Levitando. Veo putas y borrachos

Me ha vuelto a pasar. Es la segunda vez. Hace (con perdon linguistico) anos que no me pasaba. Y me he sentido igual de bien mal.

Es vergonzoso, pero es por causas disfrutables. Estando en el Elephant Bar, al ladito del enesimo Scottish Museum, he tenido que irme sin acabar mi consumicion, muerto de la risa por culpa de un libro de Woody Allen. Pero a lagrima viva. Lo juro.

La pena es que al lado habia una pareja y la chica era espanola y como se reian pues igual pensaban que era de su conversacion. Para nada. Una historia sobre levitaciones ha tenido la culpa del ataque de risa.

Ayer a la noche, solito en el Bennets, viendo un partido de rugby, me dio por inventar una historia, pero lo deje de lado al final. A Gunness que no se caliente jamas andaba vagabundeando mentalmente, pero al final, topandome con Inig,o un asturiano que curraba en otro bar para sacarse unas pelillas y sacar fotos de la gente, me anime y la olvide.

Empezaba por «Putas y borrachos, putas y borrachos, gritaba al viento mientras abandonaba el bar. Lejos de la mugre y los claroscuros de los 70, la cosa no habia cambiado tanto. La corista del teatro de al lado se habia dejado las pestanas postizas puestas para impresionar a su imbecil. Habria que esperar hasta la paga extra para ponerse las tetas y que el drogota que hablaba el lenguaje de los delfines con sus colegas no le dejara por otra«. Creo que hice bien en dejarlo correr.

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I’m from San Sebastian

Desdecimos a Proberto, que afirmaba segun el libro de las lamentaciones que tocaria descansar al septimo dia. Yo no llego a tanto. Van 48 horas en la capital, y ya tengo las piernas como El platanito tras cruzar el Estrecho 3 veces. O Peor.

Siempre llego a una ciudad pensando en que voy a leer y mirar por la ventana e inspirarme para hacer un disco triple, aun no se si de freno de coche o puramente sonoro. Ahora estoy en un ciber Buchenwald, de esos de 300 ordenadores seguidos rollo super intimo total.

Anoche, que aqui es a partir de las 4 de la tarde, me di varios paseos buscando garitos donde hubiera musica en vivo. Encontre uno tan rarito que ni los dependientes ultrafelices del Fridays (cadena de hamburguesas en cadena) conocian.

Se llamaba The Mills y era un sitio realmente alucinante. Una cava (si, manoukian, una cava!) esculpida en la piedra, aprovechando un viejo edificio. Lo montaba la cerveza Miller, que como todas las birras malas monta cosas interesantes. Creo que es una formula proporcional. Si la birra es buena, no hace falta patrocinar nada, no?

  

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Edimburgo, que frio tienes, leches

Efectivamente, en Edimburgo hay bastantes conexiones a Internet. Hasta en mi Guest House hay una, pero tampoco es plan no salir de la casa, no?

Llegada correcta ayer, con Air Orfidal, un primer vuelo a Londres delicioso y uno segundo a Edimburgo en el que se podian batir claras de huevo a punto de nieve sin mover una pestana. Llegada a la casa, gerentes simpaticos y a ver el Scotland-Argentina en la tele de un pub.

Los escoceses son como los de la Real, que el futbol lo toman como escusa para echar unas pintas. Nosotros nos tomamos unas Guiness deliciosas mientras intentabamos traducir lo que pedian los locales. Nosotros ibamos con la banderita lacunza sobre la cabeza, hablando como a ninos, todo please, one, thank you y guiness.

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¿Guitar heroes? No, gracias

Aclaremos: no hay nada malo en tocar excepcionalmente bien un instrumento. Lo malo es querer dejar constancia de ello todo el tiempo.

Algo que durante, cómo no, los años setenta se convirtió en una obligación. No tenías derecho a llamarte guitarrista si no eras capaz de recorrer el mástil haciendo escalas durante 15 minutos sin fallar ni una sola nota.

Un auténtico coñazo que el punk convirtió en estigma cuando reveló que para tener un grupo no sólo no era necesario ser un figura, sino que ni siquiera hacía falta saber tocar.

El virtuosismo quedó reducido al mundo heavy. Nombres que despertaban un respeto reverencial o un odio infinito como Joe Satriani o Yngwie J. Malmsteen. Sin embargo, ha vuelto. Sky blue sky, el último disco de Wilco, contiene punteos más que emocionantes.

Vía | El País

[Pero yo sí creo en los álbumes conceptuales. No digo que tengan que ser un coñazo new age ni un rollo Pinkfloidiano horrible. Digo que es bien chulo hacer un disco o eso alrededor de una idea visible.]