La defensa virtual: Es una pena 2.0

¿Cuánto pesa una firma 2.0?¿Y una indignación llena de exclamaciones?¿Menos que una forma de denuncia en un portal dedicado a ello?¿O más que un RT o “compartir”?

Las redes sociales llegaron para quedarse o, lo que es peor, comérselo todo. Quejas, denuncias, pataletas. Todas justas, todas carne de corte informativo, o noticia más vista de un diario digital.

La última, o penúltima según a que hora lean esto, es el cierre de una librería de película, Metropolis, en Donostia. Un grito justo, pardiez, que no abundan estas delicatessen en nuestro pequeño acorazado burgués. Porque el pequeño comercio se muere. Porque los alquileres no bajan, y solo los chinos pueden abordar, con esos horarios tan abiertos, optar a ellos en las mejores calles de la urbe. Porque la crisis golpea a todos, sobre todo en el ocio. Porque es indignante lo que hacen las grandes superficies, que pueden tirar los precios de un producto para que piquemos y compremos 10 más. Porque nada como el trato del pequeño tendero, conocer su nombre, esa vida que da al barrio.

Y porque no compramos en esa tienda que ahora cierra.

Recuerdo una anécdota. Una señora clamaba contra los chinos: que si tienen más ventajas fiscales, que hay que ver como explotan todo, que los niños trabajan en esas tiendas, que no hay derecho, que qué vergüenza. Se hacen una idea de su speech, vamos. Nada nuevo. Así un buen rato, unos veinte minutos. Llegó otra señora, colega de vinos, y empezaron a orbitar sobre sus nietos. Clase arriba, recreo abajo, merendola en medio. En un momento de la charla, la “indignada” se queja de la cantidad de cosas que tienen que comprar para manualidades, o como se llame ahora. “Hay que comprarles un montón de cosas. Menos mal que tengo el chino cerca, porque sino, me saldría todo super caro

LoveofLeBukowski: Ondas del espacio interior

Es de bien nacido ser agradecido. Y empezaremos dando palmas a los asistentes y, sobre todo, a los gestores del Bukowski. Y a los interpretes, claro. Porque fue una maravilla de estreno.

Rumano Power a veces tiene buenas ideas, como la de tocar a pie de público, con las sillas rodeándolo. No vamos a detallar aquí las virtudes de hacerlo así, pero los que anoche pisaron el Bukos convendrán conmigo que fue una pequeña victoria. Así, y solo así, conseguimos disfrutar del candor cantor de Joana JoJo Acha.

Una encantadora compositora que no toca como los ángeles, sí que canta cercana al cielo y, sobre todo, tiene algo. Quizás esa bella ingenuidad que todo lo inunda. Como bien imaginan, en el trato directo es igual que cuando le habla al micro, ese artefacto que siempre coloca a 30 metros de su boca .

Una señorita naif y amateur a rabiar, pero de ideas claras. Cuando le escribí para que se uniera al cartel inaugural lo primero que me dijo fue “tengo cinco canciones, ni una más. Es lo que hay”. Pero no se equivoquen, hay mucho más que eso. Hay una sencillez apabullante, hay una sugestión folk – la sala estuvo en silencio todo su concierto- que todo lo inunda, una sonrisa sobre los trastes, una belleza cantora que emerge victoriosa ante fallos, parones y pequeños equívocos en versiones ajenas.

Y ya que hablamos de composiciones firmadas por otros, pasemos el testigo al nombre fuerte de la noche, Mr Rumano Power. Con un jersey que haría las delicias de nuestra amonas tejedoras, el reinterpretador ofreció otro de sus habituales repasos pedaleros a las canciones de Atlas Sound. Porque ahí está también el gozo, en elegir en nuestra Donostia a un grupo relativamente (MUY) desconocido para, pisando, tocando, moviendo y cantando, azuzar nuestro paladar con unas revisitas gigantes, atractivas y enganchonas. Como este “Sheila” que cantaré en bucle durante los próximos dos años.

Y como siempre, nos pasamos todo el concierto mirando los pedales, viendo cómo se activaban y apagaban, como si la simple observación nos fuera a ofrecer el secreto de lo que escuchábamos tan contentos. Y como siempre, nos dimos cuenta de que lo que hipnotizaba estaba en la mente del intérprete, un mar de ondas, una tormenta de ondulaciones que – nos sumamos al clamor- esperamos pronto puedan atacar composiciones propias.

PD: LoveofLeBukowski volverá, cuando los organizadores sientan ganas de enseñar o acercar a sus oídos y ojos cosas que hacen esos vecinos suyos de patio que saludan en el ascensor. Ni antes, ni después. Y ea, circulen, que aquí no hay nada que ver ya…

Joana Jojo Acha + Rumano Power, este jueves en Le Bukowski

Love of 74 y Le Bukowski se unen en “Love of Le Bukowski”, una entente cordiale que busca presentar en el pequeño templo musical donostiarra algunas de las propuestas aún pequeñas o algo desconocidas pero muy interesantes. Podríamos haberlo llamado “El sonido del joven Bukowski”, por ejemplo, para indicar que la cantera también tiene su sitio en la sala de la calle Egia. Pero nos quedamos con la mezcla amorosa, que además es cierta y fácilmente defendible por la gente que suele pisar el establecimiento

Nos estrenamos – la periodicidad será “cuando nos dé por ahí”- con Joana Jojo Acha y Rumano Power. A la primera la conocimos en un acto populoso en el Alboka y nos encandiló. Sensación confirmada cuando le tocó abrir el memorable concierto donostiarra de Neil Halstead.

Dulce, suave, una señorita que La Costa Oeste de EEUU decidió que naciera en Guipúzcoa, bajo al paraguas de las Cranyon Angels. El Diario Vasco dijo de ella que “La dama, aún plena de belleza amateur, desprendió unos amores por el folk de los años 60 a prueba de cualquier artilugio de las armerías de su localidad. Síganle la pista, será una fuente de alegrías futuras”. Hey, que lo dice el Diario, que va a misa, como cuando habla de Montanier.

Rumano Power se agarra unos pedales de muerte. Y los pisa – porque hablamos de moduladores de sonido, malpensados- poco a poco, con gran afán experimentador y superponiendo capas y loops. Adapta canciones ajenas que las convierte en propias con una frescura envidiable, y la última vez se descolgó con un “The One I Love” de REM de “quítate la boina que vamos en moto”.

Si ya lo viste en directo no hacen falta mayores presentaciones. Compartes este post por tierra mar y aire, por justicia moral, porque quieres que todo el mundo se entere de lo bueno que es.

– Y ES GRATIS-

Francis Alun Bell: Sin alarmas

Algo tiene que indicar el hecho de que el 33 por cierto de los –pocos- asistentes sean periodistas, fotoperiodistas, escribientes o promotores de conciertos. Además de algo viejunos. La parte optimista indica que, ávidos y más buceadores que el resto, la propuesta de Francis Alun Bell es un valor seguro que les merece una atención que el resto de mortales no supo ver aún. El enfoque menos positivo nos puede indicar una falta de rejuvenecimiento presencial en los – cada vez más abundantes, todo hay que decirlo- conciertos indies por los que apostamos.

Ninguno de estos pajareos mañaneros debe poner un pie en la bella propuesta del portugués Francis Alun Bell, cuya última y preciosa caja ha publicado el estiloso sello Moonpalace. El Altxerri se tornó ideal (había miedo de las olas de murmullos, más aún sabiendo que al final la entrada era gratuita, pero no pasó nada) para una tarde de capas y capas. Las que Bell iba creando con sus tecleos en una propuesta más concisa y directa que la que conocíamos en CD.

A Bell le gusta mucho el post rock. Y Yann Tiersen. Y los crescendos realizados con instrumentos de orquesta. Y casi te diría que Jean Michel Jarre de «oxygen» (más por sonidos que por construcciones) o el Vangelis menos cursillista de yoga. Y por eso el domingo post guerrero fue el mejor momento para cerrar los ojos y dejarse elevar, en un concierto cuya duración debe ser tan finita como la del domingo, a riesgo de perder parte de su belleza.