¡Silencio en la sala!

Imaginen una sala judicial llena de morosos. De ladrones de bancos. De divorciados indignados por el reparto de visitas. De lo que quieran. Se han reunido no ya en los asientos del público. Ellos son el juez, el abogado, el fiscal y el jurado. Se han juntado para llamar al orden a uno de los suyos.

Ya prejuzgado por la rauda opinión pública, que ha dicho que lo suyo es innoble hasta las partes bajas, el encausado ha dicho que no sólo la abuela fumaba, sino que también lo hacía su tía lesbiana reina de la Hermandad católica y su tío el de las fustas y las geishas de pago. Que sí, que todo cierto, que él pasaba por ahí y que se le olvidó firmar aquel papelito del montón de papelitos.

Imagínense que son uno de ellos. Que están sentados a la derecha del padre, al lado del señor de barbas en la segunda fila del jurado popular. Que son el señor elegante del martillo. Que ocupan el rol del defensor. ¿Qué condena le impondrían a ese compadre, a ese hermano de oficio, al cabronazo de farras, a ese distinguido colega?

La más alta si el pecado es mortal. Sin duda. Pero llega usted en la segunda oleada. La primera reunión de camaradas ya repartió las penas posibles. Da igual que lo hiciera hace 90 años, cuando la gente podía ver por la calle la plasmación de frases hechas tipo “de la capa un sayo” y tal pascual.

Así que usted traga con su parte. Sangre la justa, y mejor en bote. Se pide ser delegado olímpico para llevar la bandera de los cambios sociales en el siglo XXI y ese resto de obligaciones que llegan a pasitos.

No puede rebelarse, aunque quisiera, contra un sistema injusto que es el encargado de juzgar los errores de sus consortes laborales. El violador (de la ley, no se me obcequen) juzgando al violador. Igual le ponía una medalla y todo. ¿Qué por aquel papel no firmado sólo le caen 3 años de multa, o un traslado forzoso?¿Que el encargador de la sala llega vestido de Napoléon y enarbolando un sable? Pamplinas…

Tranqui, colega, nos pasa a todos, es que menudo montón de curro que tenemos, que desfase. Y ahora con la huelga. Es que así no se puede. La culpa es del político. Y así la idea va de boca en boca hasta que el café del mediodía se convierta en orujo de media tarde.

Mientras pedimos organismos independiente para arreglar las peleas entre empresarios y sindicatos, empresas multinacionales en proceso de fusión o el color que debe tener el manto de la Virgen de los Santos Alaridos, dejamos a los juzgadores pecadores les juzguen sus propios colegas. Y donde digo judicial digo político. ¿Quién decide los sueldos de los diputados y concejales, por encima de toda disputa? ¡Ellos mismos!

La ostia con el sistema, está bien montado. Como suelen comentar los espectadores de porno casero, es más facil ver la paja en ajeno que la viga en el propio.

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