¿Hasta donde llega la opción ideológica?

Ayer emitían un reportaje en la tele sobre embarazos de niñas y demás problemática juvenil. En uno de sus apartados los reporteros viajaban a Euskadi, donde apartamos un poco la fama de violentos para ganarnos gratis la fama de talibanes católicos.

El programa se colaba en un par de farmacias de Bizkaia, en las que pedía la pildora del día después. En ambas la respuesta a su venta era negativa, alegando razones religiosas e indicando que estaban en contra de su empleo. No sé si preguntaron en 40 establecimientos y sólo se quedaron con lo que les convenía, o realmente eso pasa en todos los dispensarios medicinales. Apuesto por la segunda opción.

Me resulta curioso como en un sitio en el que venden medicinas y brebajes que buscan sanar y hacer que uno vuelva a su vida habitual decidan no vender un tipo de producto, legal, por razones ideológicas. ¿es eso justo?¿no lo es? Yo no tengo una respuesta clara, pero me parece abuso de poder. ¿Se os ocurre alguna otra profesión donde se pueda hacer lo mismo?

5 comentarios en “¿Hasta donde llega la opción ideológica?

  1. Intereses televisivos han reducido a los bizkainos a unos talibanes, pero supongo que esas dos farmacias son las mismas que no venden gomitas.
    Y como en bilbo, en todos los pueblos, uno ya sabe donde no ir (a 2 o 3 sitios por villorio) para que no le miren de arriba a abajo como un indecente que irá directo al infierno por pecador (de la pradera).

  2. Los médicos, sin ir más lejos… por ejemplo, en la comunidad de Navarra no se puede abortar en ningún centro público, en todos alegan razones de conciencia (trabajadores de la administración que no acatan leyes del Estado, sí).
    Y los jueces… porque al Calamita lo pillaron por descarao, pero anda que no hay casos parecidos un poco más sutiles.
    Lo que no se me ocurre son casos en los que la “ideología” alegada no sea el catolicismo, por qué será.

  3. Entiendo que una cosa es que un médico se niegue a realizar una intervención legal (que en tal caso lo haría otro puesto que el enfermo tiene derecho a que se le practique) y otra es que el dueño de una farmacia decida qué vende en su establecimiento. En este último caso hablamos de una tienda privada (aunque la licencia de apertura esté regulada por las autonomías) que es libre de decidir qué productos quiere vender. No creo que un farmaceútico esté obligado a vender todo tipo de productos como pueda estar un médico obligado a atender a un enfermo.

  4. Aún suponiendo que fuera el segundo caso (que en todas las farmacias hubiera pasado lo mismo), no creo que sea un problema exclusivo de Euskadi, ni mucho menos.
    Hace cuatro o cinco años viví en Madrid una odisea de unas cuantas horas para conseguir que a una amiga le recetaran una píldora del día después, con excursión a otro municipio incluida para poder encontrar a un médico normal. Eso por no hablar de la cantidad de farmacias regentadas por talibanes católicos, como tú dices, que existen en la capital, donde te miran como si fueras el mismísimo anticristo si pides una caja de píldoras anticonceptivas. Teniendo en cuenta que los dueños de las farmacias suelen pertenecer a familias acomodadas (y que estos establecimientos se van traspasando de padres a hijos), supongo que la estadística no juega a favor de los ateos y pecadores que considerarían lógico vender este tipo de cosas.
    Saludos

  5. Del mismo modo y siguiendo esos mismos principios, estos integristas podrían dejar libres las listas de espera de los hospitales y cedérselos a aquellos que si creemos en el valor de la ciencia y la razón. Después de todo, si para ellos todo responde a la voluntad de Dios, para que perder el timpo viendo a un médico.
    Ellos no van al hospital y yo no voy a Lourdes a pedir milagros.

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