El orgasmo de Vetusta Morla

Llevo unos días dándole vueltas al tema de Vetusta Morla y su brutal reventón popular. Meter 38000 personas no es moco de pavo. Muy pocos en este país, grandes o medianos, pueden hacerlo en este 2018. Mire usted las fiestas populares cercanas, ese cementerio de nuestros gustos cuarentañeros, y me dice un evento de un solo grupo en el que llegue a haber/a ver a la mitad de esos contados…

Si esta vez me he parado a pensar es porque tengo algunas características en común con sus funcionamientos. Un grupo que se lo ha autogestionado todo. Que es, más o menos, su marca. Una formación que ha empezado tocando en bares para ir subiendo durante más de una década hasta este momento de orgasmo popular. Pero

Algunas impresiones personales basadas en algunos vistazos al mundo

1.- Esta semana visitan el Guggenheim. El reventón de Madrid hara que, si todavía quedaban entradas, estas se agoten sí o sí. Funcionamos por impulsos y por aceptación social. Si algo es número 1 se vende más que si no tiene la pegatina que acredita ese hecho. Y ellos son, ahora mismo, parte de ese top con todos los honores.

2.- Leo en muchos sitios que este éxito vendrá bien a los “indies”, y me echo a temblar. Porque no le veo una herencia clara a la idea. Es como el efecto Myspace de Artic Monkeys. Por tener una cuenta ahí no te fichaba una multi. Y por autogestionarte todo tampoco te fichará una multi. Esos años locos de la burbuja ya pasaron, y no hace falta recordar los efectos terribles sobre la mayoría de los grupos musicales. La razón de su llegada a ese espacio popular es su música, que cuenta con las suficientes características de ser asimilada/disfrutada por el gran público. Como en todos los orgasmos, si uno lo tiene no implica que su primo lo vaya a tener.

3.- Veo mucho más claro que Vetusta haya conseguido invitación para entrar en ese olimpo de in-ears, pruebas hechas por “pipas” y pantallas con vídeos sincronizados que el hecho de que su elevación favorezca a los pisos inferiores. El hasta ahora Botones – o jefe de planta- puede entrar e instalarse en el sofá de la fiesta de los oligarcas. Que se defienda esa idea de “todos podemos ser presidentes del gobierno” o “todos podemos tener orgasmos con la gente que deseamos” me parece más propia de promotores musicales, vendedores de merchandising, vendedores de seguidores, ETTS musiqueras y resto de empresas paralelas a la creación.

Mikel Ayestarán: “Las cenizas del califato” en Donostia

Foto de Juan Carlos Etxeberria
Foto del Twitter de  J.Etxeberria

A Mikel Ayestarán se le empiezan a quedar pequeñas las salas en las que presenta sus libros. Ya en su anterior visita a SS llenó el nada despreciable Auditorio del Aquarium, presentando su “Oriente Medio, Oriente roto” sobre fondo de pececitos moviéndose.

No contento con eso, apenas un año después de aquello, volvía a Donostia para hacer lo propio con su nueva publicación, “Las cenizas del califato”. Y, de nuevo, todo el papel vendido. 300 asientos ocupados en el Museo de San Telmo. Es, si me permiten la licencia, la “banda de rock escrito” más potente de la localidad.

La presentación tuvo otros gestos de elegancia. El primero de los detalles fue contar con Karlos Zurutuza de presentador/cuestionador. El fotoperiodista, experto en cuestiones de Oriente Medio, fue el primero de los lujos del acto. Supo sonar general en las preguntas (la fiesta de siglas de la región podía haber convertido aquello en una lista de organismos de la Unión Europea) y cuando fue particular nombrando ciudades el único reproche fue personal. Cuán rápido olvidamos algunos bombardeos o ataques militares…

A su lado se sntó el protagonista, que aunque estuvo bajo los focos supo mantener el tono informativo. Tan acostumbrados a las frases que son titulares, Ayestarán mostró temple y educación, huyendo de loas soluciones definitivas en formato oración y comentando cómo veía la zona, la cuestión del califato, el mañana del mañana de la cuestión.

El periodista asegura haber invertido más tiempo en la edición de este libro, publicado 364 días después del anterior. Y tras un primer vistazo se intuye un libro más periodístico, más narrativo. Quizás la distancia le haya permitido reposar su foto y basar su colección de caracteres en opiniones de expertos, puntos de vista pausados y una narrativa que corre sobre las hojas como un jeep huyendo de un peligro.

Cercano y serio, dejó caer detalles curiosos y divertidos de su día a día en Jerusalén, comentarios sobre la tensión de la región, los habituales problemas y truquitos que suelen tener en los checkpoints, sus amores realsocialistas… Si no les doy más detalles es porque el autor está en pleno World Tour y no quiero destripar comentario alguno ni hacer spoilers.

El autor admitió que los días de gloria del periodismo de guerra, capturados por nuestros ojos en películas de Hollywood, han pasado a la historia. Que ahora todo es más inmediato y urgente, que lo que vale es el titular breve en las redes. Quizás por eso es un lujo asiático – nunca mejor dicho-  poder sentarse en el sillón preferido de casa e ir conociendo, con la calma y atención que tiene estos bellos momentos, el siempre interesante trabajo de Mikel Ayestaran y aquella región del mundo.