Avance del Jazzaldia donostiarra 2010

Ya han lanzado las primeras perlas de su programación.

No dudo de la calidad jazzera de su oferta. Ni puedo juzgarla para bien o mal hasta verla, porque no me veo tan capacitado. Mientras no vuelva Anthony Braxton nos llevaremos bien, organizadores.

En lo de “out jazz”, encantado con las actuaciones de Elvis Costello (el rey de la america, y suntuosa Cait O´Riordan) , Kris Kristofferson (¡yija!), la Shibusa Shirazu Orchestra, el Mayer Hawthorne que encandiló a los asistentes a su concierto gaztemaniako en Hondarribia hace pocas fechas. Y The Pains Of being Pure at Heart, por supuesto.

El pululeo africano modernista de The Very Best por ahora me deja tibio, pero seguro que queda chulo ahí en la playa, de birrillas y cigars. Y Patti Smith me parece una artistaza como la copa de un pino. Sobre todo, cuando no tengo que escucharla ni verla.

¿Sabéis a quién echo de menos? A Delorean

Nuevo disco de Teenage Fanclub, con adelanto de regalo

Ya está en el aire internetero, y gratis, “Baby Lee”. El primero de los temas de “Shadows”, el nuevo disco de Teenage Fanclub. Tan absolutamente delicioso, como todos los anteriores, cuando no más.

La voz de las tomas de vídeo le solía corresponder a Norman Blake, pero en esta parece ser Gerard Love el que lo canta. ¿no? Es una voz bien rara para lo que nos tienen acostumbrados, algo folkidélica. Aunque los giros vocales son bastante característicos… Adjudicada a Norman hasta tener nuevas noticias.

Me sorprende el sonido del “racaca” y me encanta el largo arreglo de cuerdas del final, demostrando que son una banda cada vez más clásica. ¿¡¡¡Donde hay una guitarra, que quiero tocarla ya!!?

La música mató al joven

Así lo titularon varios diarios ingleses: ”La música mató al joven”. Lejos del sensacionalismo que suele inundar los principales medios de comunicación, este caso tenía más de realidad que de ficción.

A mediados del pasado mes de septiembre el joven de 19 años Tom Reid, pasó la noche con sus amigos en un club de Londres. La música estaba terriblemente alta. Según lo que el propio Reid le dijo a sus amigos (y ellos más tarde a los medios de comunicación), al principio le resultó tonificante la vibración que en su cuerpo le producía ese volumen abusivo. Luego fue excitante. Y al final peligroso.

Creo que los (sonidos de) bajo me están afectando. Me estoy sintiendo mal. El corazón me va a mil por hora”. Es demasiado fácil pensar que los síntomas de este joven podían provenir de otros aspectos nocturnos. Pero en los análisis posteriores no hubo trazas de drogas ni de alcohol. Es más. La autopsia posterior dejó claro que fue la música (el tipo y el volumen) ela que creó la arritmia de Reid que más tarde acabaría, desgraciadamente, en la muerte del chaval británico.

No conviene lanzar las alarmas. Pero aunque parece una exageración, demuestra que las consecuencias que la música – o los sonidos- puede crear en nuestros cuerpos pueden ser más graves de lo que imaginamos.

Se ha demostrado científicamente que el sonido puede ser un efectivo instrumento para acabar con la vida de un ser humano. La energía acústica puede crear un sonido que puede colarse por las ranuras del cuerpo (no solo los oídos) y, a una temperatura determinada, licuar/destrozar nuestros órganos internos.

Y aunque la historia parezca empujarnos una y otra vez hacia los relatos de ficción, no podemos olvidar que en muchos conflictos actuales se utilizan armas acústicas –paradójicamente, unos aparatos que no dejan marcas externas-, y que a diario se emplea el sonido, y más concretamente la música, para atacar sicológicamente (¿someter?) a las personas. Y quienes sufren eso también tienen oídos. No solo sordos, sino también mudos.

[Libre castellanización del texto de Xabier Erkizia publicado en Berria]

El eterno año 0

Mil y una veces, en ocasiones con varios partos por año, he asistido al nacimiento, renacimiento o comienzo verdadero el twee (indie, indie pop, whateva) en España. Orígenes que no descalifican obligatoriamente a sus anteriores ave fénix, pero que en boca de unos u otros significan el verdadero germen de algo que en el futuro será memorable. Hasta el siguiente renacimiento, claro.

Ni niego la calidad innata ni critico a quienes así piensan, sobre todo si son fans de base. Si son periodistas no dejo de ver cierta influencia empresarial y cierto deseo legítimo de vender ejemplares. Pero créanme que cada vez que leo “el verdadero nacimiento del…” me da un vuelco el tocadiscos.

Desconozco en qué se basa cada uno para afirmar que el año 0 de ese movimiento se encuentra según su punto de vista en ese día. Puede que lo anterior no le gustara, y la conjunción de astros actual esté más acorde con su karma y su oído. Puede que su forma de ver las cosas se sienta más cercana con estas actualidades que con las inmediatamente anteriores, y que sueñe con que la posteridad más inmediata siga andando por estos andurriales.

Pero denosta un poco todo lo anterior sin necesidad aparente. Ningunea sin malicia palpable otros pasos malos, horribles, medianos, mediocres y sublimes, pudiendo erroneamente presentarnos como una suerte de Mengele melódico, en busca de la Raza Pura. Y todos somos hijos del Señor. Sí, amigos, aunque parezca mentira, yo también.

En el fondo lo hacen por extremos muchos más costumbristas y puros: es ímpetu juvenil, ingenuidad pura, alegría contagiosa, la felicidad de ver a gente desconocida y rabiosamente más joven junto a tí, la energía que mueve todos los proyectos de futuro económico incierto (cuando no negativo directamente) el que empuja a esas frases ampulosas o elevadas. Y por eso respeto cada nuevo nacimiento, cada nueva montaña hollada por primera vez.

Pero estamos demasiado quemados de tener un mesías por año. Un salvador del pop, del rock, de la arquitectura, del futbol, de la moda. De adquirir un nuevo elemento tecnológico necesario por semestre. De comprar unas nuevas gafas por año, de nuevos jersey por temporada. Si los mesías fueran religiosos, no daría tiempo a comprar la Biblia de uno y ya tendríamos otro en la portada de nuestros diarios. Eso se llama, llamaba y llamará consumismo.

No, no entremos en el juego de la vida actual. Las buenas melodías deben correr libres de toda etiqueta. Si son buenas, calarán más que un sirimiri vasco. Y desde nuestros pequeños e impetuosos atriles gritaremos con fuerza defendiéndolas. Perdiendo dinero, tiempo y esfuerzos. Sin fijarnos en su nacimiento ni en el futuro del resto. Sin querer venderlas, que de eso ya ese encarga esa industria en continua decadencia.

Y de todo esto me acordé (sin apuntar directamente mi diana a él, no lo duden) cuando leí el precioso texto de mi querido tremolino sobre un grupo que me encanta, Papa Topo, que tienen un vídeo genial es poco.

Yo La Tengo: Un precioso homenaje a la música

Yo LA Tengo: foto de El Humilde Fotero del Pánico (http://foteropanico.blogspot.com/2010/03/concierto-de-yo-la-tengo-en-barakaldo.html)
Yo La Tengo: Foto de El Humilde Fotero del Pánico (http://foteropanico.blogspot.com/2010/03/concierto-de-yo-la-tengo-en-barakaldo.html)

Hay cosas irremediablemente bonitas, que no necesitan de explicaciones complementarias para ser disfrutadas. Fotos de atardeceres, las jugadas de Messi. Y los conciertos de Yo La Tengo. El trío norteamericano reventó al Rock Star Baracaldesa ofreciendo un concierto cuya intensidad emocional estuvo en los detalles.

Ante centenares de guipuzcoanos, otros tantos bilbaínos, el cantante de Standard, el doble oficial de Guille Milkyway y una camarera de espaldas olímpicas, YLT se presentó con su tarjeta habitual: Un estruendo de 20 minutos y bromas sobre la gira española (“boogie nights, rock star…parece que solo tocamos en sitios denominados como las películas de Mark Whalberg”).

Después, como claro ejemplo de una discografía absolutamente diáfana y sin tacha, tocaron temas de mil y un sabores en un evento que fue de menos a más: Rock casi punk, larguísimas progresiones emotivas y ruidosas, distorsiones coloristas, explosiones funky guitarreras, canciones country. En este último punto Bilbao demostró estar a la altura del resto de capitales españolas, con un murmullo que llegó al grito en varias zonas de la sala, teniendo que chistar para que las notas pudiera llegar a nuestros oídos.

Dejando de lado la absoluta fiabilidad de los conciertos de los de Hobboken, la cita bilbaína fue su primera actuación tras el fallecimiento del venerado Alex Chilton, músico con el que habían girado en más de una ocasión. Y su homenaje, repartido en una canción al inicio de la velada y la exclusividad de todo el primer bis, fue un canto a la belleza respetuosa, al cariño entre colegas, a la admiración creativa. a la pena por la marcha antes de tiempo. Una lágrima cayó tras la escucha de “thirteen” en acústico, un algodón de feria melódico. Si después de ese momento no quieres coger un instrumento y tocar durante años es que no tienes sangre. Creativa, se entiende.

Debería haber acabado ahí la noche de 130 minutos largos de actuación- que se nos pasaron volando-, pero decidieron tosernos un tema de Sun Ra. No pasa nada. Todo bien, aunque sin él hubiera sido casi mejor. En la mente se nos pasó coger el coche de vuelta y no parar hasta Barcelona, lugar de la siguiente cita, para seguir venerando a una formación que, sin hacer nada especialmente extraordinario, consigue elaborar discos y discos y más discos – con sus correspondientes conciertos- absolutamente sensacionales. Un ejemplo de forma de enfocar tu carrera vital y creativa.