacen mover al cuerpo, aunque la agitación de sus fieles sea menos visual.

Porque uno también se puede cimbrear con los cantares de La Mala Rodriguez, uno de los exponentes del hip hop nacional y protagonista de los micros la tarde del sábado. O con las propuestas de los grandes triunfadores de la noche “indie” del viernes: Wild Honey y Kokoshca.

“El cariño salvaje” madrileño vino con toda la banda a Donostia para presentar su excelente disco “Big Flash” tras una mini gira por Japón. Guillermo Farré, su alma mater, el creador que siempre tendrá cara y alma de niño, hace canciones como soles. Un pop de alto octanaje que se acerca a Brasil cuando la cosa se pone más tierna. Momentos suaves y emocionantes en los que les tocó pelear contra los murmullos de aquellos que esperaban la actuación de Miss Cafeína. Peor lo pasaron los chicos y chicas de Doble Pletina, embajadores del costumbrismo popero que exportamos hace unos años bajo la etiqueta de “Donosti Sound”. A mayor suavidad en las ejecuciones, mayor volumen asistencial.

Donostikluba es un festival barato en sus entradas, dado que nos permite ir a ver a la banda que deseas y “chascarrillear” el resto del tiempo. Una pena que se haya ido perdiendo el afán descubridor de estas reuniones. Con lo bonito que es abandonar el lugar con un disco que no conoces bajo el brazo o un nombre de banda apuntado en un papel o el móvil. Nos sigue faltando un punto en esa cuestión, aunque en el resto de grandes ciudades la cosa anda bastante peor.

Pero sigamos pegando botes con las propuestas. Porque los navarros Kokoshca se doctoraron en nuestra ciudad. Con un CD recién editado en Ayo Silver, una pequeña discográfica donostiarra, arrasaron la sala Gazteszena con la mejor combinación de rock, energía y vitalidad vista en meses. Fusionando los diferentes estilos que suelen presentar en sus canciones, a ratos similares a la Velvet Underground más cabreada y otros embriagadores, caso de los temas “Directo a tu corazón” o “La Fuerza”.

Hubo más maneras de zarandear el cuerpo. Y el alma. Bill Ryder Jones y Deptford Goth ofrecieron conciertos delicados y profundos. Za! lo lanzó todo por los aires con su coctelera imposible. Y los madrileños Cohete sonaron mejor que nunca, con ese pop de trompetas juguetón y vitalista.

Aunque supongo que la mejor de las conclusiones es la de ver al director del festival contoneándose entre el público en algunas actuaciones, siempre con la sonrisa en la cara. Todos los directores culturales creerán en su propia oferta y la defenderán como la mejor. Pero ver a un responsable expresarse corporalmente de esta manera es el mejor ejemplo de su dedicación y convicción. Donostikluba ha vuelto a ser un éxito en sus propuestas. Y que nos quiten lo bailado.