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Categoría: Críticas de conciertos

Lee Fields & The Expressions Un estupendo banquete

Si se aburren un domingo pongan un concierto soul en su vida. Una máxima seguida por algunos que debería ser norma, ley y decreto de obligado cumplimiento para todos. Al menos si el zapatazo vivaracho viene de Lee Fields y su banda de acompañamiento, los sensacionales The Expressions.Seis lugartenientes de piel caucásica que ya han puestos sus trastes y soplidos en las formaciones de Amy Winehouse, Sharon Jones y Antibalas Afrobeat Orquestra entre otros. Ahora de gira por la península, Fields y sus expresivos amiguetes pisaban la “sala de banquetes” – así rezaba el letrero- del Kursaal tras estrenarse en Madrid y antes de seguir ruta por Zaragoza y Barcelona.

Al frente de todos ellos Lee Fields. Hombre que ha aprendido las maneras de su maestro, el eternoJames Brown: Largos Interludios antes de entrar en escena, contantes interacciones con el público,muy agradecido ante la respuesta de los presentes… La gente picó el anzuelo y respondió con entusiasmo a la solicitud de aplausos y vítores. La música esta vez justificó las palmas, porque el concierto fue bien elegante.

Bien es cierto que, sin desmerecer gritos y giros a lo Bisbal, Lee Fields ya se mueve mejor por los caminos más desahogados del soul. Esos tonos que conjugan la potencia vocal con las músicas más sentidas. Así destacaron “Standing By Your Side” o la bluesera “Don't Leave Me This Way”. Nos dimos el gustazo de asistir al estreno de “Never Be Another You”, presente en su último disco “Special Nights” y nunca antes interpretada en vivo. Y hubo meneos de guitarras quemadas a lo funk (“Make The World Better”, otro estreno) y latigazos llenos de estilo (“Money I$ King”).

Tras un bis limitado (en la víspera fue más extenso) y apenas 70 minutos de actuación nos fuimos encantados. No le pidan novedades estilísticas ni largas listas de canciones a alguien cuyo primer single data de 1969. Tan solo que ofrezca un concierto estupendo. Y como fue el caso, a casa todos contentos.

Los siete magníficos

Fue el día soñado para muchos. Al menos, para las 600 personas que llenaron la donostiarra sala Gasteszena. Y como todos los días soñados, estuvo a punto de no serlo. “El de hoy sería un buen capítulo del libro de anécdotas en esto de montar conciertos”, nos contaba uno de los gestores de la Sala Dabadaba, promotores del evento.

La narración podía haber empezado explicando cómo se gestó este show, hace dos años, cuando dicho organizador se quedó fuera de un concierto de Brian Jonestown Massacre porque la cola para acceder al recinto era de cientos, miles, de personas. “Yo te montaré un concierto en Euskadi”, dijo el muchacho. “Hazlo”, le respondió la banda en twitter. Y hasta el miércoles pasado. Día en el que la fila parea retirar entradas era larga, mas no tanto. Nuestros vecinos franceses aprovecharon la cercanía, y la ausencia de “massacres” por Iparralde, para acercarse a nuestra capital. No exageramos si afirmamos que media sala se expresaba en el idioma de Gainsbourg. Aquello parecía un domingo de pintxos por nuestra turística Parte Vieja.

Y como buenos guionistas nos dejamos la mejor pieza para el final, el mensaje que Anton Newcome, cabeza pensante de estos BJM, publicó en su twitter el miércoles a la tarde unas horas antes de tocar. “Un día interesante” decía el norteamericano afincado en Berlín, mientras se veía un montaje de fotos del cantante con batas bastante conocidas para los locales, las del Hospital Donostia.

Kutxa Kultur Festibala: ¡Que empiece la fiesta!

La jornada del Kutxa Kultur Festibala en Tabakalera permitió conocer la nueva sala de conciertos de la ciudad.

“Apertura oficiosa”,“Fiesta de bienvenida”, “Prólogo”, “Jueves universitario” (en boca de un padre de familia con dos nenes, ahí es nada), “Calentamiento”, “Off-Festival”. No me negarán que somos buenos a la hora de ponerle etiquetas a las parrandas que rodean un evento relevante como el festival Kutxa Kultur.

Todas esa definiciones se las escuchamos a los asistentes a la hora de presentar la fiesta que ayer ocupó Tabakalera bajo el nombre de “Fiesta Bienvenida Donostia Kutxa Kultur Festibala”, un cartel de músicos y DJs que sirvió para entrar en calor con lo que nos viene encima este fin de semana y, de paso, conocer la nueva joya escénica de la ciudad, el Kutxa Kultur Plaza.

No fue la primera cita de este trote festivo. Esta semana se paseó por la capital la exposición de las ilustraciones del festival, una muestra en la que 12+1 autores (Iker Spozio, Mikel Casal, Amaia Arrazola, Mercedes Ballard,….) dibujan lo que les han sugerido otros tantos nombres relevantes del Kutxa Kultur Festibala (Berri Txarrak, Young Fathers, Cat Power,….). Un repaso -con copias a la venta- que pueden ver quienes estos días se acerquen a Tabakalera. Su compra tendrá poso solidario: parte de la recaudación se destina a la Fundación Zaporeak que trabaja en las costas de la isla Chios ayudando a los refugiados que llegan por mar.

El guateque de ayer comenzaba lejos del Centro Internacional de Cultura Contemporánea. La mallabiatarra Izaro, una de las promesas más exportables que ha dado la región este último año, cortaba la cinta inaugural en la nueva oficina que el “requetenombrado” banco tiene en la donostiarra Calle Arrasate. En Tabakalera los honores preliminares le correspondieron a DJ Mato, con una selección de melodías impepinables que incluyó selecciones modernas a rabiar (Car Seat Headrest) con otros grupos como Stone Roses, Morrissey o The Pains Of Being Pure At Heart.

En la cercana azotea Iñigo Serrulla, otra perla de nuestros imberbes constructores de canciones, acercaba sus portentosas melodías a los asistentes. Curiosa estampa del moderneo presente, con jubilados echando tragos de Keler y portando la bolsa playera (tote bag) que regalaban. La “nueva” juventud, a tope con el festival.
Ambos conformaron un perfecto entrante de las actuaciones que vendrían a continuación en el Kutxa Kultur Plaza, un espacio que ya conocen quienes se acercaron a las jam sessions del Jazzaldia. La nota técnica habla de “un nuevo espacio situado junto a la sala de cine de Tabakalera que va a ofrecer una programación moderna dirigida al público amante de nuevas propuestas. Con aforo para 300 espectadores de pie y 100 sentados, preparada para recibir espectáculos escénicos de pequeño-medio formato y todo tipo de música.

Un lugar diseñado adecuado para la música electroacústica”. No se asusten por el “palabro”, se refiere a la música eléctrica y acústica. ¿Acaso esperaban una explicación completamente comprensible de algo que se haga en este edificio modernete? Seguimos. “El escenario es desmontable y permite variaciones, lo que dota al espacio de mayor versatilidad a la hora de acoger espectáculos de diferentes formatos”.

Y traducimos: La nueva sala de la ciudad suena de maravilla y nos dará muchas alegrías. El algodón de la “electroacústica” del jueves no engaña, y el concierto de Ane Leux fue una gozada. La donostiarra, recién llegada de Colombia para realizar una residencia artística, presentaba su segundo disco “Sense” publicado hace apenas tres semanas. Un CD de raíces norteamericanas, cierta oscuridad y tonos cercanos a Norah Jones que supo elevarse en concierto, el primero que daba en su ciudad natal. No sufran si se lo perdieron. Tendrán más ocasiones de verle este fin de semana en el festival.

La parranda continuó con Dan Wilson & The Counterfactuals, un combo temporal que se estrenaba ayer. El líder de la banda inglesa Cubical ha sacado un disco intimista, y ha llamado al varios músicos locales para presentarlo estos días en la ciudad. El arranque festivalero se cerró con momentos más digitales. La culpable fue la canadiense Jessy Lanza y sus sintetizadores flotantes, la música disco y el rock de los ochenta. Ella es una de las sensaciones internacionales con su disco “Oh no”, trabajo alabado en medios de tendencias como Pitchfork.

Delorean: Un momento único

Acababa la estupenda jornada cultural del Itsasfest con un remoloneo por parte de sus organizadores, quienes avisaban por las redes sociales que el concierto de Delorean se adelantaba media hora sobre el horario previsto. Se esperaba una galerna que al final no llegó a nuestra costa. Así, a las 22,30 horas, la nueva hora de arranque, el DJ donostiarra Javi Pez parecía estar cerrando su sesión con la certera “Branquias bajo el agua”, de los también locales Derribos Arias. Se despidió con ese guiño fantástico, y al rato volvió a aparecer en el tablado para soltar otros temas más soul. La gente, que quizás no cazó el aviso tormentoso o quizás ya intuía que el baile de horas iba a quedarse en nada, reventó la playa, pretiles, arenales y baldosas de la zona a las once de la noche.

Asistieron, asistimos, a un soberbio concierto de una formación a la cual nunca más se le va a discutir su procedencia. Ya saben lo que nos gusta defender lo nuestro, y que estos chicos nacieron en Zarautz, pero viven y crean en Barcelona. Y que son vascos pero igual no pero quizás también. Chorradas. Delorean son, como Justin Timberlake o Drake, como Beyoncé o Kanye West, autores del mundo. ¿Exagerado? Difícil parece que dejen colar en ese mundo MTV a alguien que no sea estadounidense o británico, aunque ejemplos haylos.

Aquellos y estos son autores cuya obra fresca, investigadora (Delorean homenajearon con acierto a Mikel Laboa hace unos meses) y refrescante borra de las explicaciones sus lugares de nacimiento o residencias actuales. Quizás hubiera dudas entre algunas fuerzas vivas, pero esta banda ya es su propia etiqueta. Un estilo al que otros autores mirarán con respeto y ganas de que se les pegue algo. Ya tuvieron su momento hace unos años, cuando empezaron a girar por Norteamérica y Asia como usted y yo por el colmado del barrio. Algo que pueden magnificar ahora con “Muzik”, el disco que presentaban el pasado sábado en la playa de Ondarreta.

Estos cuatro chicos comenzaron el evento dispuestos en una fila, como suelen hacer siempre que el espacio lo permite. Las primeras melodías parecían indicar que el cambio, esa constante en su vida creativa, había sido a peor. Que ya no volverían a hollar aquellas cimas que les hicieron famosos. Y a lo tonto, según fueron pasando los minutos, nos dimos cuenta de que esta nueva mutación es mejor aún que la anterior y que estábamos sonriendo mientras bailábamos suavemente, absortos en las melodías. Creo que no hay nada más bonito que sentir que estás asistiendo a un momento único. Mucho se habla del I+D empresarial, pero lo de estos cuatro chavales es un fantástico trabajo de laboratorio cultural.

Delorean parecen haber suavizado sus amores por la música ibicenca – exceptuando el arranque y el bis, una ración de “hits” necesarios pero casi menores en comparación con el resto-. Y sus guiños por la sicodélia han crecido como la espuma. El resultado son unas canciones maravillosas, llenas de felicidad y arte. Fue un estupendo cierre a una jornada repleta de actos interesantes.

Efecto Pasillo: Demasiado largo

Intérpretes: Iván Torres (voz), Javi Moreno (batería), Nau Barreto (guitarras) y Arturo Sosa (bajo). Lugar: Explanada de Sagües (Donostia). Día: 13 de agosto del 2016. Asistencia: ¾ de explanada

Arrancaba el escenario sonoro principal de nuestras fiestas donostiarras con una actuación de fácil digestión a cargo de los grancanarios Efecto Pasillo. Un cuarteto que venía a celebrar ese matrimonio ya habitual y aceptado entre empresas privadas y festejos locales. Su presencia era uno de los actos que celebraba el 50 aniversario de una conocida radiofórmula nacional, como bien se pudo ver en las pantallas de fondo durante todo el concierto.

La plaza, en este caso la explanada, estaba abarrotada, que diría aquella pareja torera del chiste. No me pidan cientos ni miles. Pero si les puedo decir que no todos eran tan jóvenes como se piensan, que había parejas en las que quedaba claro quién había propuesto el plan y que las primeras filas estaba repletas de acérrimas cuyos chillidos se colaban por los micros y a las que todo adjetivo que no fuera superlativo a la hora de hablar de estos “muyayos” suponía una puñalada en el corazón.

Efecto Pasillo es, a día de hoy, el enésimo grupo que brota en los mundos masivos con pintas de comerse el mundo y que pronto darán paso a otro grupo similar y si te he escuchado en Semana Grande no me acuerdo. Tienen un nombre similar al de otra banda ya establecida (Efecto Mariposa), y sus tonadas, quien sabe si por ser isleños, gustan de mezclar muchos de los aciertos que han llegado de Sudamérica. Un poquito de Juanes, otro poquito de reggae, unas gotas de rock latino canallita. Y mucho amor y “buenrollismo”, que eso siempre viene bien. Sin cambiar mucho el estilo ni innovar a raudales, loco.

A esta fórmula le sumamos un cantante muy majete al micro con constantes menciones de la ciudad y un batería fan del expresivo pegador de Maná y tenemos un buen set de 45 minutos que se pasan en un periquete. Todo bien condensado, dejando un fantástico sabor de boca. Pero, ay, amigo, que en el papel del contrato pone “la actuación tendrá un mínimo de 90 minutos”. ¿qué hacer en el resto?

La respuesta de Efecto Pasillo, quienes cuentan con tres discos en su haber, fue digna de La Década Prodigiosa. Los bastantes minutos de extractos de canciones conocidas hizo entrar en barrena el concierto. O mejor dicho, lo movió un poco de “actuación” a “pachanga”, algo que pareció no molestar a los asistentes de Sagüés. Hubo porciones del “7 Nation Army” de White Stripes, un tema de “perreo”, algo de Juan Magan (quien colabora en el último single de los canarios), el “Matador” de Fabuloso Cadillacs, otro guiño a Dj Kun y Freddy Mercury, un saludo a Pitbull, un set acústico correcto pero fuera de sitio, un golpe de ska, un pensamiento a Shakira y Chayanne, una migaja del “I Like to move it” de Reel 2 Real,… Menuda mezcla, ¿eh?

Hasta se jugaron el tipo los canarios más allá de lo deseado, dando por acabado el concierto y apagando las luces sin despedirse apenas, quien sabe si con ello pidiendo el ánimo del público para regresar a escena. Decimos que se la jugaron porque entre el respetable, ese animal social que se arrima allá donde suena la música y se escancian bebidas, tampoco es que hubiera una salva atronadora de aplausos y vítores pidiendo el regreso. Menos mal que los autores tenían un as en la manga, el del “single conocido por todos”.

Allá llegó, faltaría más, aglutinando a la gente que se había acercado a los bares de la zona o el muro playero. Todos corriendo para no perderse el momento de “Pan y mantequilla” – canción de anuncio en 2014, por cierto- y otros aciertos tras la sarta de bollería industrial que nos comimos. Nada que tenga estructura de lanzamiento de fuegos artificiales (comienzo atractivo por novedoso e impactante – cosas que pasan con mayor o menor tino – traca final) fallará jamás en nuestra ciudad. Pero el concierto de Efecto Pasillo se hizo demasiado largo, queridos organizadores. Bueno, al menos no fueron una banda tributo a Michael Jacks…oh, espera…

Jazzaldia 2016: Entre Zuloaga y un patio de San Telmo

El enésimo acierto del Jazzaldia se llama Espacio Fundación SGAE y está situado en un patio del Museo San Telmo. Su programación diurna es otro gancho para quienes tengan deberes familiares o se acerquen a la parte vieja donostiarra a otras labores más turístico-alimentarias.

El domingo hubo dos citas antes de la hora de comer. La primera llegó de la mano de la Broken Brothers Brass Band, un octeto parrandero que se basa en las orquestas contemporáneas de Nueva Orleans. Un paseo vivaracho y enérgico que comenzó en la Plaza Zuloaga y vimos marchar hacia la calle 31 de Agosto. Aquello parecía la banda de Hamelin, con decenas de personas siguiendo sus pasos. Si algún día Ansorena decide aparcar los paseos capitalinos de sus txistularis mañaneros estos hermanos sopladores serían un relevo estupendo.

En la entrada del txoko SGAE nos cruzamos con Miguel Martín, director del festival. «Ojo con estos franceses que actúan ahora. Van a ampliar tu perspectiva musical», dijo sin rubor. Y acertó. Lo del Workshop de Lyon fue una cosa ‘fantabulosa’. Cuatro chalados con edad para protagonizar un remake de ‘Cocoon’, que en teoría debían estar ejerciendo de ‘comepintxos’ por las calles cercanas, dedicando -magníficos- temas a gente con la que se habían cruzado en su vida: que si un cabrero, que si una cantante francesa, que si un tipo que pintaba lágrimas de sangre a los maniquíes… La música no se quedó atrás, con libertinos pasajes de jazz, alguna brutalidad a lo John Zorn y mucho folk agitado. Eso sí que eran ‘piezas’ de museo, y no algunas de las que se pueden ver en las salas de estos espacios. No me quiero ni imaginar la que pueden liar estos cuatreros con sus colegas hoy en el Victoria Eugenia con La Marmite Infernale.

Neuman: Emociones desnudas

Regresaba a la ciudad el proyecto “live the roof”, una campaña en la que músicos de estilos diversos y popularidad más o menos constrastada se pasean por espacios frescos (terrazas de hoteles, azoteas y similares) de urbes como Madrid, Sevilla, Barcelona o “gure” Donostia. Como aquí aún no le han sacado jugo comercial a la Torre de Atocha en ese sentido, la cita se siguió realizando en la Terraza de la discoteca Bataplán. Uno de esos lugares urbanitas que permiten trasladar la mente de los asistentes a los anuncios veraniegos de calas y fiestas.

El arranque de esta gira que nos traerá a Iván Ferreiro, El Kanka o Annie B Sweet llegó con la cita de Paco Román, el compositor de la banda Neuman, que dejó al resto de la banda en casa y se plantó en formato acústico, con la compañía ocasional de un bombo y una pandereta, a “presentar las canciones tal y como se crearon en casa, con la acústica”. Y fue una gozada. Algunos hasta prefirieron ese modelo a sus composiciones discográficas repletas de capas de guitarras eléctricas.

Aunque para emoción, la interpretación de “Contigo”, la única de las canciones que el pasado sábado sonaron en castellano. Muy pocas veces se ve desde tan cerca a un autor conmoverse hasta la lágrima y la mucosidad espontánea sin que ello parezca parte del show. La titubeante voz en la canción inmediatamente posterior demostró a los dubitativos que aquello era una doliente pena personal musicada.

El resto de la hora de concierto nos acercó las versiones más sencillas de esas canciones que a veces muestran la tensión de The National (la aplaudida “Tell You”, por ejemplo) , el nervio de Neil Young, la belleza armónica de bandas como The Posies (“Bye Fear /Hi Love” sonaría bien hasta tocada con una gaita) y formas que nos desentonarían en la revisiones actuales del folk inglés clásico (“If”).

La buena marcha del puesto de venta de discos y resto de merchandising demostró que la música, el lugar y el autor consiguieron adentrarse en lo más hondo de los presentes (no, el bolsillo no, el corazón) con este concierto en apariencia sencillo pero muy emocionante. La próxima cita con Neuman, ya a banda completa y nada susurrante, será en el Kutxa Kultur de Igeldo (Donostia) de septiembre.

John Berkhout: Ambición pausada

En el mundo musical es bien conocido el “síndrome del segundo disco”, ese momento en el que las bandas que han subido como la espuma con sus primeras canciones deben confirmar los buenos presagios. Y quién sabe si por la presión, los egos, la pérdida de ingenuidad inicial o las tensiones internas, los grupos suelen tropezar en este segundo peldaño. A veces por hacer lo mismo. A veces por cambiar mucho. Ya ven, toda una regla exacta.

Los guipuzcoanos John Berkhout llegaban al Victoria Eugenia sobre ese hilo equilibrista para presentar su segunda muesca, “Bloo Mind”. Un disco que ha elevado el minutaje, la complejidad y sus ganas de trascender. Con un juego de luces impactante y una pantalla repleta de sugerencias (un montaje que que nos recordó a las giras de Radiohead), los de Oiartzun arrancaron con el excelente “Izarretatik hona” para ir desgranando poco a poco los diversos pasajes de su nuevo CD. Collages sonoros con aires de “New Romantics”, guiños sinfónicos, porciones funk y gotas de esa sicodelia que defienden bandas como Tame Impala y los Flaming Lips. Todo ello ejecutado de manerapausada.

Un concierto que fue de menos a más y que recuperó precisión con las canciones de su debut, más concisas y con una llegada al espectador más inmediata. Todo ello en un teatro afín que se mostró encantado con todos los pasajes. No seré yo quien diga si este disco es peor o mejor que el primero.Pero sí que la distancia entre ambos trabajos es tremenda.

Remarcable la labor de teloneo del donostiarra Pet Fennec. Autor de fabulosa voz que mató su nerviosismo con comentarios costumbristas y divertidos. Habrá que ver si su nuevo disco, a editarse en algún momento de este 2016, toma las vías power-pop que le conocíamos o se adentra en el soul de pocos rasgados que defendió el pasado viernes.