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Categoría: Críticas de conciertos

Revolver: No es tan solo amor

Intérpretes: Carlos Goñi (voz, guitarras), Manuel Bagües (bajo), Julian Nemesio (batería). Lugar: Teatro Victoria Eugenia (Donostia). Día: 8 de mayo del 2015. Asistencia: unas 500 personas.

Es todo un personaje el señor Carlos Goñi. Su personalidad no deja a nadie indiferente. Obviamente la noche de ayer toda idea negativa quedó fuera del Victoria Eugenia, que registró una buena entrada de convencidos seguidores. Y quién sabe si de acudir al concierto algún que otro detractor hubiera salido con pensamientos positivos de la cita.

El “muchacho” se lo curra. Consigue conectar con la platea, que le aplaude, corea y jalea en cuanto tiene ocasión. Vale que muchos de los palmeros son de su quinta – aunque se pudo ver más de un universitario entregado-, pero Goñi no deja de contar historias entre canción y canción. Una de sus mayores virtudes es su cercanía, sin duda. Su homenaje al teatro donostiarra, emplazamiento que pisó hace 17 años, sonó muy convencido. La narración alcanzó notas catárticas en algún momento, caso de la acústica “Te amo temor”. El aplauso que la gente le ofreció al acabar ese tema premiaba también una lista de canciones elegante que cuenta con una parte bien rabiosa y una sección acústica.

En lo eléctrico el trío se basta y se sobra para ofrecer un power pop de gran pegada. Bob Dylan y Bruce Springsteen siguen estando en el cabecero de la cama. Solo hay que ver la duración del concierto: 150 minutos. Pero también podemos recordar a Matthew Sweet, Billy Joel y otros autores norteamericanos en las inspiraciones de los temas. Hay guiños portugueses (“El Faro”), temas más blues (“La moral”), aires latinos (“Mi rendición”), denuncias sociales (“Odio”) y temas que en un estadio tienen que sonar de rechupete (“Si no hubiera que correr”). El cierre llegó con “El Dorado” y “Si es tan solo amor” y un público puesto en pie. Hecho que conmovió al autor hasta hacerle abandonar el escenario muy emocionado.

Luna llena

Intérpretes: Urko Menaia, Flowers, Luna. Lugar: CC Intxaurrondo (Donostia). Día: 25 de abril del 2015. Asistencia: casi lleno, unas 450 personas

Grupos que tocan entero un disco de hace treinta años. Formaciones revival que solo comparten con la banda original el hecho de que el tipo que afina las guitarras sea el mismo. El propio Dean Wareham, cantante de la banda principal de la noche del sábado, lo intentó sin mucho acierto hace unos años con otra de sus formaciones seminales -ya ven , unos tanto y otros tan poco-, Galaxie 500. Estamos tan mal acostumbrados a este tipo de conciertos fantasma (basados en un sentimiento “corpóreo” pasado) que toparnos con la gira del grupo Luna fue un regalo para los oídos.

Diez años llevaban los miembros del grupo sin subirse juntos a un escenario, y por momentos sonaron mejor que en aquella gira de despedida. Pizpiretos al micro – quién sabe si como influencia de ese licor local tan nombrado entre canción y canción-, el cuarteto norteamericano ofreció muchas de sus grandes “pequeñas” canciones basadas en las enseñanzas de la Velvet Underground, Television o The Feelies. Luna son el Nueva York acogedor y sencillo. Apenas levantan la voz y emocionan como pocos. Baterías sobrias, juegos de guitarras maravillosos. Canciones como “Chinatown” o “This Time Around”. Tantas cosas a destacar…

El único momento menguante fue la interpretación de ¡cuatro! versiones seguidas. Nada que objetar a la belleza de las mismas. Pero, demonios, no se pueden dejar fuera melodías como “California” o “Slash Your Tires”. Minucias que no deberían empañar un momento extraordinario. Porque Luna dejó en los donostiarras una huella tan imborrable como los sellos que te ponen a la entrada de los conciertos de Intxaurrondo.

Sergio Dalma: La cosa más bella

Intérpretes: Sergio Dalma (voz) , Jorge Villaescusa (teclados), Jorge d’Amico (guitarra), Oliver Martín (guitarra), Alicia Araque (guitarra, voz), José Vera (bajo), Cristian Constantini (bateria). Lugar: Auditorio Kursaal (Donostia). Día: 10 de enero del 2015. Asistencia: lleno, unas 1800 personas.

Lo (casi) nunca visto. Y miren que hemos pateado tugurios y estadios. Pero lo que sucedió el sábado en el Kursaal fue memorable. Espectacular. Muy pocas veces se ve tamaña conexión entre el público y el actuante. Sergio Dalma se doctoró, si no lo estaba ya, en Donostia con un concierto que elevó las almas – y hasta los hombros del asiento- de unos presentes que habían agotado el taquillaje. Hasta las zonas laterales superiores estaba ocupadas. Y si hubieran sacado a la venta localidades para verlo cual Olentzero colgando de la ventana, estas también se habrían ventilado.

Dalma es el yerno/amante/marido/novio perfecto. No porque lo veas un par de horas y luego se pire. Es que es majísimo. Lo digo en serio. Un tío muy afable, zalamero sin malicia, un galán. Ahí queda el detalle de la única chica que pudo subir al escenario a abrazarle, la envidia de las otras mil que se quedaron con las ganas. Los chicos presentes asistían a un “robo emocional temporal de pareja” en toda regla. Así estaban, que no se movían un ápice. Ojo, no todos, que el catalán también gusta entre los cromosomas masculinos.

Josep Sergi Capdevila Quero (su nombre real) habló de su estancia en Donostia estos días, de su visita a la ciudad hace 25 años, de su amistad con Pepe Dioni o del hecho de que su bajista fuera de Hondarribia. Recibió decenas de gritos de “guapo” y alguno más elevado de tono. Las hormonas volaban por la sala cual napalm en los bosques de la película “Apocalipse Now”. ¿Y la música? No es tan relevante.

No me malinterpreten. Fue un buen concierto a todos los niveles. El espectáculo escénico se mostró muy adecuado, con juegos de luces que elevaron la presencia del protagonista sin dejarnos ciegos con los focos. Lo que quería decir es que su rasgado cantar y sus ejercicios musicales son muy conocidos. Como a los autores de canción ligera, a este tipo de creadores no se le piden piruetas sino una línea estilística más constante.

En su caso la base la forman canciones de corte italiano, provenientes del país latino (caso de “Gloria” o “El Mundo”) o firmadas por el de Sabadell. De estas hubo muchas y muy aplaudidas. Y, sorpresa, “Bailar pegados” no fue la más jaleada. “Galilea”, cerrando la velada, le ganó la partida. O ese “Solo para ti” que puso de los nervios a los chicos de seguridad, con Dalma paseando por entre el público. Y tras 90 minutos de espectáculo con mucho enamoramiento, baladismo terso y toques rockeros, los y las asistentes salieron sin tocar el suelo, levitando de emoción. Y eso, queridos, no lo consigue cualquiera.

Brit Floyd: Homenaje espectacular

Como siempre andan leyendo con urgencia estos textos les sintentizo la impresión general: El concierto de Brit Floyd, banda que homenajea el cancionero de Pink Floyd, fue un espectáculo de luz y sonido en el que las canciones del seminal grupo británico salieron bien paradas.

Ya saben cómo es esto de las “banda tributo”. Gentes tirando de éxitos compuestos por formaciones ya apagadas (no es el caso. Tras años en silencio Pink Floyd acaba de anunciar un nuevo CD) y que buscan monetizar – a un precio poco juvenil- los recuerdos de nuestros años mozos. No sabría decir si el precio de la cita era elevado o no, pero puedo afirmar que estos “brit” se ganaron a pulso todos y cada uno de los euros del ticket donostiarra

Primero por extensión. Porque hay que estar más de dos horas y media tocando complicados temas sinfónicos. Y que después de esas veinte canciones dejar tan buen sabor de boca que la gente te acabe pidiendo un bis puesta en pie y a gritos de “beste bat”.

Muchos de los aplausos hay que dedicárselos a un montaje que no desentonaría en el Estadio de Anoeta. Idea que tiene sus pros y sus contras: Las impresionantes combinaciones de luces eran en ocasiones algo cegadoras para tan reducido emplazamiento. En la pantalla de fondo hubo recuerdos al “wall”, a los malogrados Syd Barret y Rick Wright (precioso el “Breathe” y el “Wish You Were here” que les dedicaron) y muchas animaciones visuales que elevaban el mensaje siempre crítico y conceptual de la banda liderada por David Gilmour.

A lo sonoro tampoco se le pueden poner pegas. La numerosa formación ejecutante interpretó con precisión los intrincados temas de la banda inglesa. Y la selección de canciones encantó al personal. Hubo recuerdos a los viajes iniciales (“Astronomy Domine”), paseos folk (“Fat Old Sun”), temas muy populares (“Money”, “Another Brick in the Wall”), recuerdos a la época setentera (“Pigs”), melodías arrebatadoras (Shine On You Crazy Diamond” fue lo mejor de la noche), momentos críticos (“The Fletcher Memorial Home”) y otros que dejaban entrever de dónde sacaron U2 su influencia escénica más palpable (“Take it back”). Los homenajeados pueden descansar tranquilos. El de Brit Floyd es uno de los mejores espectáculos–tributo que hemos visto.

Pop turbante

Es fácil despistarse con los catalanes Hidrogenesse. Quedarse en la broma. Pensar que estamos asistiendo a un vodevil chusco de los años 80. Una especie de boite trasnochada que une guantes largos y pelos en los brazos, que se apoya en músicas de cabra y corneta. Y plantarse en las pintas de los artistas sin querer mirar más allá. El teclista con un vestido ajustado tan perfecto que sería la envidia de la mitad del universo femenino. El cantante con esas apariencias que le colocan entre Oliver North y Jerzei Balowski (el casero de aquella loca serie televisiva llamada “The Young Ones / Gazteak”).

Sonreír y despreocuparse es algo realmente sencillo con temas como “Disfraz de Tigre” o esa versión popularizada por Acuario titulada “Eso es el amor”. Sin olvidar ese hit enorme titulado “No hay nada más triste que lo tuyo” que gana en profundidad a nada que atiendas a la lírica. Porque Hidrogenesse es una de las bandas más lúcidas del mundo castellano. Entre cantos y piruetas dejan caer letras cargadas de acidez e ironía. No hay más que escuchar “El Artista”, esa canción que habla de callarse a cambio de dinero. O recordar a Alan Turing y su tortuosa vida. Con un futuro, el de la banda, lleno de esperanza. Ahí están nuevas melodías como “A los viejos” y sus frases geniales: “los viejos son el futuro” o “los viejos son la juventud”. Algo tendrá su música cuando la bendicen, y te eligen para producir el último disco de Single, amigos y compañeros de cita en Donostia.

La pareja más sofisticada del pop volvía a su ciudad natal con nuevo disco bajo el brazo, “Rea”. Aunque lo más sorprendente del tenderete de discos fue encontrar sus primeros tres singles en un lote de cinco euros. Solo por las portadas de Javier Aramburu ya merecía su compra.

Ibon Errazkin y Teresa Iturrioz, curtidos en grupos rupturistas – a su manera- como Le Mans o Aventuras de Kirlian, han decidido en esta nueva aventura “soltera” divertirse a la hora de hacer canciones. Algo maravilloso cuando unes tu espléndido componer con entonaciones que no quieren abanderar más movimiento que el tuyo propio. Hoy le pegas al ritmo jamaicano, mañana se contoneas con la música disco, el fin de semana homenajeas a Camilo Sesto y el mes que viene te elevas con el folk andino. Son como Les Rita Mitsuoko pero en versión castiza y global.

Ibon y Teresa llegaron vestidos de hindús futuristas y acompañados por un teclista, desplegando todo su arte a la hora de jugar, también en este caso, con vocales y consonantes. Es escuchar “Posponías” y ver cómo se te eriza el pelo. O disfrutar de ese vello en composiciones como “Me enamoré”. Rapean en las estrofas, lo bordan en los comentarios entre canciones. Aciertan con temas como “Tu perrito librepensador” o la oriental “Mr Shoji”. Sintonía, por cierto, de “Cachitos de Hierro y Cromo”, el único programa musical de la tele actual.

Aunque esa pena sonora no fue la única que tuvimos el pasado jueves. Fue una lástima que en algunas zonas del recinto hubiera dificultades para entender las soberbias letras de dos de las formaciones más sencillas de sonorizar (apenas dos instrumentos por conjunto, y varios de ellos digitales). Algo especialmente remarcable cuando manejas unas líricas de este calibre y una voz tan recia como la de Teresa. Esos altibajos sonoros contribuyeron a que la parte “acústica” del concierto de Single, la guitarra de él y la voz de ella solas sobre las tablas, fuera de las más aplaudidas. Un formato cercano y desnudo, de piano bar, que esperamos articule alguna gira futura. Se bastan y se sobran así.

El indie ha muerto

Estos días el underground cultural, ese espacio habitable situado entre los likes del Facebook y las menciones de Twitter, anda algo revuelto. La razón: la publicación de un libro de Victor Lenore titulado “Indies, hipsters y gafapastas”, una especie de retrato de nuestra modernidad más consumista. Filias y fobias vuelan a golpe de click hablando de un autor que ha demostrado mucho tino con la capacidad de enganche de los titulares. Suyo es otro texto que tenía como encabezado el impactante “Españoles: El indie ha muerto” que hemos homenajeado en este artículo.

No soy capaz de aventurar si la dichosa etiqueta, el indie de marras, aún tiene algo de poso creativo o si realmente se ha quedado en eso, en el pespunte de una camiseta. Pero si lo que hay en el Más Allá (del indie, se entiende) es el grupo León Benavente, denme una pala que ya me encargo yo de echar la tierra que le falta al finado.

Capaces de gustar a estrictos y laxos, no es de extrañar que este cuarteto haya ofrecido más de 120 conciertos en un año. Una aventura que comenzó “entre León y Benavente, que es como decir en medio de ninguna parte”. En dicho punto colocaba Nacho Vegas, redactor de la nota de prensa de este grupo, el nacimiento de la banda. Tendrá más difícil situar en el mapa el local de ensayos de estos mozos. Con tanta actuación no hace falta mucho repaso.

Ese trabajo se nota en el escenario. Más allá de ser músicos curtidos en mil aventuras, su lista de canciones es una fiesta de sonidos impactantes y bien oscuros. Sin espacio para las baladas ni el ensoñamiento. Desencantados en las líricas y férreos en la ejecución – toda la casa se sostiene en el marcial trabajo de Cesar Verdú a la batería. Qué maravilla de simplicidad y pegada- . Con melodías que redescubres en vivo. Ahí tenemos “La Palabra”, una letra ácida que en Intxaurrondo ganó en cabreo emocional. Frase que podemos extender a la fantástica “Ser Brigada”. Un tema que no echó en falta la voz original de Cristina Martínez, componente del grupo El Columpio Asesino. Lástima que la otra colaboración del CD, la de la donostiarra Irantzu Valencia (La Buena Vida) no pudiera disfrutarse en la cita. Hubiera sido un broche perfecto para una de las actuaciones que recordaremos al hacer balance del año.

Victoria tropical

Dos personas. Un chico y una chica. Ese era todo el público presente en la sala Gazteszena del barrio de Egia cuando The Free Fall Band hizo sonar sus primeros acordes. En el fondo los asistentes (justo justo se puede usar el plural) fueron unos afortunados, porque pudieron ver entero el set de estos catalanes. Una colección de canciones maravillosa, con un nervio popero pocas veces visto. Y dignificando el uso del saxofón en estas lides. A ratos se disfrutaba como con los primeros Hefner, y en otras simplemente uno se descubría la sonrisa en la cara ¡Qué más se puede pedir!

Tras ellos llegaron Trajano, apuesta que está subiendo como la espuma y quien sabe si no se disolverá como la misma. Tienen un buen fondo sonoro, ochentero, tan oscuro como nervioso. Pero su cantar, antinatural y muy grave, hace que los odies o los ames. O lo que es peor, que no te digan nada. Mejor lo hicieron los noruegos Beezewax, sobre todo en el arranque y el cierre de su actuación. La zona media fue algo monótona, cayendo las buenas impresiones que causaron sus primeros temas. Unas melodías muy del gusto nórdico -seguimos hablando de pop-, con esa habilidad que manejan en Escandinavia para sonar dulces pero no ñoños.

Y como colofón el grupo que todos esperaban, Is Tropical. Los londinenses no fallaron en su presentación donostiarra, ofreciendo un concierto pleno de vitalidad. Estos británicos controlan las manijas actuantes que da asco (ya me entienden) escucharles. La suya fue una selección de temas perfecta, bailando sin perderle el ojo a los Jam, llenando la sala de energía a cada golpe de batería. La noche se cerró con la sesión DJ del colectivo Ni Mu y su electrónica danzarina.

Tania de Sousa: Un estreno impactante

Interpretes: Kasernarat, Tania de Sousa. Lugar: Casa de Cultura de Intxaurrondo (Donostia). Día: 19 de septiembre. Asistencia: unas 150 personas.

No sabemos si por sorprendernos, por agradarnos o por ofrecer unas músicas inesperadas (o casi), pero el primer concierto de Tania de Sousa ante su público nos dejó encantados. Apadrinada por Fermin Muguruza, que se la llevó como voz principal al proyecto “Zuloak”,uno esperaba que el riachuelo corriera por determinados cauces. Y solo en el guiño al mentor, la canción “Talka” que el susodicho cantó y agitó sobre el escenario de Intxaurrondo, se pudo ver algo del espíritu combativo, eskatalítico y respondón que caracteriza al león de Irún. El problema, como siempre, es nuestro. Que vamos a los sitios pensando que ya nos sabemos el guión de la película. Y luego nos desarbolan.

Tania, curtida en mil y un grupos fieros, ha virado ahora hacia los sonidos del guitarrista de su banda, el cantante del grupo donostiarra Correos. Para quienes no les conozcan, diremos que hacen un pop impactante, vital y muy directo. Y ella se muestra como pez en el agua bajo esa suerte de rasgados. El comienzo del concierto fue apabullante, lleno de guitarras enérgicas y una voz que acababa resoplando entre canciones. Aires británicos, toques electrónicos. Oscuridad y energía. Haciendo buenos estribillos. Todo ello cantado en euskera. ¿Esto era lo de tender puentes entre culturas? No lo sé, pero el resultado fue muy atractivo.