La historia del señor Sommer

Estrenamos el nuevo “Circuito de cine independiente” que cada mes recalará en nuestra capital con “Museum Hours”, obra de Jim Cohen que remarca o se asienta en el apellido de este nuevo ciclo. Porque si en la música hay diferencia entre Discos de Kirlian y Vetusta Morla a la hora de mentar lo indie, en el cine pasa lo mismo. Y Cohen es de los pequeños y combativos.

No tanto por su película, una serie de historias cruzadas que corren lejos de los raíles habituales, calmadas, con muchos significados posibles. El protagonista bien pudiera ser el propio museo vienés Kunsthistorisches. Pocas guías, normalmente huecas y falseadas, dignas de la trasera de un bote de champú, podrían funcionar tan bien como este Museum Hours. El film se toma, y así lo anuncia el autor al final de la obra – preciosos y sencillos sus créditos- , como un homenaje a estos centros de arte.

Pero hay más posibles focos. Otro podría iluminar al guía encarnado por Bobby Sommer, quien lejos de sus días de rock y furgoneta decide disfrutar de los detalles de los cuadros que custodia. Hay detalles bien bellos en su narración elegante y tranquila. El hilo argumental bien podría ser la llegada de la señora canadiense, perdida en más de un sentido. O la propia capital, Viena, nevada y preparada para sus mercadillos. Con sus cafés poco pomposos y sus bares como centro de vida. Quien sabe si como defensa de esa vida filantrópica que se nos está escapando entre smartphones y desplazamientos, lejos de comunicaciones amables, educadas y directas que pueden tapar nuestra ausencia de compañía.

PD: Cada uno disfruta en su piscina, ya sea de bolas u olímpica, pero…¿Hay alguien que pueda ver 30 películas de este palo en Sundance? Esta es correcta y abierta, pero imaginarme 7 días comiendo solo esto me da ardores de borrachera con vino del año.

Adiós Miguel, Hello Mike

No voy a escupir una necrológica, porque el homenajeado está vivito y coleando. Pero esta semana va a ser un poco más triste. No porque se haya muerto un cantautor muy mayor, porque eso es lo que hacen los mayores, morirse. Sino porque nos hemos enterado que Miguel Pacific se pira a Inglaterra a vivir. Otro que se apunta a la maldita lista de fugas laborales. Pero este no va a salir en una contra de El País.

Miguel Pacific es un tío impetuoso, vivo, con esa ingenuidad que algunos nos gusta pensar que aún mantenemos en nuestra carnes ya irónicas. Envidiable no solo por montar conciertos en Madrid, que ya da para un post. Sino por hacerlo de grupos realmente desconocidos (para todos, y algo menos para algunos). A bote pronto, él trajo a los Bats. Y muchas de esas otras bandas que vienen con la etiqueta de «hostiazo económico».

El chaval cuenta – no la va a perder porque se mueva un poco en el mapa- con una línea estilística que sabes que te va a gustar cualquier cosa que haga. Como ejemplo de arriesgada manga ancha, Mr Pacific tuvo la insensatez de invitarme a tocar en una de sus fiestas. Día en el que el organizador se plantó con una tarta y picoteo para los asistentes. Esa es la belleza, montar conciertos como si fueran fiestas en tu casa. Siempre con una sonrisa, y un abrazo. En uno de sus saraos, o en cualquier taberna. Ese día, o cualquiera.

Cuando se acerque la fecha de su última fiesta Pacific Street (5 de abril, Madrid, con “Puzzles y dragones” y “Wolfhounds”) intentaremos hacerle una entrevista. Y pasarnos por la party, coño. Para despedirle en estas lides como se merece, chocando botellines y cerrando garitos

Eres el mejor, Amat

Siempre es curioso el momento de leer un libro. Depende de tantas cosas, más allá de las letras, que las mismas oraciones te pueden purgar o condenar. Sorprender hasta el punto de pensar que te han estado mirando por una mirilla. Kiko Amat no falla.

Lo primero que me chocó de “Eres el mejor, Cienfuegos” fue la temática. No tanto por ser más o menos manida, sino por caminar a pocos pasos del protagonista de “La Gran Belleza”, película que vi esta semana pasada. Con sus diferencias, clarostá: Lo que en Roma era sofisticación en Barcelona es arrabaleo. Kalimotxo, no Martini. Caídas a los socavones, no cálidos paseos por las aceras. El segundo paralelismo lo encontré con el “Fantasmas” de Palahniuk- recién entregado en la biblioteca- y su forma de nombrar de manera despectiva a los personajes. Capullo Capullez. Un guiño, sin duda.

Cienfuegos ejemplifica de manera demasiado cruel la crisis de los 40, el salto sin red hacia atrás, que todos hemos sentido en carnes propias o pieles cercanas. La primera hoja del texto ya marca a fuego la línea argumental principal. El resto es tan fácil como dejarse caer.

Quizás por la edad elegida, quizás porque el autor ya gasta esos años, la prosa popera no es tan fresca como en “Rompepistas” (a todos los gustan más las maquetas, Amat, hazte cargo). Pero sí más aguda y afilada. Algo más agria, pero porque las crisis mandan. El trasfondo paralelo se apoya en un 15M que, como el protagonista, acaba de manera ideal. Lástima que esto solo sea factible en el caso de Cienfuegos.

PD: En la lectura del libro se han escuchado con mayor o menor atención canciones de Bill Ryder Jones, MBV, Bassmatti & Vidaur, Elliott Smith, AMA, Max Richter, Nick Drake y Looper.

Las BSO, menudo crédito

Maquilladores, abogados, ayudantes de ayudantes, los de la grúa, el que me prestó dos pavos para la OTA, aquella del cole que jugaba a voley, que no se me olviden los agradecimientos a quien me sujetó la carpeta en COU…. La película recorre sus últimos segundos. Hace tiempo que ha dejado de tener guión. El fondo es negro. La lista pasa rápida, pero no tanto como cuando llega el momento que estás esperando: La Banda Sonora Original. Entonces la cosa se embala hasta convertirte en Marujita Díaz buscando el autor, intérprete o nombre de la melodía. Todo eso, como apuntábamos, mientras el de la limpieza ya se ha hecho media sala con su escoba.

Es extraño que una de las pocas partes de la película que se puede monetizar después de su proyección -probablemente por la misma empresa que ha financiado el film- ocupe un lugar tan inmundo en la sucesión de títulos de crédito. Un arte que resulta básico en la comprensión de la obra, que eleva o hunde, colocado junto a los posos del café de puchero. Una creatividad que cuenta con relevantes nominaciones en todos los premios del ramo, escupido a toda prisa, sin ninguna deferencia. La música se ha convertido en la amiga fea gracias a la cual te dejan salir de casa, pero que abandonas en una esquina a la hora de bailar.

Sé que la colocación de esas canciones en la enumeración final es una (mala) costumbre muy asentada. En la TV no es mejor. Ningún anuncio detalla la tonada empleada en el mismo. Y no seré yo quien pida que salga en letras grandes y a velocidad comprensible por niños de 4 años. Pero ahí enterrada, como una duquesa enjoyada, no recibe el foco que se merece.

Gracias, Maite

¡Hola! ¿Ya has descansado? Que menudo tute de día ayer, ¿eh? No sé cómo al final pudiste hacer ese bis punk, digno de Atari Teenage Riot pero con cachivaches más modernos. Si el actuante hubiera sido yo para el primer corte o bis ya había entrado el Samur. Sí, es que soy muy de ínfulas. Si no son de la corte de Madrid yo no monto. #deaquidemadrid

Nada, que te quería dar las gracias por el concierto de ayer. Contuvo algunos de los mejores minutos que he visto en muchos años. No es compadreo, es la puta verdad. Ibon Rodriguez le sienta como un guante a tus canciones. Ojalá haya suerte y le podamos más ver en más actuaciones. Visualmente también aporta, alejando así el foco de la mujer en euskadi que lo toca todo. Y encima ambos manejáis esa soltura escénica tan divertida e informal… HAMOR TOTAL

Y qué decir de mr «Buenas noches por venir», el ecléctico Karlos Osinaga (Lisabo), uno de los mejores socios que te puedes echar cuando quieres experimentar sin laptops y detallar los ambientes de manera eléctrica. O el ilustre Xabier Montoia, que tan elegante réplica te dio en el poema musicado.

Pero gracias, sobre todo, a ti.

Por regalarme momentos tan maravillosos con elementos tan dispares (anda que no me descojoné luego pensando en cómo los pobres periodistas presentes iban a escribir sobre semejante amalgama de sabores, todos tan mezclados, tan poco claros, tan alejados de la moda). Y qué letras, cabrona. El juego vasco africano de la canción de las kokotxas es una obra de arte.

Gracias por sacar de tu cabeza esas melodías tan divergentes y construir con ellas una unidad única y feliz. Por atraparme desde el primer segundo, y durante muchos minutos, muchos, muchos, regalándome la sensación de estar viendo algo único e irrepetible. Siempre he sentido lo mismo en tus conciertos. Pero lo de ayer fue superior. Así estoy hoy. Tarareando, atontao, cosas. Pero hasta el «volando voy» de Camarón, ¿eh? No sé, canciones felices, así, en general…

Como te decía, mil gracias por mezclar cosas tan dispares y que suene celestial. Alguien hablaba de platos con estrella Michelín para definir lo tuyo. Yo pensaba en que te pega más un muñeco michelín. Y el sonido que saca al apretarse, todo bien loopeado. Pero ahora el hombre, perdón, la mujer, ya ha ganado a la máquina. Por eso (vetee, olvida mi nombre…oh, wait), gracias por permitirme disfrutar del paso adelante que han dado tus canciones. Ya no son largos paseos en los que parecía buscarse la suma de elementos hasta una eclosión final. Ahora todo es más preciso, e igual de gozoso. No, más aún. Y siempre con esa sensación de estar en una peli de acción, llegando a los instrumentos de manera casi extrema, en el límite, al límite. Ya sé que eso se consigue ensayando, ¡pero a veces parecía un milagro!

Gracias por donar a la sociedad dos hits como el de la cumbia y eusnob. Si la segunda es la mejor canción vasca que se ha podido hacer desde la llegada de la democracia o eso – ¡casi tiras abajo el teatro, tía!- , la primera es una juerga latina que se va de cumbia a bachata a reggaeton. Me acordé de Lorena Alvarez y su charla en Arteleku, de sus amores por la cumbia sonidera. Y no olvido el resto, que levité aplaudiendo a rabiar sobre todo en la primera hora y media (¡tocaste dos horas! Te voy a llamar Bono a partir de ahora…).

Porque tu concierto de Lugaritz de ayer me gustó un montón. Tanto que hoy me he levantado sonriendo. Y me he puesto a escribir esto. Ahora, si me disculpas, me voy a desayunar. Que los euskal intelektualak también comen.