You and Me and the Bees

Cuánto daño ha hecho el término “naif” a todas las artes aplicadas. Cuando algo es sencillo, es naif. Cuando es amateur y breve, también. Cuando se presenta ingenuo (su traducción original) y falto de ambiciones, se le castiga con dicho palabro. Cuando no se complica y es juvenil o pizpireto, alegre y sonriente, se le retrata de esa manera. ¿Acaso no están todas esas características, entre otras muchas, implícitas en ese otro castigado vocablo denominado “pop”?

Con la cita de Me and The Bees – confirmadas en el Primavera Sound 2011, ojo- todo eso se vio desde el comienzo. La cantante hiperactiva en sus sonrisas y pequeños nervios paseando micro en mano de aquí para allá. La guitarrista transitando como quien busca un papel en su cuarto. El resto esperando el paso de un tren que, en este caso, les va a llevar como pasajeras de primera clase.

Porque tienen mucho de eso. Clase. En su falta de pretensiones graves. En esas canciones de dos minutos que va y se acaban. En los temas que “los malos” emparentarán con Russian Red y que saltan por los aires tras escuchar la voz (y los gestos faciales casi punk) de la cantante. Con punteos sencillos que doblan voces. Con algo del aura de Beat Happening y K Records, más en la naturalidad que en la crudeza. Como unas Charades con katiuskas nuevas. Risueñas en casi todas las melodías. Si consiguieran que los largos minutos entre canciones fueran segundos, o menos, estaríamos hablando de una oferta recomendable como pocas.

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Me and the Bees, el 18 de Enero en Donostia

http://www.redribbonmusic.com/myspace/meandthebees/meandthebees.jpg

Me and the Bees (Barcelona, Folk / Indie).

Martes 18 de Enero 21:00
Le Bukowski
C/ Egia, 18, Donostia
Precio: 5€

Banda pop-folk de Barcelona formada por Esther Margarit (voz, guitarra), Elisabeth Molina (guitarra,voces), Verónica Alonso ( bateria, voces) y de vez en cuando colabora: Carlos Leoz (guitarra, voces).

Me and The Bees empieza el día en que dos amigas jugaban a inventarse nombres mientras cantaban aporreando una guitarra, divangando entre lo humano y lo divino. Aquello ocurrió en una terraza años atrás. Se volvieron a encontrar y sólo cambió la ubicación, que pasó a ser una habitación, en el 2007. Finalmente, Hans Krüger las convence para que graben sus pequeñas canciones con él en Montreal Studios. Más que una grabación supone un empujón para empezar a realizar conciertos.
Canciones cortas, espontáneas y sin grandes pretensiones, de aires folk-punk-pop, muchas de ellas grabadas posteriormente en casa. A partir del 2008 empiezan a tocar en locales, siempre acompañadas de un amigo diferente.
Han actuado en Sant Feliu Fest 2009, Festigàbal 2009 junto a Manel y Windsor for de Derby y en Becool junto a Shake Before Use y Caroline… Y amenazan con seguir aporrenado las guitarras en casa mientras cantan a los vecinos.

www.lacastanya.com

Heima: Qué verde era mi valle

Yonkis de la música en todo tipo de formatos nos acercamos a la donostiarra Fnac a seguir con el post-Dock of the Bay. Buena entrada para ver el antiguo – el mundo corre que da gusto, es del 2007- “Heima” («en casa») de Sigur Ros. Un documental que recoge la gira de los islandeses por algunos recónditos parajes de su país natal.

Con una fotografía preciosa y repleta de extensos kilómetros de sosegada naturaleza (Yosigo llegaría al multiorgasmo en esos mundos de Dios), digna de una promoción del gobierno islandés y acrecentada por el proyector (estropeado) de la FNAC que destacaba los colores verdosos, el cuarteto europeo y sus colaboradores orquestales pasean por infinidad de lugares a cielo abierto o con curiosas paredes: fábricas abandonadas, casas de cultura de recónditos parajes en los que fríen cabezas de animales con supuestos usos alimentarios, manifestaciones contra la construcción de presas que deben alimentar de electricidad a fábricas multinacionales, claros en mitad de bosques interminables…

Ellos hablan despacito, como en las partes relajadas de su música, e interpretan algunas deliciosas canciones que curiosamente fueron regrabadas más tarde en un estudio de Los Ángeles para su emisión en este film. Acostumbrados a sus highs and lows, es toda una sorpresa ver el nivel que tienen para tocar cualquier instrumento. Pianos, contrabajos, marimbas,… Va a ser verdad eso del nivel de educación islandés.

Como publireportaje institucional se hace algo largo, pero como foto de “vuelta a la relajada tranquilidad” de un grupo que ha girado mucho por todo el mundo se ve con agrado y paz. Como la que generan sus temas.

«Upside Down»: Sorted for E´s and Whiz

El Dock Of The Bay donostiarra iba plegando velas en cuanto a emisiones del fin de semana con una de las proyecciones más esperadas por este blog: El Orain de Giorgi… no, hombre, just kidding. Nos referimos al documental «Upside Down». Emotiva peliculaza que narra el modus vivendi y morendi de nuestro adorado sello Creation Records. La luz que iluminó nuestras compras discográficas en los años 90.

Centrado en las formaciones más famosas (y los BMX Bandits :D) del sello de Alan «hay fiesta en el bunker de la oficina» McGee, los 100 minutos de duración se pasan en un vuelo. El que el avispado escocés le pegaba a su cuerpo día sí y día también. Madre mía qué de excesos. Si a la salida del documental de las raves de Blackpool comentábamos la ya acostumbrada ausencia de referencias drogodependientes en este tipo de obras, deciros que «Upside Down» habla más de ellas que en todas las ediciones del Dock Of The Bay juntas. Y mira que no parece un hilo conductor natural de estas músicas (salvo «Screamadelica» y, si me apuran , «Loveless»).

Jesus and Mary Chain, Primal Scream, Ride y My Bloody Valentine y Oasis se llevan la mayor parte del minutaje musical.  Extraña la ausencia de referencias a Felt o la brevedad del pase de Teenage Fanclub (cuando los discos más famosos-vendidos del sello, Gallagher y Ride mediante, pudieron ser los más potentes de MBV, Primal Scream y TFC, editados todos ellos en octubre-diciembre de 1991) .

Pero todas canciones de la película hacen mover los pies a cada segundo. Ver a Ride (divertida la aparición de Gardener en el TOTPs formando parte del grupo de Gillespie) en su debut, escuchar las explicaciones (ampliadas en su soberbio libro de 33 y 1/3) de la gestación del disco totem del grupo de Kevin Shields, disfrutar de la majadería de los Super Furry Animals o el eterno acierto melódico de Boo Radleys. Todos los grupos hicieron grande a Creation, y viceversa.

El final llega con la no suficientemente detallada enfermedad post-drugs de McGee y la presión ejercida por Sony, con quien se había aliado para hacer de Oasis la banda  más grande del mundo. Su vida fue mi vida durante muchos años. Y ahora, rememorándolo con este buen paseo, veo que no fueron nada malos.

Detalle: Las portadas del NME que  aparecen en el documental colgaron todas ellas de la pared de mi cuarto en sus días.

Chicas semidesnudas en las proyecciones del Dock Of The Bay

Anoche arrancó el festival Dock OF The Bay de la mejor de las maneras posibles. Dos películas que agotaron taquillaje, un concierto que los presentes tachan de casi memorable y una fiesta en el Bukos cercana a su cenit habitual.

Nosotros solo asistimos a la primera mitad, la proyectada. En la coqueta sala Club del Victoria Eugenia, dispuesta de hileras de sillas, vimos dos documentales con algún punto de unión y mucha diferencia de resultados. Obras que nacen en periodos convulsos y de protestas, pero cuya autenticidad y sentimiento difieren muchos pasos por los conceptos empleados, los medios utilizados y la meta que buscaban alcanzar.

“Soul Trip: The Highest Trip in America” es un repaso a los 35 temporadas que el programa Soul Train estuvo en antena en los Estados Unidos. Una emisión que fue el primer programa de música negra presentada por una persona (Don Cornelius) de dicho color facial. Se incluyen algunas pinceladas históricas de los momentos que corrían paralelos a la cada vez mayor difusión del tren soul, aunque quedan más como detalle que como mecha de la pólvora. El show musiquero bailarín parece pintarse como la principal evasión de una comunidad maltratada y castigada.

Rupturista e ingenuo en sus primeros pasos y con ideas simplemente magistrales (“El pasillo” debería llevarse a cabo en toda fiesta que se precie), el desarrollo del programa va mostrando el cada vez mayor punto mercantilista de todo negocio. Del playback a Barry White con una orquesta de 40 músicos tocando en vivo y Al Green poniendo los pelos de punta y unos anuncios desternillantes, a las actuaciones de Elton John y un divertido David Bowie, hasta el abrazo ingrato a los nuevos sonidos “negros”: la música disco y, sobre todo, el hip hop. El boom que dio la puntilla a un programa que nació para mostrar el soul y poner a los artistas afroamericanos en las pantallas de todo el país.

Curiosidad: El último presentador de “Soul Train” (Don Cornelius pasó a estar detrás de la cámara, en la marca comercial, los últimos años) fue Shemar Moore, el actor de la teleserie “Mentes Peligrosas”.

High on Hope («subidón de esperanza»)  tiene otro punto más cercano y contestatario. Narra las alegalidades de un grupo de jóvenes de Blackpool (Gran Bretaña) que, rebelándose contra las obligaciones estilísticas de las discotecas británicas (atroces las imágenes de los encorbatados) y los limitados horarios, deciden montarse sus propias raves cuasi secretas en pabellones abandonados. Retrata la Inglaterra de los 90, cabreada con Thatcher, el paro, “no future no hope”, decide montarse unas fiestas Acid House de cuya narración, oh, casualidad, cae toda referencia a los estamínicos que dejan la mandibula batiente. Ya saben, el buenrollismo de este tipo de obras magnificadoras.

El aumento de fama – pasan de fiestas de 50 personas hasta celebraciones de 8000- trae consigo un mayor control policial y político , llegando el tema hasta el Parlamento Inglés, que elaboró una ley con fuertes multas económicas y de privación de libertad.»El poder no destruyó el sueño, tan solo lo secuestró», dirá uno de los principales entrevistados.

Todos los organizadores fueron encarcelados y acusados de cargos que, al menos en sus propias palabras, parecen a todas luces exagerados. Una peli romántica y ensoñadora en lo referido a los derechos personales, la colaboración (ninguno muestra arrepentimiento alguno) y la lucha por los deseos frente a los frenos sociales y políticos.

(El titular del post es una adaptación de una frase de High on Hope. Un titular supuestamente alarmista de un tabloide que, lejos de asustar a los lectores, logró el efecto contrario: llenar las fiestas de gente. ¿Conseguirá lo mismo con este post?)